Oír para creer

Jorge García en exclusiva tras ganar su tercera presea de oro en los XVII Juegos Panamericanos

Autor:

Norland Rosendo

WELLAND, Toronto.— Lo dijo como si nada, como si estuviera dándose un chapuzón en el lago de la competencia para sofocar el calor casi tropical que hace aquí: «A mí no me gusta el canotaje, nunca me ha gustado».

Palabras textuales del kayacista Jorge García en exclusiva para esta sección, tras ganar su tercera presea de oro en los XVII Juegos Panamericanos, la segunda en menos de dos horas. Si no lo oigo, no lo creo.

—¿Esperabas ser tricampeón?

—Ese era mi propósito, superar mi actuación de Guadalajara, cuando logré dos medallas de oro y una de plata. Sabía que no iba a ser fácil, el título más seguro era el K2 a 1 000 metros, pero en el K1 a esa distancia tenía que remar bien, sin cometer errores. Estudié mi regata de la final B de las Olimpiadas de Londres 2012 y varias del canadiense Adam Van Koeverden, subcampeón olímpico allí, campeón del mundo y multimedallista en copas del mundo, para ver sus debilidades y qué tenía que hacer. Él siempre sale delante, a liderar el grupo, y me mantuve a un bote de distancia, en los últimos 250 metros yo estaba fresco, con fuerza, y lo rematé.

—Vi que uno de los primeros que te felicitó fue el carpintero...

—Sí, uno casi nunca menciona al personal de apoyo, pero sin el carpintero, por ejemplo, serían difíciles los éxitos. Tony está pendiente siempre de los botes, de las medidas de las paletas. Además, siempre está animándonos.

—¿Qué te pasó en la final del K1 a 1 000 metros en Veracruz?

—Fue una experiencia amarga, confundí la línea de llegada, me paré antes de tiempo, hasta saludé al público, y el mexicano me pasó por el lado hecho una exhalación; cuando me di cuenta, ya no lo podía coger. De eso no me voy a olvidar nunca.

—¿Es verdad que te dicen el loco de la música?

—Esos son mis compañeros, dicen que estoy loco porque me gusta la música romántica de los años 60 y 70. Aunque no tengo predilección, escucho de todo. Soy muy fiestero.

—Eso de que no te gusta el canotaje es una broma, ¿verdad?

—Es difícil de explicar, pero es así. Yo hubiera querido ser pelotero, futbolista o voleibolista, que es el juego que más disfruto. Cuando terminé la Primaria, mi papá, que era remero, me dijo que tenía que practicar un deporte individual. Primero le dije que no, pero insistió y aquí estoy, por él. Pero el canotaje no me gusta.

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