Sacando cuentas

El manager Víctor Mesa esperó hasta el último minuto para anunciar al zurdo Wilber Pérez como abridor del duelo con Japón

Autor:

Raiko Martín

FUKUOKA.- El manager Víctor Mesa prefirió esperar hasta el último minuto para anunciar al zurdo Wilber Pérez como abridor del duelo con Japón, cuyo desenlace dejó definido el ordenamiento de los clasificados por el grupo A hacia la siguiente ronda del presente Clásico Mundial de Béisbol.

Resultaba algo lógico que la decisión se inclinara hacia uno de los zurdos que aún no habían tenido acción en el torneo, teniendo en cuenta la buena cantidad de bateadores nipones de esa mano. De cualquier forma, es altamente probable que ambos equipos vuelvan a cruzar armas en la segunda ronda, y seguro se guardaron algunas para la ocasión.

Ya con la clasificación asegurada, Víctor dilató su elección en la medida que le permitieron las reglas del torneo. Tal vez, más para mantener en la incertidumbre al rival que por aguardar los últimos resultados de la otra llave asiática, que bajó su telón en Taipéi de China con noticias poco esperadas.

Allí, el equipo de Corea del Sur, subcampeón de la pasada edición del certamen, se despidió de la cita a la cual había llegado como uno de los favoritos para superar el primer tramo. Definitivamente, el sorpresivo tropiezo frente a Holanda le costó, y muy caro.

Los acontecimientos en el segmento B se decantaron calculadora en mano. La combinación de desenlaces previos condicionaron el terreno para que así sucediera durante una fecha final, a la que los sudcoreanos llegaron como los más desfavorecidos.

A primera hora, Holanda hizo todo lo necesario para montarse en el tren hacia Tokio. El derecho Robbie Coderman mantuvo en un puño a la batería del equipo australiano durante cinco capítulos completos, en los que apenas permitió tres imparables y repartió similar cifra de ponches.

Mientras, sus compañeros comenzaron bien temprano el ataque para asegurar el triunfo por 4-1 que les salvaría de un pronto regreso a casa. Ya tenían ventaja de una los tulipanes en el segundo episodio, cuando Jonathan Schoops redondeó el racimo definitivo de tres anotaciones con un cuadrangular de línea por el jardín izquierdo.

Más fácil se planteaba la tarea para el elenco anfitrión, hasta ese momento invicto en dos salidas. Apenas tenía que evitar una derrota por más de cinco anotaciones para sobrevivir, pero salió a certificar sus pasajes por la vía más corta. Seis outs les faltaban para cumplir el objetivo cuando el jonrón del sudcoreano Jungho Kang le dio la vuelta a un marcador, pero al final el 3-2 fue insuficiente para cambiar la historia.

Después de este resultado, holandeses, sudcoreanos y anfitriones  cerraron sus presentaciones con balance de dos triunfos y un revés. Mas el sistema de desempate que aparece en el reglamento, basado en una desacostumbrada fórmula, beneficia al de mejores cifras en un coeficiente bautizado como TQB (Team Quality Balance, por sus siglas en inglés).

Para calcularlo se toman las carreras anotadas por un equipo y se dividen por los innings jugados a la ofensiva. A ese resultado se le resta la cifra que arroja la división de las carreras permitidas entre las entradas jugadas a la defensa. Complicadito ¿verdad?

Así, la aritmética terminó por pasarles la cuenta a los muchachos de Corea del Sur, quienes verán ahora desde casa quienes ocupan su lugar en el podio. Sin dudas, el equipo estuvo algo lejos de sus versiones anteriores, en las que se presentaron con una respetable ofensiva de tacto y poder –ahora solo anotaron nueve veces-, y un staff de pitcheo difícil de descifrar.

Para romper el empate en la cima del grupo las cosas resultaron mucho más sencillas. Las reglas dicen que el privilegio correspondería al equipo vencedor del duelo particular entre los implicados, y en este caso los locales merecieron los mayores honores.

La cruz China

El equipo de Brasil, que plantó cara a los “grandes” del grupo A, terminó encallando en el último puesto de la llave al ceder por 2-5 ante la representación de la República Popular China en el duelo con el que ambos equipos se despidieron del torneo.

Los dirigidos por Barry Larkin se merecían una mejor suerte, pero el descontrol de sus lanzadores en las postrimerías del choque terminó por pasarle factura. Resultó casi surrealista ver como ninguno de los que salieron en rescate del perdedor Murilo Gouvea podía encontrar la zona de strike en ese fatídico octavo episodio.

Cinco boletos, un pelotazo y un imparable fueron suficientes para que los chinos, apaleados por Cuba en su presentación anterior, remataran al entusiasta elenco sudamericano, que a pesar de la gris imagen de despedida, puede dar mucho de que hablar en un futuro no muy lejano.

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