Ruperto, por la alfombra roja

Por primera vez un cubano estará en el Salón de la Fama de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA)

Autor:

Norland Rosendo

TORONTO.— La noticia comenzó a darle la vuelta al mundo este viernes, cuando se publicó la relación de los que este año serán exaltados al Salón de la Fama de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA). Entre los seis jugadores, junto al sensacional Michael Jordan, está el ilustre y grande también Ruperto Herrera.

Por primera vez un cubano estará en tan excelso escenario con sede en Mies, Suiza. Otra persona estaría eufórica, fuera de sí; pero Ruperto, tan sencillo, tan humilde, sigue su rutina diaria aquí en Toronto. Hay que hurgarle en los ojos, solo allá en lo profundo, se le ve el goce.

—¿Le sorprendió la noticia?

—Bueno, hace una semana me lo habían comunicado extraoficialmente, pero no puedo negar que es muy impactante. Es un orgullo no solo para mí, sino para el baloncesto cubano. Y más porque soy el primero de Cuba en formar parte del Salón de la Fama de la FIBA.

—Coincide con Jordan, eso es otro incentivo, ¿verdad?

—Yo lo vi jugar varias veces en vivo, pero ahora estaremos juntos, en la misma cancha. Además de él, serán exaltados como atletas este 2015 Anne Donovan (USA), Sarunas Marciulionis (Lituania), Antoine Rigaudeau (Francia) y Vladimir Tkachenko (Rusia, Ucrania).

—Usted fue integrante de una generación que le aportó muchos lauros a Cuba en el baloncesto. Participó en cuatro olimpiadas (1968, 1972, 1976 y 1980). ¿Este reconocimiento es lo más grande en su carrera?

—Lo comparo con el bronce olímpico de Munich en 1972 o cuando me otorgaron la orden al mérito de la FIBA.

—Ruperto, ¿qué es el baloncesto para usted?

—Qué te voy a decir, lo es todo, es lo único que sé hacer. Fui jugador, entrenador ahora soy directivo. Es mi vida, como mi familia.

—¿Y cuándo será la ceremonia?

—El 19 de septiembre próximo, en Francia, durante la final del Eurobásquet.

Poco a poco, se acercan colegas de Ruperto a felicitarlo. Él agradece, sonríe, y sigue observando el partido entre las cubanas y las venezolanas. Así de tranquilo, así de gigante.

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