La leyenda y la estrella

Nadia Comaneci, la legendaria gimnasta rumana, visitó la Escuela Nacional de Gimnasia y manifestó su felicidad por conocer al talentoso Manrique Larduet y constatar que aún la recuerdan en Cuba

Autor:

Julieta García Ríos

Llueve en La Habana. Y en la Escuela Nacional de Gimnasia están a la expectativa de la llegada de la ex gimnasta rumana Nadia Comaneci: una mujer legendaria que, en Montreal, en 1976, consiguió sobre las asimétricas el primer diez de calificación, nota perfecta, que nadie había obtenido en unos Juegos Olímpicos. Entonces tenía 14 años de edad.

Algunos temían que la insistente lluvia les negara el placer de conocer a la mujer perfecta, como también se le conoce. Pero ella cumplió con su promesa de conocer a Manrique Larduet, «el número dos del mundo», y la escuela donde se prepara.

«Te vi competir en Glasgow y quedé muy impresionada por tu desempeño. Fue difícil lo que hiciste. Espero estés muy orgulloso con ese resultado. Si te mantienes con buen estado de salud vas a ser una gran estrella», le dice la rumana, quien atesora nueve medallas olímpicas, de las cuales cinco son de oro.

Nadia se refiere a la medalla de plata alcanzada por Manrique en el concurso all around durante el Campeonato del Mundo en Glasgow 2015 (Escocia), donde escoltó al japonés Kohei Uchimura, quien se llevaba su sexto título consecutivo. Allí el cubano también obtuvo medalla de bronce en barra fija, y aseguró así su boleto olímpico a Río 2016.

«En Glasgow estuve pendiente de ti. Desde que te vi competir me impresionaste. Tuve que preguntar quién y de dónde eras pues no lo escuché cuando lo anunciaron», dijo la Comaneci, quien se encuentra en La Habana invitada por los organizadores del Grand Prix de Judo que hasta el domingo tendrá lugar en la capital.

Comanecci, quien está nacionalizada en Estados Unidos, comentó que cuando se piensa en grandes gimnastas lo primero que viene a la mente es Japón, Estados Unidos. Por eso, en Glasgow, muchas personas quedaron impresionadas con Manrique y su joven entrenador.

«Tener un gimnasta como Larduet demuestra que no importa el lugar donde se nazca para convertirse en una estrella».

«El éxito de Manrique inspirará a muchos niños», aseguro Comaneci en su recorrido por las instalaciones de la Escuela Nacional de Gimnasia donde se preparan 143 atletas de entre nueve y 22 años de edad en las disciplinas de gimnasia artística, gimnasia rítmica y trampolín.

Al conocer que el santiaguero, al igual que ella, se inició en la gimnasia con seis años, bromeó: debe ser nuestro número de suerte.

La Escuela, ideada por Fidel, le recordó sus años de atleta, pues en Rumania se formó en un complejo similar al nuestro, el cual cuenta con el apoyo del Estado.

«La gimnasia es la base de todos los deportes», aseguró, «los gobiernos deberían invertir más en ella».

Cuentan que en su época la gimnasta no solo ganó admiradores por sus magníficos performances. A ellos les digo, que hoy, a sus 54 años de edad, sigue bella, esbelta y sus músculos mantienen el tono de quien los trabaja cada día. También su trato es exquisito. Ella tuvo la delicadeza de dialogar no solo con Manrique y su entrenador, sino también con varios atletas, desde las pequeñas que le dieron la bienvenida con una fugaz coreografía hasta el más humilde trabajador. Obsequió postales suyas, dio autógrafos y estampó su firma en la viga de equilibrio y el caballo de salto del equipo femenino: «Está al frente para que sea inspiración cuando salten», les dijo.

La rumana, vestida cómodamente con jean y pulóver negro, llegó también hasta donde entrenaban las muchachas de gimnasia rítmica. Una a una les ofreció su mano con delicadeza en señal de saludo, y les comentó que ella se inició en ese deporte, pero que solo lo tomó como un juego.

La última parada fue en el salón donde entrenan los muchachos de artística. Allí, fuera del asedio de los medios de prensa que la escoltábamos en caravana a cada paso, Nadia transmitió a Manrique y al entrenador Carlos Gil las felicitaciones y saludos que le enviaba su esposo, el estadounidense Bart Conner, campeón olímpico en barras paralelas en Los Ángeles 1984.

Con ellos se tomó una foto con su propio celular. «Ambos te estaremos mirando en Río de Janeiro 2016», le aseguró a Manrique.

¿Podrá Manrique coronarse en Río?, le preguntó la colega Eyleen Ríos, del semanario Jit. Y ella respondió: «Está muy cerca de Uchimura, todos dicen que es un Dios, que lo hace todo exactamente por el librito, pero la competencia es otra cosa, y Manrique necesita tener un buen día».

A Marcia Videaux, campeona panamericana de salto, le pronosticó que la vería en los Juegos de Río, y conoció a Randy Lerú, el otro estelar del sector masculino que buscará también su clasificación a los Juegos. Cuando supo por él que son las barras paralelas su aparato preferido exclamó: ¡Oh, el más excitante de los aparatos!

Manrique estaba tenso

Junto a la legendaria Nadia Comaneci, Manrique Larduet lucía nervioso. No es para menos, tamaño gesto tuvo la legendaria atleta al ir a saludarle. Mirándole a los ojos el santiaguero de 19 años le dijo: «Estoy muy agradecido por su visita. Usted fue una gran atleta que nunca pensé conocer».

Carlos Gil, su joven entrenador de solo 30 años, le manifestó a la rumana que también ellos estaban muy contentos e impresionados por su visita a la Escuela. «Su presencia aquí es un incentivo, no podemos defraudar la admiración que siente por la gimnasia cubana», aseguró el preparador.

—¿De dónde eres?, preguntó a Carlos la Comaneci, actual vicepresidenta del Consejo de Dirección de Olimpiadas Especiales y Presidenta de Honor de la Federación Rumana de Gimnasia.

—Soy de aquí, de Cuba.

—¿Cuántas horas entrenan los muchachos?

—En estos momentos tres en la mañana y dos en la tarde. Aunque hay etapas de la preparación que entrenamos más.

—Es similar a lo que yo hacía. Y, ¿Cuándo descansan?

—Los domingos.

—Yo el martes y el domingo solo hacía una sesión de entrenamiento.

—Ellos, los jueves y sábados.

—El descanso es importante para que el cuerpo se recupere, dijo Comaneci, quien también ha incursionado como comentarista deportiva en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012.

Sobre esta faceta suya, indagó el colega Aurelio Prieto Alemán, de la Televisión Cubana, y ella cortésmente explicó: Me considero más una embajadora, hago un poco de todo, siempre relacionado con la gimnasia.

Antes de partir, en correcto español, Nadia dio las gracias y deseó suerte a los atletas. Ella se fue «feliz por la calurosa acogida y por ser recordada aún en Cuba». Mas un sentimiento superior, albergaron atletas, entrenadores y ex gimnastas cubanos. Para todos es historia el día que conocieron a Nadia Comaneci.

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