La Copa pide vino

Los últimos años han dejado un sabor bastante amargo en un deporte que fue uno de los grandes orgullos de la afición cubana

Autor:

Juventud Rebelde

Sin los grandes propósitos de antaño —sobre todo en la última década del siglo pasado, cuando las Morenas de Caribe eran el equipo al que todos querían derrotar— la selección femenina de voleibol de Cuba debuta mañana frente al plantel de Kenya, en la XI Copa del Mundo con sede en varias ciudades japonesas.

Para el joven elenco que dirige Roberto García (ninguna de las atletas llega a los 24 años de edad) este certamen servirá para seguir ganando en confianza y elevar la calidad de su juego técnico y táctico, toda vez que la mayoría de las adversarias las superan en los resultados sobre la cancha.

Si bien la Copa otorga dos boletos para los venideros Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, lo más probable, hablando con objetividad, es que las cubanas ni siquiera se acerquen a ellos.

Pero será otra buena oportunidad para que la sensacional opuesta Melissa Vargas, la auxiliar Sulian Matienzo, la pasadora Gretell Moreno y compañía, continúen demostrando sus potencialidades y sus progresos en este deporte.

Como dijo Roberto García cuando asumió las riendas del conjunto, Melissa no puede ser (casi) la única opción de ataque de la selección, hay que buscar más variantes ofensivas para aspirar al triunfo. La Copa será otro momento para valorar esos cambios de estrategia.

Los últimos años han dejado un sabor bastante amargo en un deporte que fue uno de los grandes orgullos de la afición cubana. Varias han sido las causas de ese retroceso. Y no pocas han de ser también las transformaciones para ir recuperando el espacio perdido.

En la memoria de los cubanos está la seguidilla de cuatro Copas del Mundo ganadas por las Morenas del Caribe entre 1989 y 1999. La misma época en que subieron a la cumbre olímpica tres veces consecutivas (1992, 1996 y 2000).

Era un goce ver jugar a Mireya Luis, Regla Torres... No solo por su calidad deportiva, sino también por su espíritu, por la forma en que  asumían los retos. Eran una familia alrededor de Eugenio George. Imposible borrar del imaginario popular aquellos duelos con las brasileñas.

Haber clasificado para esta Copa, tras ausentarse de la edición del 2011, es un soplo de optimismo. Solo eso. Duele estar en el puesto 26 del ranking mundial para mujeres. Hay mucho que hacer.

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