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De todo un poco

Leinier se enfrentará con el estadounidense Alexander Onischuk. Lázaro Bruzón tendrá que sortear no pocos obstáculos

Autor:

Abdul Nasser Thabet

No por estar a la sombra de la cita cumbre del deporte rey, la Copa Mundial de Ajedrez deja de acaparar titulares. Este lunes acaeció su segunda ronda y pasó de todo, lo que esperábamos y lo que no, muestra fehaciente de que entre trebejos los pronósticos son tan inestables como un matrimonio mal llevado.

Tres cubanos en disputa en plena ciudad de Tromso, Noruega, un resultado cantado y otros dos más desconcertantes que procesables. Leinier Domínguez (2757 puntos Elo) venía de destrozar el domingo al egipcio Essam El Gindy (2487), haciendo gala de su puesto 12 en el escalafón de la FIDE y su condición de décimo mejor anclado en el listado de la justa. Este lunes fue más de lo mismo. Treinta y dos movimientos de una Defensa Siciliana, variante Kalashnikov, vistiendo el blanco y ¡pum!, sentenciado el marcador global (2-0) y cupo en la ronda de 64 aspirantes.

Ahí se cruzará con el estadounidense Alexander Onischuk (2667), victimario del venezolano Eduardo Iturrizaga (2660), con pizarra de 1,5-0,5.

Mientras, Isam Ortiz (2609) enmarañaba todos los vaticinios al concretar su avance a costa de una «Dama de Hierro». Nuestro muchacho acuñó su proeza pulseando con piezas negras ante la legendaria Judit Polgar (2696), quien no pasó de un empate durante la segunda fecha después de 87 lances de una Siciliana, variante Najdorf. El abrazo se combinó con su triunfo dominical frente a la europea para sobrevivir y ahora el galo Maxime Vachier-Lagrave (2719) será su rival de turno.

La otra sorpresa, aunque negativa, salió del cotejo del tunero Lázaro Bruzón (2698), quien solo ha rubricado dos armisticios mirando al ruso Evgeniy Najer (2626). Su última batalla le reservó un estrechón de manos tras 23 lances de una apertura española, por lo que hoy tendrá que sortear dos partidas a 25 minutos, y de ser necesario, un par de diez. Si continúa el empate, pensará un cotejo en el que el dueño de los trebejos claros contará con cinco minutos y el de los negros verá correr cuatro, resultando vencedor el bando oscuro en caso de igualdad.

Si ve la luz, saldrá a una pugna harto complicada frente al azerí Teimour Radjabov (2733), quien casi seguro debe sepultar al peruano Jorge Cori (2569)… o no, quién sabe.

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