El llamado del fuego - Deporte

El llamado del fuego

La ceremonia inaugural de los XVII Juegos Panamericanos fue, como se preveía, original, exclusiva

Autor:

Norland Rosendo

TORONTO.— Celosamente guardado, el secreto se develó anoche. La ceremonia inaugural de los XVII Juegos Panamericanos fue, como se preveía, original, exclusiva. Un viaje de dos horas y media a través del arte desde lo más auténtico de las culturas ancestrales de esta región hasta el futuro.

El Circo del Sol iluminó la velada con un espectáculo que prendió en los atletas el espíritu de desafiar las adversidades, así como ellos mismos retaron su propia imaginación para concebir el show.

El escenario era una suerte de tortuga cuyo caparazón simbolizaba la bienvenida al mundo, un «aquí cabemos todos». El Rogers Center, sede de la ceremonia, fue un espacio donde se conjugaron armónicamente música, colores, luz, danzas, acrobacias y tecnología. Por él desfilaron los cubanos elegantes y seguros, vestidos de traje y con la bandera flameando en las manos de Mijaín López, nuestro gladiador más glorioso.

El paso de cada una de las 41 delegaciones fue amenizado por ritmos típicos de sus países y luego de saludar a las 45 mil personas que colmaron la instalación, ocuparon asientos en el escenario, muy cerca unos de los otros, como los hermanos que son.

La antorcha, que tradicionalmente llega a este tipo de ceremonias en los momentos finales, lo hizo esta vez casi al inicio, de la mano de los integrantes del relevo 4x100 canadiense, campeón de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Pero antes, el fuego, portado por los corredores de aquella histórica cuarteta, se paseó por Toronto, subió la Torre Nacional de Canadá (CN) —el ícono de esta ciudad—, y de ahí Donovan Bailey, uno de los cuatro dorados de entonces, «se lanzó» en paracaídas hasta el Rogers Center, en lo que los organizadores del espectáculo han calificado como el primer salto oficial desde ese sitio a la altura de las nubes.

Como parte de la mística, el fuego fue uno de los elementos protagonistas del espectáculo. Y al cierre, el anfitrión Steve Nash, quien fuera una de las estrellas del baloncesto internacional, encendió el recipiente que transfirió la llama hasta el pebetero ubicado a los pies de la torre CN.

Después de 40 años al frente de los destinos de la Odepa se extrañó anoche al mexicano, Mario Vázquez Raña, fallecido en febrero pasado, y a quien le rindieron tributo en la ceremonia. Su sucesor, el uruguayo Julio Maglione, le dio la bienvenida a los atletas y los visitantes, y el gobernador general de Canadá, David Johnston, dejó inaugurados los Juegos.

Fueron 625 artistas (569 de ellos de Toronto), en el escenario, el más joven con diez años de edad, el más longevo con 71; 22 semanas de ensayo; 125 minutos de música original compuesta para la ceremonia, 600 voluntarios de protocolo y apoyo, premiados al final con la ovación del público.

El Circo del Sol fue luz anoche. Ahora les toca a los atletas.

Como se esperaba, el espectáculo fue de altos quilates. Foto: Roberto Morejón, especial para JR

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