El trono sin rayas

Los Tigres avileños cedieron ante el que, hasta el momento, ha sido el mejor del torneo

Autor:

Raiko Martín

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— A juzgar por lo visto durante esta semana, la aventura de los Tigres avileños terminó apegada a la lógica. Lucharon, y en esa batalla constante en la que se convirtió su tránsito por la presente Serie del Caribe, cedieron ante el que, hasta el momento, ha sido el mejor del torneo. Otra cosa no se puede decir de estos Venados de Mazatlán, responsables de poner por cuarta ocasión consecutiva a México en una final.

Como partido crucial que era, las dos novenas pusieron el empeño para no despedirse del estadio Quisqueya Juan Marichal, mas la diferencia entre ambas se hizo notar en los momentos cruciales. Aguantó Vladimir Baño con cierta solvencia las embestidas de los astados, pero el doblete de Alex Liddi abriendo el cuarto capítulo y dos boletos consecutivos —uno de ellos algo dudoso— le complicaron la tarea. El alto mando, que llegó hasta aquí con las garantías monticulares justas, le dio un voto de confianza que se diluyó con el cohetazo de Yunieski Betancourt. Movido al campo corto en esta ocasión, fue toda una pesadilla para los serpentineros cubanos, a los que bateó tres imparables en cuatro comparecencias, entre ellas un doblete que limpió las bases en la séptima entrada.

El otro gran incordio fue el zurdo Héctor Daniel Rodríguez, quien mantuvo a la batería de los felinos en un puño durante seis innings completos, en los que ponchó a tres y permitió solo cuatro hits.

Algo cambió, pero nunca de la forma esperada, cuando Juan José Pacho vio mermar sus prestaciones y le envió a las duchas ovacionado por los aficionados aztecas, otra vez los grandes protagonistas en el graderío.

Antes y después, Roger Machado lo intentó todo y en todos los frentes. No le tembló el pulso para remover el box y tampoco para buscar alternativas que dieran un vuelco a la historia. Nada funcionó y los sueños murieron por los mismos males. Diagnóstico: inconsistencia monticular y fallos irreversibles en el sistema propulsor.

Salvo Yulieski Gurriel, quien fue el único que conectó con solidez y efectividad en los cinco juegos efectuados, el resto de los bateadores volvió a quedar en deuda con el madero, sobre todo en los momentos decisivos. «No se puede ganar sin anotar carreras y dejamos muchos corredores en base. Y en ocasiones el pitcheo no se comportó a la altura de las circunstancias. Me voy con un mal sabor porque cada mánager de equipo quiere ganar», declaró el director del equipo cubano después de felicitar a sus rivales por el triunfo conseguido y desearles éxitos en la final.

Ante los medios, Roger reconoció lo mucho que hay que trabajar para  que los equipos que representen al béisbol cubano lleguen al nivel que exige estos certámenes. «Nos cuesta mucho batear frente a los lanzadores que se presentan en este torneo y otros de carácter internacional, por lo que necesitamos confrontarlos más», añadió el timonel, al tiempo que quitaba responsabilidad al posible cansancio de su cuerpo monticular por el partido que en extrainning le dio la clasificación frente a República Dominicana.

Así, fueron los Venados mazatlecos los justos ganadores del choque y les sobran los méritos para estar en la tarde de hoy luchando por conquistar el título que dejó vacante el campeón del béisbol cubano.

Sus rivales serán los Tigres de Aragua, el otro grande del certamen, que horas antes se habían despachado con el bate frente a los boricuas Cangrejeros de Santurce. Los felinos venezolanos reservaron a Freddy García —su principal carta de triunfo— para la ocasión, y quedará por ver cuánto puede hacer para contener a unos venados que siguen sin encontrar cazadores.

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