La que queremos no es la que tenemos - Deporte

La que queremos no es la que tenemos

La Serie Nacional no es mala, mas necesita con urgencia un golpe de timón para mejorarlo casi todo, o al menos para acercarla a los estándares internacionales

Autor:

Raiko Martín

Este jueves, aunque no muchos lo hayan recordado, se cumplió un aniversario más de nuestra Serie Nacional de béisbol. Fue un 14 de enero, pero hace 54 años, que en el capitalino estadio Latinoamericano se lanzó la primera bola, y desde entonces —e ininterrumpidamente— se han sucedido las campañas hasta llegar a la 55 edición que por estos días se celebra.

Mucho ha llovido, como se suele decir, sobre los diamantes cubanos, e incontables son las hazañas y emociones en ellos vividas. Se cuentan por varios miles los jugadores que han desfilado por nuestros clásicos beisboleros, y gracias a ellos se ha construido una historia aderezada por varios títulos olímpicos, mundiales, intercontinentales, panamericanos y centroamericanos, en todas las categorías.

Sin embargo, ya poco se parecen aquellas temporadas a las más recientes. Es, lógicamente, parte de la evolución, lo cual no significa que sean superiores. Nunca he sido amante de las comparaciones, pero sería injusto no ver cómo han mejorado los uniformes, los implementos, las condiciones de transportación y alojamiento para los jugadores. Tampoco son similares los conceptos, las tácticas, los procesos de entrenamiento, y mucho menos las circunstancias psicosociales que rodean a los peloteros.

Soy un convencido de que los cambios, vistos de forma general, han sido para bien, por más que tenga la certeza de cuán lejos estamos de tener el torneo que soñamos. Incluso, del que ahora mismo necesitamos.

No estoy entre los apocalípticos que piensan que la Serie Nacional es mala, mas creo que necesita con urgencia un golpe de timón para mejorarlo casi todo, o al menos para acercarla a los estándares internacionales. Hemos perdido fuelle en la formación durante las edades tempranas, lo que, unido al constante goteo de jugadores en busca de fama y fortuna, generan las notables lagunas que vemos en la élite. Aun así, desde estas tierras siguen brotando estrellas capaces de brillar en los cielos más altos.

Nuestro béisbol —porque no es patrimonio de unos pocos—, debe reciclarse desde sus cimientos, cambiar estructuras, formas y estilos, adaptarse sin complejos a las nuevas realidades que le rodean. También está llamado a ganar en seriedad y coherencia, a escuchar y proponer, a comprender que a los aficionados se debe y que ellos, con sus pasiones a cuestas, serán los jueces más justos.

No es quizá esta la única vía para recuperar tanto terreno perdido, pero se me antoja que es buen punto de partida si se quiere recorrer con éxito el amplio trecho de reconquistas. Y de paso, honrar una fiesta que por más de cinco décadas ha contribuido a la reafirmación de nuestra identidad nacional.

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