Cuba es más que pelota

La IX Liga Nacional masculina de voleibol ya tiene definidos a sus cuatro semifinalistas.  Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Capitalinos y Cienfuegos tendrán que luchar no solo para llevarse el campeonato, sino para robarle el protagonismo al III Clásico Mundial de Béisbol

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Mientras Cuba toda y una buena parte del orbe posan sus ojos en el ya inminente III Clásico Mundial de Béisbol, la IX Liga Nacional masculina de voleibol ya tiene definidos a sus cuatro semifinalistas, elencos que al parecer tendrán que luchar bien duro no solo para llevarse el campeonato, sino para robarle el protagonismo al mayor espectáculo de las bolas y los strikes.

En efecto, la semifinal y final del show cubano de la malla alta tienen fecha definida, y serán, como deben suponer, en pleno mes de marzo.

Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Capitalinos y Cienfuegos se ganaron el ¿privilegio?, en un deporte que año tras año desata pasiones, eriza los pelos y hasta revienta no pocos miocardios en el plano internacional, con una Liga Mundial siempre henchida merced a la presencia del mayor archipiélago antillano. Irónico, ¿verdad?

Siempre me he preguntado por qué no se desborda la Sala Polivalente Ramón Fonst con Capitalinos y Ciego de Ávila —los dos mejores equipos del básquet cubano—, por qué los torneos Playa Girón de boxeo ya no destapan las mismas emociones, por qué la Copa Marcelo Salado de natación no se baña con la alegría de más público. Claro que no todo es cuestión de calendario.

Justo ahora me viene a la mente la cara de mi buen amigo Chicho cuando gritaba en esas tertulias improvisadas de bachilleres imberbes: «Cuba es más que pelota, y si queremos imponer respeto afuera, primero tenemos que respetarnos nosotros aquí dentro».

De sobra sé cuál es nuestro pasatiempo nacional, de sobra sé que en este terruño respiramos el polvo del diamante y hasta se llega a comer hierba si caemos en el jardín izquierdo después de una bola mal fildeada. Somos peloteros de nacimiento, bateadores, bullangueros, revoltosos, calientes en cada discusión que entrañe una bola o algún swing —incluso en las que no tienen que ver con el béisbol—, pero sobre todo, amantes del deporte. No por gusto nos hierve la sangre de la impotencia tras un decimosexto puesto olímpico, del que cientos de naciones se enorgullecerían.

Por ello resulta imprescindible que le pongamos más que deseos a esas justas que permanecen a la sombra de la pelota, a la espera de un milagro que replete el graderío, cuando lo único que necesitan son estrategias adecuadas en el momento preciso.

Le falta sazón y cerebro a la Liga Superior de Baloncesto, al balonmano, a la natación, al atletismo, y nos sobra deseos y calidad humana. Sazón, porque todavía podemos aportar más en pos del espectáculo. Cerebro, porque la apatía de los aficionados para con las principales justas del patio no es cosa del destino ni siquiera de presupuesto, sino de creatividad e implementación.

¿Cuál es la fórmula exacta? Creo que resta hacerla. Pensar no puede ser lujo.

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