Algo llamado probabilidades

El juego de este sábado estuvo marcado por los tropiezos del equipo cubano frente a la tropa anfitriona

Autor:

Raiko Martín

Antes del juego de este amanecer ante Italia, la escuadra cubana tenía inmensas probabilidades de vencer y avanzar hasta la fase de muerte súbita del torneo Premier 12, cuyo tramo clasificatorio se celebra en Taipéi de China. Pero a la vez, a la tropa dirigida por Víctor Mesa le acompañaban grandes probabilidades de encontrar en el camino de dicha instancia a Japón o Corea del Sur, dos de los elencos más potentes entre la docena que comenzaron el pulso por la corona.

A dicha conclusión se llega porque los anfitriones partían como favoritos para someter a la nave boricua, y con ello el resto de las combinaciones posibles —hasta la del triple empate con locales y holandeses— colocaba al equipo cubano en la tercera o cuarta posición del grupo A, y casi seguro rival en el cruce de las temidas novenas asiáticas.

A esta nada agradable situación se llegó después del tropiezo sabatino frente a la tropa de casa, en un juego marcado por la inefectividad del bateo cubano, la indisciplina táctica, el riesgo innecesario y la incongruencia de algunas decisiones, porque es innegable que hubo cortocircuito en la sala de mando.

Los desenlaces en los juegos de béisbol son la suma de muchos poquitos, aunque entre ellos existan algunos que pesen más que un matrimonio mal llevado. Y entre estos últimos estuvo el nefasto movimiento entre las bases, con los robos de tercera de Lourdes Yunielki Gurriel y Yosvani Alarcón como muestras supremas.

El más llamativo fue el del enmascarado tunero, por el momento del juego y la cara de desconcierto —vista gracias a la transmisión televisiva— que en secuencia se repartían el mánager, el jugador y el coach de tercera base. Imaginé entonces la que deben haber puesto los miles de madrugadores ante semejante dispersión, remarcada cuando, acto seguido, el emergente Julio Pablo Martínez sopló el doblete a la pradera izquierda.

Sin embargo, a esas alturas nadie imaginaba que lo más difícil de digerir estaba por llegar. La orden de jugar a la ruleta rusa con el mejor bateador rival en el cajón de bateo reapareció en el octavo capítulo, y no pocos temieron lo peor. Dos innings antes, con la pizarra en equilibrio y dos outs, el alto mando cubano ordenó la temeraria transferencia del paracortos Yen-Wen Kuo con la primera desocupada para lanzarle a Chih-Sheng Lin, el tercer bate del equipo, quien antes del partido promediaba para .462 con doble y par de jonrones a su cuenta, el que había sido seleccionado como el más valioso de la liga profesional de su país, una distinción que no regalan, digo yo. Y salió bien, aun cuando por televisión se vio que su ponche ante José Ángel García no fue tan ponche.

Repetir la buena fortuna no aparecía entre las probabilidades, esas que influyen mucho en este juego y hasta tiene una teoría que la respalda. Ir contra ellas, tarde o temprano, termina pasando factura.

Para mi gusto, se le pidió muy rápido la pelota a José Ángel. En su defecto, hubiese preferido traer a Norberto González para lanzarle al zurdo Kuo. Pero enviaron a Danny Betancourt con la orden de bordear la zona de strike —algo para lo que se necesita un exquisito control— frente a Lin, y el camarero taipeiano, sonrisa incluida, se armó de paciencia. Dejó pasar par de envíos malos, se afincó en el cajón, y al siguiente le hizo un swing pronunciado a una pelota que pedía a gritos un castigo. Y eso fue lo que recibió.

El jonrón de tres carreras terminó de echar tierra a la buena fortuna que había acompañado hasta el momento al equipo cubano, beneficiado también por los deslices del contrario y la excelente defensa propia. Si el juego llegó empatado al penúltimo inning fue en parte por el costoso error del torpedero local sobre un roletazo de Despaigne que hubiese cerrado la entrada, pero que terminó abriendo las puertas del home a Yulieski Gurriel, entonces en tercera gracias a un triple.

Y la responsabilidad de que los taipeianos no se pusieran delante en el cuarto rollo fue de los extraordinarios fildeos de Yulieski en tercera base y Yordan Manduley en el campo corto, del cuestionable corrido hacia tercera de Kao y de la milimétrica desviación que invalidó el largo estacazo conectado por Jin-De Jahng a Yoanni Yera.

La apertura del zurdo yumurino volvió a dejar un manojo de dudas, pues salvo en el tercer episodio, siempre se vio incómodo ante la batería local. Y por más que lograra contener lo que parecía una tormenta con par de ponches, Miguel Lahera tampoco ofreció garantías suficientes para dejar de seguir preocupados por las prestaciones del staff de tiradores llevado al torneo.

Otros ángulos

En la jornada, el triunfo por 4-0 de Canadá (4-0) sobre Italia (0-4) que le aseguró el boleto a los norteños y la victoria de Holanda (3-1) sobre Puerto Rico (1-3) por 11-7, dejaron lista la escena para que muchas cosas se definieran el último día.

Lo mismo sucedió del otro lado, donde Japón (4-0) mantuvo su invicto con una paliza de 10-2 sobre Estados Unidos (2-2), Corea del Sur (3-1) pasó trabajo para aventajar por 4-3 a México (1-3) y Venezuela (2-2) mantuvo, con un favorable 8-6, intacto el casillero de victorias de los dominicanos (0-4).

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