Profilaxis...y praxis

El reglamento de la venidera Serie Nacional del béisbol cubano pudiera emerger con novedosas propuestas que intentarían mejorar la calidad del espectáculo

Autor:

Juventud Rebelde

En los tiempos que corren la información «vuela». Y ante la avidez de los aficionados por información relacionada con el béisbol cubano y su venidera Serie Nacional, una propuesta de reglamento para la inminente campaña se esparció por el ciberespacio a la velocidad de un clic, para instalarse en buzones de correo electrónico y sitios digitales diversos.

La intención de los organizadores de la próxima campaña beisbolera, según explicaron a JR cuando buscamos confirmar la autenticidad del documento, fue hacer llegar a todas las comisiones provinciales una propuesta para ser analizada y discutida antes de tomar las decisiones finales.

Filtraciones aparte —por la misma vía se conoció el calendario que solo se hará oficial el día del congresillo técnico—, habría que aplaudir el propósito de escuchar la mayor cantidad de criterios, sobre todo el de los implicados en el tema, y por esa vía llegar a justas soluciones.

Ahora bien, el documento en cuestión es muy parecido a su predecesor, pues la estructura del campeonato se repite, con 45 juegos para cada equipo en una primera fase.

Lo más llamativo radicaría en la definición de ciertos aspectos. Por ejemplo, el tema de la unificación de los horarios de juego, se fija a las 7:00 p.m. —15 minutos más tarde en el caso de ser transmitidos por televisión— el inicio de los partidos nocturnos. De tal forma, se favorece mucho la posibilidad de que una mayor cantidad de aficionados pueda asistir a los estadios para presenciar y ser parte del espectáculo.

También hace énfasis en la obligatoriedad de anunciar con un día de antelación los lanzadores abridores para cada desafío, pero en cambio, nada se menciona en el capítulo dedicado al arbitraje sobre el tema del uso de las repeticiones de video para decidir las jugadas más cerradas.

Esto pudiera tener una doble lectura: o bien se pretende postergar la introducción de la tecnología para apoyar las decisiones arbitrales, o el asunto aún se encuentra en fase de análisis y sus conclusiones pudieran aparecer en la versión final del reglamento.

Otros aspectos destacables están relacionados con el cuidado de la disciplina tanto dentro como fuera del terreno.

En ese acápite radican cuestiones esenciales para garantizar la armonía, y en su cumplimiento descansaría parte de las herramientas necesarias para minimizar ciertos fenómenos vistos en recientes campañas.

Dice textualmente la propuesta —y nótense las mayúsculas— «el jugador que ante una decisión de ponche, out u otra similar, exprese irritación y tire de forma descompuesta el bate o el casco, inmediatamente será EXPULSADO, TENIENDO COMO SANCIÓN NO ACTUAR EN EL PRÓXIMO…».

También entre las orientaciones a los árbitros, recogidas en el documento, aparece que «cualquier atleta o miembro del equipo que agreda con cualquier implemento en las manos, será expulsado definitivamente de la competencia». Y aquí se impone una revisión de la letra, pues la agresión, con o sin implemento, no debiera ser tolerada.

Pero sin dudas, lo más novedoso que aparece dentro del posible nuevo reglamento resulta la propuesta de que «las indisciplinas graves cometidas dentro y fuera del terreno serán analizadas y podrán ser multadas con un monto de 200 CUP».

En este caso, no se puede perder de vista que cualquier medida disciplinaria que se tome debiera tener un carácter educativo y criterio formativo, aspectos señalados en ambos reglamentos. Pero a tenor con las justas políticas adoptadas para perfeccionar los mecanismos de remuneración de los atletas cubanos —también fijada en la propuesta de reglamento—, no parecería descabellado explorar todas las variantes que puedan frenar un poco la falta de cordura emergida en los últimos tiempos sobre los diamantes cubanos.

No obstante, la posible aprobación de la nueva medida requerirá de un estudio más profundo, pues se corre el riesgo de meter todas las indisciplinas «en el mismo saco», y a sus protagonistas también, sin tener en cuenta la diversidad de responsabilidades. Y aunque el acápite se refiere solo a las graves, entre estas también existirán diferencias que requieran mayor o menor rigurosidad, de acuerdo con su envergadura.

Asumiendo que se trata de una versión inicial, revisable y perfectible, las modificaciones parecen un buen comienzo. Pero en su correcta interpretación y en el rigor de su aplicación radica cualquier posibilidad de éxito. Eso sería ganar en institucionalidad, algo que a nuestra pelota le hace mucha falta.

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