Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Nubes en noche de estrellas

Los jueces, cuando el combate de un cubano es cerrado, ya usted sabe: casi siempre votan por el adversario

Autor:

Norland Rosendo

OSHAWA, Toronto.— Otra vez el cartel no empezó feliz para el boxeo cubano. El peso mosca Yosbany Veitía no convenció en su pelea contra el estadounidense Antonio Vargas. Y los jueces, cuando el combate de un cubano es cerrado, ya usted sabe: casi siempre votan por el adversario.

Veitía admitió que no conocía a su rival (un muchacho de 18 años que ya es el campeón nacional de su país), y que tampoco cumplió el plan táctico que le indicaron de la esquina. «No tuve la intensidad que debía para poder imponerme», confesó.

En la siguiente pelea, Lázaro Álvarez (60 kg) dejó sin opciones al mexicano Lindolfo Delgado; le conectó los golpes precisos, limpios, para que no hubiera margen a las dudas. En su caso, sí hizo lo que tenía previsto tácticamente y retuvo la condición de monarca de este tipo de justas, pues en Guadalajara se coronó en la división inmediata inferior.

No obstante, el caribeño tuvo palabras de elogio para el derrotado. «Fue un gran combate. Esta medalla es para Fidel, Raúl, para el pueblo de Cuba. Ahora voy a prepararme para ser campeón olímpico», añadió.

Luego, vino lo que muchos consideraron aquí como el gran despojo. A Roniel Iglesias solo los jueces lo vieron perder. Cuando el árbitro levantó la mano del welter venezolano Gabriel Maestre, al anunciarse la votación de 2-1, se consumó un acto injusto. «Me quitaron la pelea, parece que no quieren que los cubanos ganemos», dijo muy molesto el pinareño.

«Gabriel es un buen boxeador, tiene hasta una medalla de plata mundial, pero no me ganó. Gran parte de sus golpes daban en mis guantes, y yo le di más, varias veces le conecté fuerte y su cabeza se levantaba. Parece que eso no lo vieron los jueces», manifestó el vueltabajero.

El próximo cubano en subir al ring fue el camagüeyano Julio César La Cruz (81), el hombre que baila sobre el cuadrilátero, el que provoca a sus rivales con la guardia baja y boxea de riposta. Iba por la venganza de su compañero ante otro morocho, Albert Ramírez, y llevó todo el tiempo el ritmo de las acciones, hizo lo de siempre y revalidó su corona de Guadalajara.

El mejor boxeador de América en 2011 y 2013 aportaba con su éxito por unanimidad la segunda presea dorada de la noche y la quinta para la escuadra cubana en estos Juegos. «Falta una y estoy seguro de que la aportará Peró», auguró su coterráneo.

«Este es el premio al sacrificio, al entrenamiento. Considero que desde los pasados Panamericanos hasta ahora he ganado en concentración, disciplina, y en la calidad de mi técnica», apuntó al pasar por la zona de entrevistas.

Para el cierre, el superpesado Lenier Peró se enfrentó con otro venezolano. Era la tercera pelea consecutiva entre púgiles de ambos equipos. Si quería conservar la corona de hace cuatro años, el también camagüeyano debía vencer sin asomo de dudas a Edgar Muñoz.

El veredicto fue dividido, pero justo, a favor del cubano, quien expresó que estaba feliz por ser el campeón y que consideraba que había mejorado la calidad de su boxeo.

Aunque Cuba lideró el medallero con balance de seis títulos y cuatro metales plateados, se quedó por debajo del pronóstico inicial en cuanto a la cantidad de campeones.

Al hacer una valoración del cartel, el jefe de los entrenadores cubanos, Rolando Acebal, manifestó su inconformidad con el veredicto de los jueces en la pelea de Roniel.

«Con esa medalla de oro hubiéramos cumplido el vaticinio. Espero que las autoridades internacionales del boxeo hayan tomado nota de lo que pasó aquí», advirtió.

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