El deporte no cree en barreras

Este martes se efectuó un encuentro entre la militancia de la UJC en el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación y glorias del deporte cubano de la talla de los medallistas olímpicos Enrique Figuerola, Lázaro Betancourt y Tomás Herrera

Autores:

Mabel Sánchez Torres
Eduardo Grenier Rodríguez

Con el propósito de cumplir uno de los planteamientos del X Congreso de la UJC, se efectuó este martes un encuentro entre la militancia del organismo en el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) y glorias del deporte cubano de la talla de los medallistas olímpicos Enrique Figuerola, Lázaro Betancourt y Tomás Herrera.

El intercambio tuvo como colofón una visita a la Escuela Especial Sierra Maestra, del municipio capitalino de Plaza de la Revolución, donde la delegación deportiva realizó una entrega de materiales escolares, así como un balón de fútbol para fomentar la práctica de actividades físicas.

Idalmis Echarte Cuesta, subdirectora de la institución, agradeció al Inder el donativo, a la vez que instó al fortalecimiento del vínculo entre el máximo ente deportivo y la enseñanza especial, con el fin de favorecer la calidad de vida de los escolares.

Entretanto, Figuerola, primer medallista olímpico cubano luego del triunfo revolucionario, declaró a JR que «esta experiencia ha sido un gran estímulo, pues me recordó mis inicios en el deporte. Desde hace tiempo no compartía con una juventud tan dispuesta, capaz de rescatar los valores que sustentan el deporte revolucionario».

La escuela, con una matrícula de 116 estudiantes desde primero hasta noveno grado, cuenta con un sólido movimiento deportivo, evidenciado en la participación de algunos de sus alumnos en juegos especiales a nivel nacional, centroamericano y panamericano.

Recientemente, en la Olimpiadas Especiales de 2015 celebradas en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, la corredora Sandra Guerra, egresada del centro, obtuvo dos medallas de plata en las modalidades de 100 y 200 metros planos.

En medio de tanto ajetreo —inusual en una escuela de estas características—, se hizo notar el poder del deporte para unir a los seres humanos, sin importar sus limitaciones. Ahí radicó el principal logro de la jornada.

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