Como freír un huevo

En la recién finalizada Copa Mundial por equipos, acaecida en Tsaghkadzor, Armenia, Yuniesky Quesada ganó tres partidas y entabló cinco, para sumarle 19 unidades a su coeficiente y traer a Cuba la medalla de oro en el tercer tablero de la justa

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Yuniesky Quesada tiene la misma parsimonia para dar un jaque mate que para decir que no hizo mucho, cuando en verdad protagonizó lo indecible. Habla del tema como si jugar ajedrez al más alto nivel fuese freír un huevo o llevarle el desayuno a la cama a una novia complacida. «El resultado fue saliendo poco a poco y estoy muy contento por eso», confiesa a su llegada este jueves al Aeropuerto Internacional José Martí, junto al grueso de la armada cubana. Entonces uno lo mira, diciendo para adentro: «No aprietes, que aquello fue una barbaridad», pero él no entiende y riposta con esa mirada de «jugué bien y ya, cuál es el alboroto».

Por suerte para todos, mayor que su modestia fue su actuación en la recién finalizada Copa Mundial por equipos, acaecida en Tsaghkadzor, Armenia, donde ganó tres partidas y entabló cinco, para sumarle 19 unidades a su coeficiente y traer a Cuba la medalla de oro en el tercer tablero de la justa.

Quesada arribó a la Patria, acompañado de gran parte del plantel antillano —Leinier Domínguez se quedó en Rusia para competir en el Campeonato de Clubes de ese país y en la última fase del Grand Prix—, y ve mayo con 2645 puntos Elo (décimo lugar del ranking de América y puesto 124 en el listado del orbe) en su bolsillo.

«Me dio una gran satisfacción vencer al húngaro  Richard Rapport (2710) en la primera ronda. A partir de ahí se acrecentó mi confianza y pude seguir triunfando y jugando buenas partidas frente a hombres de 2700. Sin dudas ha sido uno de los más importantes resultados de mi vida».

Nueva lista, el mismo monstruo

Nuevamente el «monstruo» noruego Magnus Carlsen apareció en la cima del ranking universal de la FIDE, actualizado este jueves y con algunas variaciones interesantes. El imbatible nórdico firma otra vez en el libro de las proezas (2876) y vuelve a amenazar seriamente con destruir la mítica barrera de los 2900, algo solo posible para el «ahijado» de Gari Kasparov.

Por cierto, Carlsen acaba de proclamarse campeón por segunda ocasión consecutiva del Memorial Gashimov, un fortísimo certamen que reunió a diez sesudos del Olimpo ajedrecístico.

En el escalafón publicado por el organismo rector del juego ciencia, Domínguez compiló cinco rayitas y subió a 2734, escalando así del puesto 28 al 24.

En el segundo lugar se instaló el indio Viswanathan Anand (2804), quien al parecer no cree en los años —tiene 45—. Al paso que va a nadie le extrañaría que discutiera el título del orbe por tercera ocasión consecutiva.

Por su parte, con su tercer escaño el bambino Fabiano Caruana (2803) sigue colado en la estratósfera y desde hace tiempo se posiciona como claro favorito a pelear por la corona mundial. En cuarto escaño saca la katana el samurái norteamericano Hikaru Nakamura (2799), seguido del búlgaro Veselin Topalov (2798). Detrás marchan el ruso Alexander Grischuk (2780), el filipino con nacionalidad estadounidense Wesley So (2778), el ruso Vladimir Kramnik (2777), el jovencito holandés Anish Giri (2776) y el armenio Levon Aronian (2776).

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