Garabato de supervivencia - Deporte

Garabato de supervivencia

El triunfo de la selección cubana sobre los Indios de Mayagüez lleva cincelado el nombre del diestro camagüeyano Vicyohandri Odelín, quien impresionó a todos por su extraordinario desempeño

Autor:

Raiko Martín

ISLA MARGARITA, Venezuela.— Confesó Ramón Moré luego de sellada la cerrada victoria por 2-1 sobre los Indios de Mayagüez boricuas, que no le había dicho nada especial a sus muchachos. «Solo hicimos un mitin de conciencia», dijo el director villaclareño con una felicidad esculpida en el rostro gracias al primer triunfo cubano en la presente Serie del Caribe, con sede en esta bella isla venezolana.

Yo apenas alcanzo a imaginar lo que dijo el timonel a su dotación, pero lo cierto es que sobre el diamante del estadio Nueva Esparta se plantó un equipo muy distinto a sus tres versiones precedentes. Los mismos hombres, pero con otra actitud y menos nervios. O lo que es lo mismo, capaces esta vez de maquillar sus carencias. Y eso, combinado con la nefasta defensa de la «Tribu», nos dio motivos para extender un poco más el sueño.

Sin dejar de reconocer que la celebración es el fruto de una obra colectiva, este triunfo lleva cincelado el nombre de Vicyohandri Odelín. La actuación del diestro camagüeyano generó las más diversas reacciones de asombro entre quienes reportamos lo que aquí sucede. Primero entre los reporteros llegados de la Mayor de las Antillas, conocedores de las funciones de relevista que asumiría el agramontino. Después la de todos, impresionados por un desempeño extraordinario que de momento sirve de bálsamo sobre las recientes heridas.

«Ustedes saben que su inclusión como refuerzo fue una de las decisiones más polémicas cuando fue anunciada, pero él se acercó a nosotros y pidió la pelota. Le comenté que yo lo había llamado para cumplir otras funciones, pero que ante esa disposición y teniendo en cuenta lo que había pasado anteriormente con los abridores, le di toda mi confianza para abrir el juego. Definitivamente fue una actuación magnífica», sentenció Moré.

Otro puñado de adjetivos, más o menos superlativos, servirían para definir el desempeño del Viyo, aun cuando el arranque no fue el mejor y el fantasma de los fracasos precedentes comenzaba a revolotear sobre el recinto. El experimentado tirador sacó los dos primeros outs del juego, pero Eddie Rosario le conectó una línea tan larga que terminó rebotando en el nuevo graderío del jardín derecho. Acto seguido, el cuarto bate Ramón Castro lo castigó con doble a la pradera izquierda. Pero hasta ahí las clases.

«Me equivoqué con el jonrón. Se me quedó un poco alto un cambio de bola, y él aprovechó el lanzamiento parta conectar un buen batazo», aclaró a la prensa Vicyohandri, con esa tranquilidad pasmosa que lo caracteriza.

Lo que siguió fue una impecable joya de pitcheo, moldeada con exquisita maestría con su «garabato», una especie de lanzamiento a veces tan indescifrable como indefinible. Y con su arma más potente, la misma con la que dominó también a su antojo al equipo de Puerto Rico en el primer Clásico Mundial, eslabonó una impresionante cadena de ceros hasta llegar al séptimo episodio.

«Le pregunté cómo se sentía y me dijo que muy bien, que podía seguir. Volvimos a confiar en él y le dejamos continuar», comentó Moré, satisfecho con la elección y los inmaculados innings que le sucedieron.

En otro contexto, la decisión de ir en contra de los cánones del béisbol moderno hubiese parecido un verdadero disparate, pero las circunstancias en la que se ha presentado el staff cubano aportan el beneficio de la duda. Hay que reconocer que en este partido se jugaron bien las cartas, sustituyendo a Borrero como corredor cuando era necesario y reforzando la defensa en el momento justo. El fildeo de Andy Sarduy —sustituto de Fernández en la intermedia— para el penúltimo out del juego hizo suspirar a todo un pueblo.

En la otra trinchera el curtido Joel Piñeiro fue un digno oponente que terminó siendo víctima de las tres costosas pifias de sus escuderos. Consiguió espaciar los ocho imparables cubanos, pero en el primer capítulo, la pifia del jardinero izquierdo Daniel Ortiz propició la anotación de Yuniet Flores, de regreso a la alineación, mejorado de las molestias en uno de sus dedos. Luego, en la séptima entrada, los errores del camarero Rey Navarro y el antesalista Irvin Falú terminaron por definir su derrota.

Con ese desenlace, el equipo cubano cerró su incursión en el primer tramo del torneo, y sus posibilidades de avanzar dependen de una combinación de resultados por ver. Un triunfo de los Tigres del Licey —al cierre, su duelo con los anfitriones Navegantes del Magallanes estaba detenido por la lluvia— en sus restantes desafíos, y una derrota hoy del elenco boricua ante los locales, atizaría nuestras esperanzas. Entonces, solo queda esperar.

Resultado del martes

Nueva Esparta
C H E
Puerto Rico
1 0 0 0 0 0 0 0 0 1 2 3
Cuba 1 0 0 0 0 0 0 1 - 2 8 0
Ganó: V. Odelín (1-0) Perdió: J. Piñeiro (0-1) HR: E. Rosario

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