Con las manos vacías

La selección universitaria estadounidense ganó por quinta vez y reafirmó la calidad que vino demostrando durante toda la serie

Autor:

Raiko Martín

DURHAM, Carolina del Norte.— Con el pulso perdido, solo quedaba el honor en juego. Apenas una bala había para salvarlo, pero esta se quedó atorada en la recámara, porque la selección universitaria estadounidense reafirmó lo que vino demostrando durante toda la serie. Es un grupo muy bien pensado y armado, y desde esa perspectiva, fue otra vez implacable para barrer con un elenco cubano que durante el periplo pagó todas sus carencias.

La imagen final, exhibida en el acogedor estadio Durham Bulls de esta ciudad, pudo ser mejor. Porque más allá del largo cuadrangular de Lázaro Herrera que maquilló el pizarrón con un 5-3 en apariencias peleado, los constantes e increíbles deslices, propios de categorías más bajas que las colegiales, aparecieron por todos lados.

Ya con la inesperada barrida a tiro, el mánager estadounidense no apuntó hacia otro lado. Volvió a darle la pelota al zurdo Carlos Rodon, y este fue profeta en la tierra que le ha visto crecer hasta convertirse en una de las presas más preciadas para los scouts que han acompañado esta gira.

Con velocidad de espanto y control certero de todo su repertorio, dibujó durante siete capítulos otra actuación de ensueño: le faltó solo uno para redondear la docena de ponches y no regaló boletos. Rara vez vio una conexión rival superar los límites del cuadro. En fin, un yugo para los bates cubanos.

Para no ser menos, sus compañeros se habían soltado a batear como nunca —sumaron diez imparables—, y rayaron la pizarra en el mismo primer episodio frente al avileño Vladimir García. A partir del segundo, el castigado fue el sureño Noelvis Entenza, y detrás tampoco pudieron escapar ilesos los villaclareños Diosdani Castillo y Freddy Asiel Álvarez. El pinero Raciel Iglesias cerró el grifo, pero el daño era ya irreparable.

Con desventaja de cinco, llegó Herrera como emergente y su vuelacercas con dos hombres a bordo fue un ligero soplo de aliento que terminó desvaneciéndose entre la notable calidad de los cerradores norteños.

Así, sin más remedio que quitarse el sombrero ante la superioridad de los jóvenes peloteros anfitriones, concluyó este tope de cinco partidos que merece un análisis más sosegado. Por lo pronto, la sensación de deuda es una carga demasiado pesada, pero con ella habrá que regresar a casa.

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