Asley y Armenteros: las cartas de Poulot

Manolo Poulot fue el primer campeón mundial masculino del judo cubano y mereció el bronce olímpico en Sidney 2000. Tras disfrutar el recién concluido Grand Prix, accedió gustoso a intercambiar con JR sobre sus impresiones del certamen y otros temas

Autor:

Javier Rodríguez Perera

Después del entrenador Justo Noda, Manolo Poulot fue el primero en felicitar desde las gradas al villaclareño Asley González (90 kilogramos), titular del recién concluido Grand Prix de judo de La Habana, en el cual Cuba se ubicó segunda con registro próspero de dos preseas de oro, una plata y par de bronce. Poulot aparece en los anales como el primer campeón mundial masculino de este deporte en la Isla y por el bronce olímpico logrado en Sidney 2000.

Nacido en Guantánamo, de pequeño se trasladó a Santiago de Cuba y hoy vive en el Vedado capitalino. Luego de presenciar los tres días de competencia, accedió gustoso a intercambiar con JR sobre sus impresiones del Grand Prix y el judo antillano en la actualidad.

«Fue un evento muy emocionante desde el principio y una noticia grata para Cuba que le dieran la sede de un certamen de esta envergadura por segunda ocasión, pues se lo merece gracias a los resultados obtenidos y el prestigio alcanzado en el mundo del judo. También resultó una gran oportunidad para que nuestros atletas con juventud se foguearán con rivales de un nivel alto, pues los problemas económicos atentan a veces contra eso. Además, su desarrollo no se puede descuidar porque hay que seguirlos de cerca de cara al ciclo olímpico venidero.

«Igualmente nuestras principales cartas Asley González (90) y José Armenteros (100), midieron fuerzas con contrincantes de élite. El judo femenino está pasando por una renovación. Ya no tenemos aquel equipo poderoso que tantas medallas alcanzó en mundiales y olimpiadas, pero existen figuras muy talentosas y, sobre todo, deseosas de lograr excelentes rendimientos y mantener el poderío mundial que ha caracterizado a la rama femenina», explicó Poulot.

—El sábado dijo adiós oficialmente el avezado entrenador Ronaldo Veitía.

—Tanto para los judocas cubanos como para el mundo de este deporte, él representa una eminencia, una institución en el conocimiento y la enseñanza de este arte marcial. Fue el artífice de buena parte de los éxitos que distinguen esta disciplina en Cuba y es uno de los mejores entrenadores del orbe. Mi mayor respeto para el profe Veitía, como cariñosamente se le conoce.

—¿Te atreves a dar un pronóstico de cara a Río de Janeiro 2016?

—Para las Olimpiadas todos los atletas se preparan bien y, como en todos los deportes, a veces el mejor no gana. La preparación psíquica es muy importante para una actuación meritoria. Estoy optimista de que con Asley y Armenteros, el judo masculino pueda subir al podio.

—Poulot, cuando te despediste de los tatamis, ¿a qué te dedicaste?

—Estuve desde 2004 hasta 2010 trabajando con el profesor Justo Noda como entrenador de la selección nacional y ante todo aporté mi experiencia competitiva a los muchachos. Después decidí dedicarle más tiempo a la familia, pues me pasé 15 años como atleta. Ahora vivo para mis dos hijos que ya son casi jóvenes, pues el varón tiene 17 y la hembra cumplirá los 15.

Reacciona instantáneamente cuando le pregunto por el momento que nunca olvidará en su carrera. «Tengo dos. Cuando gané el Mundial en 1999, y el otro fue la medalla de bronce en la Olimpiada de Sidney 2000», afirma quien fuera del tatami se define como una persona alegre y considera que su rival más complejo fue el japonés Tadahiro Nomura, quien siempre lo derrotó.

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