Un barco a la deriva

La Isla de la Juventud atraviesa una difícil situación en esta segunda etapa

Autor:

Raiko Martín

Cuando hace un año los Piratas de la Isla de la Juventud desembarcaron en la postemporada, muchos creímos que hasta ahí les llegaba el viento a favor. Luego, al dejar sin opciones a la novena matancera en semifinales, todos escribimos en mayúsculas semejante hazaña y, visto lo visto, le dimos el beneficio de la duda sobre las posibilidades de conquistar un histórico cetro.

No sucedió, pero eso no evitó las celebraciones. Sin embargo, en medio del jolgorio flotaba la interrogante sobre si la exitosa trayectoria de los filibusteros podía sostenerse en el tiempo. Y la duda creció cuando, al romper la presente campaña, trascendieron notables ausencias en su nómina.

En medio de esas tempestades, José Luis Rodríguez Pantoja condujo nuevamente el buque hasta la segunda fase de la travesía, sobre todo gracias al desempeño a domicilio, donde perdieron solo cinco de sus 23 presentaciones. Pero el viento les está viniendo por la proa hasta en su puerto, donde este miércoles apenas pudieron conectarle cuatro imparables a la dupla monticular matancera de Yoanni Yera y Adrián Sosa. El primero trabajó poco más de siete capítulos, en los que toleró un imparable y repartió ¡11 ponches!, con los que se consolidó como líder en ese departamento. Otros dos sumó Sosa para apuntalar un triunfo sentenciado en el mismo inning de apertura, cuando los vuelacercas sucesivos de Ariel Sánchez y Yurisbel Gracial ante los envíos de Luis Manuel Suárez subieron tres anotaciones al pizarrón.

Para atravesar la actual marejada, la armada pinera necesita revertir su juego en todos los órdenes. La falta de un hombre de tanto peso como Michel Enríquez se siente aún más en tales circunstancias, y si a eso se le suma el haber perdido, por ejemplo, a su receptor y paracortos titulares de la pasada campaña, se puede comprender un poco más esta travesía a contracorriente.

Algo de esperanza surgió con la adquisición de los refuerzos, pero lo cierto es que muy poco han aportado a la causa. Esta vez Julio Pablo Martínez no ha sido ni la sombra de lo que hace un año fue, y su promedio de solo .169 en la segunda fase es más que ilustrativo. Igual de famélica estuvo la contribución ofensiva del enmascarado Félix Carbonel (.120) y solo Andrés de la Cruz (.297) roza las prestaciones esperadas.

La pólvora mojada se extiende a los miembros «originales» de la nómina, pues solo Rigoberto Gómez (.371) supera la barrera de los .300, por lo que son los Piratas quienes menos carreras han anotado (47) en lo que va del segundo segmento del torneo. Y ese lujo, con un staff que promedia para más de seis carreras permitidas por juego, y una defensa con la mayor cantidad de errores cometidos en la fase (30), es lo más parecido al suicidio.

Sacar al equipo de tan adversa racha —llevan cuatro derrotas seguidas— debe ser el principal objetivo del alto mando pinero. Es altamente improbable que pueda sobrevivir al siguiente corte, pero puede aspirar, al menos, a reencontrar las coordenadas del éxito para no terminar hundidos en el fondo. Solo así el naufragio pudiera ser menos traumático.

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