La deuda está saldada

Luego de varios años de vicisitudes, la sala Rafael Valdés Daussá vuelve a estar reluciente

Autor:

Osniel Velazco Hernández

El público estaba enardecido. Los jóvenes apoyaban con delirio a sus quintetos. Sobre la grama, estudiantes estadounidenses del programa Semestre en el Mar, que recientemente visitó Cuba, y de la Universidad de La Habana, brindaban un excelente juego de baloncesto. Era primero de diciembre de 2014 y las gradas de la sala Rafael Valdés Daussá volvían a retumbar, tras un largo tiempo en el olvido.

Después de un extenso proceso de restauración del emblemático local, la visita de los estudiantes norteños fue el momento escogido para la reapertura del tabloncillo. «Se hizo un gran esfuerzo por tenerlo listo para la ocasión, y los jóvenes de ambos países “encendieron” las gradas como hacía mucho que no sucedía», declaró Mayra Zaldívar Cutiño, directora del Estadio Universitario Juan Abrantes, al cual pertenece la sala.

Los estudiantes celebraron dos trepidantes choques donde triunfó la amistad, y la rivalidad deportiva se olvidó por momentos; aunque los cubanos sacaron ventaja en el pizarrón.

Aplacada la euforia por las victorias, Johannes Villavicencio, profesor de baloncesto y director técnico de las escuadras cubanas en el juego amistoso, expresó: «Esta reparación nos vino de maravillas para las clases y la preparación de los equipos».

Aunque hoy luce sus mejores galas, este tabloncillo navegó contra la corriente durante mucho tiempo. Estaba en explotación, a pesar de que tenía malas condiciones y algunas tablas rotas o sueltas. Pero así, representaba un peligro para los practicantes de cualquier deporte.

Además de los problemas con la superficie de juego, el profesor Villavicencio añadió que no estaban marcadas las medidas aprobadas recientemente por la Federación Internacional de Basquetbol (FIBA) y que el techo tenía filtraciones, deterioro lógico para un inmueble con tantos años de explotación.

Un poco de historia

Hablar sobre el transcurrir del tiempo en esta instalación hubiese sido imposible sin encontrar a Jesús Alemán, quien trabaja en el recinto desde 1969 y es el jefe de la comisión de Historia del Estadio Universitario, conocido popularmente como Seder.

Fachada de la instalación de Zapata y Carlos Aguirre. Foto: Osniel Velazco Hernández.

Alemán no puede dar una fecha exacta para el comienzo de su construcción, ni para la inauguración de este complejo, pero él posee fotos del año 1934, en las que se observan los cimientos, y un poco más, ya levantados. Estima que la construcción estuviera terminada en los finales de 1940, pues en agosto de ese mismo año muere Ramiro Valdés Daussá y la instalación abrió con su nombre.

La construcción la asumió el Ministerio de Obras Públicas y en los primeros años se destinó exclusivamente para celebrar partidos de baloncesto. No fue hasta el triunfo de la Revolución que comenzaron a practicarse otros deportes.

Un amante de la actividad del músculo, el Doctor Clemente Inclán Costa, entonces emblemático rector de la Universidad de La Habana (UH), fue quien presidió su apertura.

«El tabloncillo ahora tiene tres tipos de maderas preciosas», dice Jesús, y tras auxiliarse en Tomás Consuegra, otro de los más experimentados, las nombran: júcaro, cedro y ácana, todas famosas por su calidad y resistencia al tiempo.

Entre los grandes acontecimientos aquí celebrados, Alemán recuerda —entre otros— las competencias de gimnasia durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana 1982 y el tenis de mesa, durante los Juegos Panamericanos de 1991. A su memoria también viene que las espectaculares «Morenas del Caribe» lo usaron como plaza de entrenamiento en varias ocasiones.

Radiografía de una ardua labor

Para Carlos Manuel Pérez Cuevas, principal encargado del proyecto de reparación, esta era una vieja deuda de la UH con sus estudiantes y consigo misma, «porque el deporte también es docencia, y una universidad no son solamente las aulas».

Carlos M. Pérez, principal encargado de la inversión. Foto: Osniel Velazco Hernández.

El también director general de la Unidad de Aseguramiento y Mantenimientode de la UH nos cuenta algunos pormenores de la obra. «La reparación de la instalación comenzó desde hace cinco años y se dividió en tres etapas. La primera y más compleja, fue retirar la antigua cubierta y el techado posterior con duraderas planchas de aluminio», explicó.

Fue esta una tarea titánica llevada a cabo por la Empresa de Desmontaje y Construcción (Edescons) del Ministerio de la Agricultura. La nueva cubierta fue suministrada en 2011 por Almacenes Universales y la operación en general tuvo un costo de 53 mil pesos en CUC.

Durante la segunda fase, comenzada en 2012, se cambiaron los dañados ventanales de madera por carpintería de aluminio de muy buena calidad, construida por la Empresa Aludem. Las acciones también comprendieron la reparación de toda la fachada, por tanto demoró más de un año.

Ya en el presente 2014, se le dio un arduo mantenimiento —incluida la pintura— a todas las estructuras metálicas del Valdés Daussá. Se montó el sistema de iluminación, se reparó el tabloncillo y se pintó. También se arreglaron los baños de la sala.

Construir una superficie de juego totalmente nueva necesitaría la utilización de cerca de 60 metros cúbicos de madera. Carlos Manuel Pérez asegura que el mantenimiento general se hizo con solo tres metros, y de ellos se usó una pequeña parte en la reparación de algunas puertas. El ahorro no acaba ahí, pues la carpintería de la Universidad asumió todas estas labores.

Luego, la empresa de mantenimiento del Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (Inder), lijó la superficie y marcó los límites correspondientes a cada una de las actividades que aquí se pueden realizar.

De la pintura se encargó una brigada de cuentapropistas contratada, quienes también llevaron a cabo las labores de albañilería de la segunda fase, entre otros de los trabajos más complejos.

Durante la última etapa, que solo demoró 23 días, también se pulieron la mayor parte de los pisos del complejo, se pintaron las gradas y se repararon los muros perimetrales, según añadió Mayra Zaldívar, la directora. El costo total de las labores hasta el momento de la reinauguración fue de más de 328 mil CUP, y unos 138 mil CUC.

Añade Carlos Manuel Pérez que, durante los momentos finales, fue vital el rápido suministro de los recursos por parte de Almacenes Universales, quienes atendieron al detalle cada una de sus necesidades.

El montaje del techo y las ventanas nuevas fueron claves, pues de no realizar estas labores, toda la faena en el tabloncillo y los interiores se hubiera malhecho. La humedad y las filtraciones acabarían destruyéndolo rápidamente.

Solo el primer escalón

A pesar de todo lo terminado, aún queda mucho trabajo por hacer en la instalación. Mayra y Carlos Manuel mencionan las tareas pendientes: falta culminar la reparación de las cátedras, reemplazar una parte de la carpintería, pulir el resto de los pisos y necesitan adquirir las taquillas para los guardarropas.

Además, todavía no se dispone de los equipos que lleva el gimnasio universitario, enclavado en la propia sala. Aunque el popular inmueble ya se recuperó, otras acciones están previstas en las aledañas canchas al aire libre.

El pináculo de esta obra será la proyectada colocación de una pizarra electrónica, de conjunto con el rescate de la cabina de audio —incluido el montaje de un sistema sonoro propio—, lo que, sin dudas, contribuirá al espectáculo y al disfrute de los jóvenes amantes al deporte.

Todas las labores realizadas hasta este momento en el Valdés Daussá están comprendidas en un plan de inversiones proyectado para, a mediano plazo, remozar todo el Estadio Universitario, pero ese será tema para otras líneas. Por ahora, la UH tiene ya una deuda saldada con sus estudiantes.

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