Los «miuras» y el cerrojo con goleada

Camagüey se deshizo este martes con un 3-0 de Villa Clara, en la última fecha del Campeonato Nacional de Fútbol

Autor:

José Luis López

MINAS.— Excelso tino en el toque al balón, goleada y, por consiguiente, despedida de lujo. Así se me antoja calificar el accionar del monarca Camagüey, que apoyado en las buenas mañas de sus volantes, se deshizo este martes con un 3-0 de Villa Clara, en la última fecha del Campeonato Nacional de Fútbol.

En la cancha del reparto Sebastopol, de este municipio, los alumnos del técnico Julio Valero querían cerrar el año con un sonado triunfo ante sus hinchas. El rival de marras era exigente y vino con todos sus argumentos, pues intentaba acceder al segundo lugar del certamen. Pero el «tridente» ofensivo de Armando Coroneaux, Dagoberto Quesada y Liván Pérez, junto a las llegadas al área del refuerzo Adonis Ramos, resultó (casi) intratable.

Fue un partido de gran ritmo, de continuo «sube  y baja» y mucho tránsito en el medio sector. Pero los locales, guiados por Coroneaux, también abrieron las bandas y el fútbol los premió por lo hecho en este duelo y, ¿por qué no?, por la formidable actuación de toda la temporada.

Los anfitriones abrieron el pizarrón en el minuto 27. Quesada se quedó solo en el «mano a mano» contra el portero Yoandry Pérez, quien le tapó el disparo. Pero se hizo del rebote y puso a guardar la esférica en la red rival.

Luego, en el 55, un garrafal error de la defensa villaclareña fue aprovechado por Coroneaux —hábil cazador que siempre acorrala a su presa en el lugar apropiado— para marcar el segundo gol. Pero los miuras querían más. Y ya con el éxito en la mano, llegó el tercer disparo en el minuto  88. El joven Duxney Espinoza remató fuerte; el arquero Pérez logró desviar la esférica, pero Keyler García se hizo del rebote y clavó el dardo final.

Y no hubo más goles locales por las espectaculares atajadas de Pérez, un verdadero «pulpo» bajo los tres palos.

Los aplausos retumbaban en el graderío y los gritos de ¡Camagüey, campeón! eran ensordecedores. La ocasión lo ameritaba: se recogía el fruto —con cake incluido—, de 37 años de espera. Entonces, nuestras felicidades también para los Miuras.

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