El bádminton es mi religión

Bryan Véliz es uno de los prospectos de Cuba en este deporte

Autor:

Javier Rodríguez Perera

El título que adorna este material no peca de exceso, al menos para mí y mi entrevistado. La pasión, más allá del interés que tiene Bryan Véliz (16 de enero de 1997) por el bádminton, la comprobé desde la pasada edición del Giraldilla de La Habana, cuando ante el ocaso de un día agotador, el cienfueguero remataba una y otra vez el volante que le pasaba un amigo del equipo nacional de polo acuático, en espera de que retiraran la net restante en el Coliseo de la Ciudad Deportiva.

Aunque entonces cedió en el primer duelo frente a su paisano Ernesto Reyes, Bryan ve su tercera incursión en estas lides como el gran chance de jugar y estudiar a adversarios de un nivel superior al acostumbrado. Pondera como sus mayores virtudes en el tabloncillo la rapidez, en la que se basa para asumir todos los parámetros de juego. Considera además su condición de zurdo como una ventaja a la hora de enfrentar a los rivales, habida cuenta de que los atletas siniestros son los menos usuales en cualquier deporte y obliga a los contrarios a adoptar una estrategia distinta a la tradicional.

Estuvo a punto de entrar al mundo deportivo en hockey sobre césped, quizá porque su madre, Elia Niurka Arbolay, fue campeona centroamericana en esa disciplina. Pero sucede que la entrenadora de bádminton de su provincia le dijo a Elia que la estatura de su hijo era propicia para ese deporte y entonces ocurre su entrada en una disciplina casi desconocida. Al principio no le gustaba, pero después se volvió una religión para él, porque lo practicaba en todo momento desde que cursaba el séptimo grado.

Solo participó en unos Juegos Escolares, en los que alcanzó el primer lugar y de paso ingresó a la preselección nacional el 19 de febrero de 2013. En la categoría juvenil obtuvo cinco títulos y dos medallas de plata.

En noviembre del pasado año enfrentó su máximo reto internacional, el Campeonato Mundial Juvenil acaecido en Lima, Perú. Explica que fue un evento que en el plano deportivo le aportó madurez, percepción de aspectos nuevos de su deporte y la posibilidad de nutrirse de conocimientos y apreciaciones muy valiosas de un entrenador malayo con gran capacitación. Apunta que en el torneo abierto hizo sus deberes frente a un barbadense en el primer partido, pero luego cayó frente a un danés, muy alto y resistente, contra quien sintió un poco la diferencia de competir en una cancha sintética a la tradicional de madera.

Meses antes disfrutó dos compromisos internacionales que han marcado su corta trayectoria: el I Open Internacional junior en Venezuela, donde consiguió sendos títulos en el single y el doble mixto, y los Juegos Panamericanos de Toronto, fiesta deportiva que vivió con gran emotividad, marcado por la oportunidad de coincidir con atletas de otros deportes en un ambiente armónico y altruista.

Algunos resultados de la jornada: (M): Osleni Guerrero (CUB) venció a Lázaro Madera (CUB) por 21-6, 21-8; Howard Shu (EE.UU.) a Diego Mini (PER) por 21-14, 21-12; Bjorn Seguin (EE.UU.) a Rosario Maddaloni (ITA) por 21-12, 21-16; Martin Giuffre (CAN) a Lino Muñoz (MEX) por 21-17 y 21-10; (F): Elisabeth Baldauf (AUT) a Adaivis Robinson (CUB) por 21-6, 21-4; Akvile Stapusaityte (LTU) a Adriana Artiz (CUB) por 21-4, 21-7; Haramara Gaitán (MEX) a Tahimara Oropeza (CUB) por 19-21, 21-19, 21-15; Zuzana Pavelkova (CZE) a Yuvisleydis Ramírez (CUB) por 21-6, 21-6.

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