Tormentoso «invierno» en el Caribe

Las principales ligas de béisbol en el área caribeña transitan por tiempos turbulentos debido a algunos «caprichos» de las Grandes Ligas estadounidenses que amenazan su continuidad

Autor:

Raiko Martín

Tal y como van las cosas, parece que la incertidumbre se extiende como una plaga por el béisbol caribeño. Después de varias semanas de silencio, este viernes se develó el misterio que envolvía la fecha de inicio de la 53 Serie Nacional del pasatiempo nacional cubano.

Al fin se oficializó que la campaña arrancará el venidero 3 de noviembre  y tendrá un receso entre el 30 de enero y el 10 de febrero, aun cuando el ingreso de Cuba como miembro pleno de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC) y la participación de su equipo campeón en la próxima Serie del Caribe es, hasta ahora, una incógnita difícil de despejar.

La dirigencia de la CBPC jamás sospechó que la voluntad de reintegrar a Cuba podía complicar aun más unas relaciones con las Grandes Ligas (Major League Baseball, MBL por sus siglas en inglés) estadounidenses, que siempre han sido lo más parecido a las establecidas por las metrópolis con sus colonias de antaño.

Hoy, debido a la política de bloqueo económico contra Cuba ejercida desde la Casa Blanca, tal decisión descansa en la voluntad del Gobierno de Estados Unidos que, ante situaciones similares, ha puesto por delante sus intransigentes exigencias para dar el visto bueno.

No obstante, llama la atención que entre el anuncio de la reincorporación cubana y la exigencia de cancelación del acuerdo entre la CBPC y la Federación Cubana llegadas desde la vicepresidencia de Operaciones Internacionales de la MBL, mediara casi un mes de silencio. Y que la amenazante misiva del la señorita Kim Ng, responsable de los intereses de la Gran Carpa fuera del territorio estadounidense, se filtraran poco antes de comenzar las negociaciones de un nuevo Acuerdo Invernal, documento que regula la participación de los jugadores caribeños bajo contrato con la MBL en las ligas profesionales de sus respectivos países.

Por eso el dilatado anuncio del inicio de la temporada del béisbol cubano, incluso su reinserción en la Serie del Caribe, aparece ahora como una ligera ráfaga de viento entre la tormenta que agita a las ligas que conforman la CBPC.

En ascuas

Los torneos profesionales en el Caribe comienzan habitualmente a partir de octubre, y aunque nadie pueda asegurar ahora que eso sea posible, este sábado comenzó a verse la luz al final del túnel.

Hace una semana el dominicano Juan Francisco Puello, presidente de la CBPC, anunció que habían llegado a un entendimiento con MLB. No obstante, las variaciones incluidas en el borrador hicieron que, por primera vez, la Asociación de Jugadores se involucrara en la negociación. La víspera, Puello declaró que «nos dieron autorización para negociar con jugadores de Ligas Menores, hasta que el sindicato y MLB pacten algunos puntos. Solo después de eso, podremos anunciar los acápites del nuevo Acuerdo Invernal».

Según ha trascendido, las bases son muy parecidas a sus versiones precedentes en cuanto a la cláusula de «Fatiga Extrema», el controversial acápite con que la MBL fija sus intereses por encima de los de las Ligas del Caribe, e incluso sobre el de los propios jugadores.

Pero no conformes, los directivos de la Gran Carpa han dado una vuelta más de tuerca. Ahora exigen la potestad para que cada uno de sus 30 equipos pueda bloquear la participación en el béisbol invernal de cuatro jugadores, aun cuando estos no cumplan con los términos establecidos en la limitadora cláusula.

«Ese es el único punto que nos frena. Si quitan eso, nosotros estamos listos. En caso de que la MBL insista en su propuesta, no quedará otra que negociar. Al menos intentaremos bajar eso a un jugador por equipo para que sean 30 afectados y no 120 los afectados. Es un daño igual, pero es el menos grave», expresó recientemente Oscar Prieto Párraga, presidente de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional.

La situación ha puesto en alerta a los dirigentes de las ligas, quienes intentan cerrar filas ante lo que a todas luces pudiera ser un tiro de gracia al béisbol caribeño. Casi todos se sienten optimistas, aunque desde el seno de sus respectivas organizaciones son cada vez más las voces disonantes, a sabiendas de que están en juego muchos millones si se da una cancelación.

Una de ellas ha sido la de Luis Ávila, presidente de los Leones de Caracas, para quien «puede que se llegue a un acuerdo, pero tal y como lo plantea MBL es imposible firmar. Son condiciones inaceptables. Pactar con las nuevas exigencias  sería fatal para el futuro del béisbol invernal. Es peor firmar que no hacerlo. No podemos suicidarnos».

La tensión ha llegado hasta tal punto de que en una junta extraordinaria de la CBPC celebrada hace pocos días se llegó a plantear la posibilidad de no firmar el Acuerdo Invernal en tales condiciones. «No podemos permitir que nos traten de esta manera y por eso  tenemos nuestro plan B», dijo Samuel Moscatel, gerente general de Caribes de Anzoátegui, del béisbol venezolano.

Es evidente que el nivel del béisbol caribeño mermaría si los jugadores bajo contrato con MBL no son autorizados a participar, pues entre el 40 y el 80 por ciento de los que animan los diferentes torneos locales, tienen algún tipo de vínculo contractual con el béisbol rentado estadounidense. Mas eso no ha impedido a Omar Canizales, presidente de la Liga mexicana, reiterar que el torneo azteca se celebrará con o sin convenio.

Aun así los entendidos piensan que las alternativas no serán necesarias, pues ambas partes están conscientes de los «daños» que pudiera generar la cancelación de la temporada de béisbol invernal.

Una isla frente al espejo

A Cuba, como nación fundadora de la CPBC y potencia beisbolera, le sobran motivos para integrar la organización y animar con su equipo campeón la Serie del Caribe. Durante mucho tiempo los directivos de la región abogaron por la reinserción, pero llegado el momento han comprobado que para ello no bastan solo las buenas intenciones.

Dar los primeros pasos para la reincorporación, e incluso modificar la cuota de membresía, fueron sólidas muestras de una voluntad para lograrla. Aun cuando el tono inicial y desafiante de la oficina dirigida por la señorita Ng se haya moderado, es evidente que el interés en el asunto de la MBL no es ni remotamente el mismo de su contraparte.

Sin duda, la presencia de Cuba como miembro pleno de la CBPC hubiese sido un verdadero dolor de cabeza para las Grandes Ligas, por el alcance extraterritorial de las leyes estadounidenses, y por los principios que han regido al deporte cubano, y al béisbol como parte del mismo. Y tal vez por eso se aseguraron de que quedara sin efecto lo anunciado a principios de junio en la capital cubana, y que el nuevo convenio con el béisbol caribeño estuviese firmado y vigente —por los próximos cinco años— para cuando el Departamento de Estado responda a la solicitud de la confederación caribeña.

Queda claro que el escenario es muy complicado. En caso de que el Gobierno norteamericano acepte, se tendrían que redactar reglas especiales para que la membresía y la participación cubana no violen las leyes del bloqueo. También la Federación cubana tendría que aceptar cualquier disposición, y eso sería inviable si alguna de estas implicara en un futuro convertir la Serie Nacional en rehén de los intereses de la MBL, como está sucediendo ahora con las Ligas caribeñas.

De momento, las autoridades del béisbol cubano —conscientes de los beneficios que pudiera reportar un retorno a la Serie del Caribe— han preferido la cautela, en espera de los próximos movimientos sobre este enredado tablero.

Los especialistas coinciden en que tendrían que cambiar mucho las condiciones actuales para una solución feliz. Y eso es algo que no se divisa ni en el horizonte, por lo que lo más realista sería esperar que solo se acepte la participación en la Serie del Caribe, y no la reintegración de Cuba como miembro pleno de la CPBC, con todos los deberes y derechos que ello implicaría.

La última palabra aún no está dicha, así que, como diría mi abuelo, habrá que vivir para ver.

¿A quiénes limita la «fatiga extrema»?

El 4 de febrero de 1949 se firmó el primer Winter League Agreement (Acuerdo Invernal), pero no fue hasta el convenio establecido en el año 1998 que la MLB introdujo la polémica cláusula de «fatiga extrema». Desde ese momento, MLB puede impedir a los jugadores caribeños con cualquier vínculo contractual con uno de sus equipos, la participación en las ligas de sus respectivos países en caso de enfermedad, incapacidad física o lesión, o por cumplir con ciertos requisitos de utilización de esos equipos previo a la realización de los torneos invernales.

En su primera versión vetaba a los lanzadores con 180 inning o más de actuación, o que habían tenido 60 apariciones o más en equipos de Grandes Ligas o Ligas Menores durante la temporada previa a la Liga caribeña. También a los jugadores que consuman 520 comparecencias o más al bate, bajo las mismas condiciones.

La cláusula vigente que aparece en la tabla es aun más compleja y específica en sus parámetros.

Nivel Límite
Lanzadores de Grandes Ligas
160 innings
Lanzadores de AAA
160 innings
Lanzadores de AA
155 innings
Lanzadores de Clase -A
155 innings
Lanzadores de Clase A (corta)
75 innings
Lanzadores de Liga de Novatos
70 innings
Apariciones Grandes Ligas 60 juegos
Apariciones desde AAA hasta Clase A
55 juegos
Apariciones desde A (corta) hasta Liga de Novatos
35 juegos
Bateadores de Grandes Ligas 502 comparecencias
Bateadores desde AAA hasta Clase A
550 comparecencias
Bateadores desde A (corta) hasta Liga de Novatos
370 comparecencias
Receptor MLB 600 innings
Receptor de AAA hasta Clase A
700 innings
Receptor de A (corta) hasta Liga de Novatos
550 innings

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