Maleficio israelí

La campeona mundial israelí Yarden Gerbi derrotó este sábado a su rival cubana y se convirtió en cuádruple titular en certámenes de este tipo. Honran a Rolando Veitía durante la ceremonia de su retiro oficial

Autor:

Javier Rodríguez Perera

Se me antojaba creer que este sábado Cuba le abriría los brazos a su primer título en el Grand Prix de judo de La Habana, mediante Maricet Espinosa (-63 kilogramos). Pensé en ello debido a su excelente estado deportivo en el evento, amparado en una seguidilla de ippones en sus cuatro primeros combates y par de éxitos históricos ante su rival en la final, la campeona mundial israelí Yarden Gerbi.

Sin embargo, mi anhelo se desmoronó cuando la europea le asestó un wazari que decretó su triunfo y de esta forma se convirtió en cuádruple titular en certámenes de este tipo.

«Satisfecha no estoy porque quería mis 300 unidades para completar la puntuación de cara a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. A Gerbi la había vencido en dos oportunidades, pero esta vez me tocó perder. Ahora tengo en mi horizonte seguir mejorando mi medallero y lograr la clasificación olímpica», declaró la habanera, que tiene ínfulas de hacerse de una presea en la cita estival.

Mucha expectativa giraba alrededor del subcampeón panamericano Iván Felipe Silva (-81), quien avanzó convincentemente hasta cuartos de final. En ese nivel combatió contra el estadounidense Travis Stevens, quien lo derrotó por cuarta ocasión en sus enfrentamientos particulares y lo privó de avanzar en el organigrama. A la postre, Silva quedó séptimo, mientras Stevens se colgó la plata, en división ganada por el ruso Khasan Khalmurzaev.

La holandesa nacionalizada israelí Linda Bolder (-70) devino dueña absoluta en su categoría, al superar en la instancia decisiva a la húngara Szabina Gercsak. La mejor ubicada por Cuba fue Melisa Peñalver, al quedar en el puesto siete, en tanto la habanera Onix Cortés, cara visible de este peso, sucumbió en octavos de final ante la campeona Bolder.

Leal a su puesto cimero en el ranking universal, el azerí Rustam Orujov se llevó el oro de los -73, tras doblegar al emiratí Victor Scvortov (nacido en Moldavia), quien atesora un bronce universal. Nuestra carta principal en esta división, Magdiel Estrada, cayó por ippon en su pleito inicial ante el belga Sami Chouchi.

Coronación de un legado

Reza la vieja frase popular que la historia la escriben los hombres. Si hay alguien que se aferra fuertemente a eso es Ronaldo Veitía Valdivié. Tres décadas tejiendo con esfuerzo indecible y una experticia de nivel la historia del judo cubano, bastan para que bese el firmamento. Una historia con visibles ribetes dorados de carácter olímpico, mundial, panamericano…

Recientemente anunciaba su retiro y la noticia no me sorprendió. Era de esperarse de alguien con un precedente tan sólido en el mundo del tatami y que tenía pocas deudas en su haber, merced a la gloria conseguida como entrenador de muchas campeonas de diferentes generaciones.

Durante la segunda jornada del Grand Prix de judo, casi la totalidad de una Ciudad Deportiva bastante concurrida, se levantó y rindió un tributo merecido, aplausos y ovaciones mediante, al profesor Veitía, el hijo ilustre del Cotorro. Se celebraba la ceremonia de su retiro oficial.

«Lo mejor que me pudo pasar hoy es la presencia de tantas alumnas mías que le dieron gloria a Cuba. Felicito a todos los entrenadores de judo de la base, son muy importantes en la construcción de cada éxito. Ahora me toca brincar desde la casa con las muchachas en los próximos Juegos Olímpicos», expresó con la emoción a flor de piel.

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