Entrando en pasión

Con merecimiento, será el yumurino estadio Victoria de Girón el punto de partida, esta noche, de las emocionantes historias por venir con el inicio de la etapa de Play Off

Autor:

Raiko Martín

Esta noche, de seguro frente a una multitudinaria concurrencia y notable ratting televisivo, echará andar la presente postemporada del béisbol cubano. Con merecimiento, será el yumurino estadio Victoria de Girón el punto de partida de las emocionantes historias por venir, porque más allá de la ausencia de los llamados «grandes» —y el entendible resentimiento al nivel de expectativas que esto conlleva—, el hecho de que los cuatro equipos con mejor desempeño durante la campaña regular se jueguen su destino en un máximo de siete duelos, debe ponerle su pimienta a estos cruces semifinales.

Muchos me han pedido un favorito y dado el emplazamiento, reconozco que un avance de los Piratas de la Isla de la Juventud a la final del campeonato no forma parte de mi agenda. No se trata de ningunear las posibilidades de los pineros y mucho menos sobredimensionar el hecho de que fueron los Cocodrilos los más estables del torneo, algo que les llevó a dominarlo durante más de dos tercios de su recorrido.

Hagamos análisis puntuales. En series como estas, el cuerpo de lanzadores suele marcar las diferencias, y ahora mismo los números apuntalan la superioridad del matancero. Entre Jonder Martínez, Yoanni Yera y Cionel Pérez —al parecer listo para el tramo definitorio— suman las garantías necesarias para dar cierta dosis de tranquilidad al alto mando yumurino. Otro tanto aportarían Adrián Sosa, Ramón Licor o Félix Fuentes desde la segunda línea, en la que los Piratas también son fuertes, con Danny Aguilera y Héctor Manuel Mendoza como puntas de lanza. Pero su efectividad depende de las circunstancias en las que se encaramen en la lomita, o lo que es lo mismo, si hombres como Darién Núñez, Yoalkis Cruz, Luis Manuel Suárez o Ulfrido García hacen sus deberes.

En cuanto a la ofensiva, los números de average colectivo son similares entre ambos elencos, aunque los pineros han carecido de calibre en sus batazos. No obstante, el duelo táctico será fuerte entre dos grupos abocados a depender más de sus alternativas que de la fuerza, en función del triunfo. La tanda matancera, resentida por algunas ausencias desde el principio de la campaña, cuenta con hombres como Gracial, Santoya, Yadiel o Ariel Sánchez, quienes combinan fuerza y tacto, con el plus de ya haber jugado cuatro postemporadas consecutivas.

Del otro lado, la dotación Pirata tiene lo suyo. El incombustible Michel Enríquez volvió a tener otra excelente campaña ofensiva y mantiene esa innata capacidad de asumir responsabilidades en medio de las tensiones que se avecinan. Significativo también pudieran ser las contribuciones de hombres como Luis Felipe Rivera, Rigoberto Gómez o Luis Abel Castro, y a eso habría que sumarle dos refuerzos de notable producción como Jorge Luis Barcelán y Yusniel Ibáñez.

Pero como el béisbol no es una ciencia exacta, cualquier aproximación a la realidad tiene altas probabilidades de quedar despedazada sobre el diamante. A los dos equipos les asiste una motivación especial, pues —al menos con su actual denominación—, ninguno ha acariciado el gran trofeo. Además, estamos hablando de novenas que han hecho de la garra una virtud, y demostrado que los partidos se ganan poniéndole la «bomba» al juego.

Que el pulso comience en el «pantano» da algo de ventaja a los dueños de casa, sobre todo teniendo en cuenta que para lo Filibusteros han sido un verdadero incordio las presentaciones fuera de casa. Sin embargo, eso mismo pensamos muchos cuando le tocó venir al Latinoamericano a reflotar sus opciones, y allí terminaron no solo con las aspiraciones de Industriales —hombre por hombre superior en el papel—, sino que también pasaron la escoba que hizo rodar la corona de los pinareños.

Dice la historia más reciente que los dirigidos por José Luis Rodríguez Pantoja solo pudieron ganar dos de los nueve enfrentamientos con los Cocodrilos, y una de ellas sucedió en el Victoria de Girón. No regresar sin premio a su puerto será el objetivo, posible pese a todo, pues en mi agenda tampoco hay espacio para una barrida.

 

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