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De Isla a Isla, un mar de pasión

Desde el mismo avión que trasladó al equipo de Villa Clara que participará en la Serie del Caribe de béisbol, la tripulación venezolana hizo sentir con fuerza las enormes expectativas que ha generado el regreso de Cuba a estas lides

Autor:

Raiko Martín

PORLAMAR, ISLA MARGARITA.— Después de casi tres horas de vuelo, el avión que trasladó al equipo de Villa Clara tocó tierra en esta ciudad, sede desde hoy de la 56 edición de la Serie del Caribe de béisbol. Y desde la misma aeronave, la tripulación venezolana nos hizo sentir con más fuerza las enormes expectativas que ha generado el regreso de Cuba a estas lides.

Luego, el recibimiento a la delegación realzó la sensación de que todos estaremos siendo testigos de un hecho excepcional. En las instalaciones de la Casa de la Cultura Pueblo La Mar, Ramón Velázquez Brito, el emotivo acto de bienvenida estremeció a más de uno. Encabezados por Víctor Gaute, jefe de las Misiones Cubanas en Venezuela, y Osvaldo Vento, máximo responsable de la Misión Deportiva en este país, cientos de colaboradores en la salud y el deporte hicieron sentir a nuestros peloteros el enorme compromiso que significa representar, más que a la provincia de origen, a toda una nación.

Así, la frase de que «… jugaremos con las letras de Villa Clara en el pecho, pero con el escudo de Cuba en el corazón» dicha por el mánager Ramón Moré hace unos días, es ya toda una certeza, afianzada por el cariño de todos los compatriotas que aquí corearon el nombre de los peloteros o tuvieron el placer de su compañía en una foto que, desde ahora, guardarán como un tesoro invaluable.

Apenas sin darnos cuenta, Cuba se había apoderado de esta bella porción de tierra, cuyos habitantes ya nos desean una final contra sus Navegantes del Magallanes que, según las últimas informaciones consultadas en la sede, logró retener a muchas de sus principales figuras para disputar el torneo.

Desafiando el oleaje

El camino recorrido ha sido largo y muy difícil. No ha faltado en él la incertidumbre y los desencuentros. Fueron más de cinco décadas de distanciamientos, mas todo eso es ya historia, porque el béisbol cubano regresa al lugar que le corresponde en la Serie del Caribe, un torneo cuyo nacimiento lleva nuestra impronta y que con la ausencia de la Mayor de las Antillas fue perdiendo gas hasta rozar los límites de la extinción.

Llega Cuba a la 56 edición de la mano del equipo de Villa Clara, vigente monarca de la Serie Nacional y uno de los «grandes» de la pelota en la Isla. Todos en la región tendrán posados sus ojos en el estado de Nueva Esparta, de esta turística ciudad, donde media hora antes de las 8:00 p.m. en la geografía cubana de seguro se hará notar la gran expectación. Justo en esos instantes, la tropa azucarera estará debutando en el certamen caribeño frente a los Naranjeros de Hermosillo, el equipo más sobresaliente en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico y su más reciente rey, luego de vencer en el último partido de una serie al mejor en siete juegos frente a los Mayos de Navajoa.

Precisamente en tierras aztecas descansa la última corona de la Serie del Caribe, ganada el pasado año por los Yaquis de Ciudad Obregón, por coincidencia, en la ciudad de Hermosillo.

Los Naranjeros llegan a defender ese cetro con apenas la mitad de los integrantes de su roster ganador, por lo que el mánager, Matías Carrillo, ha tenido que llamar a filas a algunos experimentados jugadores para tapar notables ausencias.

Según los especialistas en el béisbol mexicano, las salidas de los estelares lanzadores Fernando Salas y Barry Enrigth debilitan el staff de abridores, al que se le exigió el máximo durante la reciente final del torneo doméstico.

De tal forma, la incorporación de Alfredo Aceves y Oliver Pérez, ambos con suficiente experiencia en las Grandes Ligas de Estados Unidos y participantes en el III Clásico Mundial, vienen a darle cierto respiro al timonel azteca. También participaron en ese certamen el receptor Sebastián Valle y el jugador de cuadro Gil Velázquez, llamados a filas para apuntalar la representación mexicana.

Quienes han seguido de cerca al equipo reconocen como sus principales fortalezas la calidad de sus lanzadores relevistas —el bigleaguer Denny Reyes es junto a Oliver la referencia— y el balance de la posible alineación, pero temen por el posible agotamiento de la rotación abridora, valoran como discreta sus posibilidades ofensivas y les preocupa la poca velocidad de sus integrantes.

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