La batalla, en pedacitos

Después de los tres partidos de la final jugados en el Capitán San Luis, no son pocos los que sueñan con una remontada, hasta ahora inédita en nuestros clásicos nacionales

Autor:

Raiko Martín

PINAR DEL RÍO.— Se pudiera decir que casi todos en esta provincia están satisfechos con lo hecho por los Vegueros en esta campaña beisbolera. Pero también, que después de los tres partidos de la final jugados por estos lares, no son pocos los que sueñan con otra remontada, hasta ahora inédita en nuestros clásicos nacionales.

Las circunstancias, números en mano, son similares a las vividas hace algunos días por los hombres de Jorge Ricardo Gallardo, quienes llegaron a tierra hostil con la obligación de ganar los últimos dos desafíos para sobrevivir. Y lo hicieron.

La diferencia —importante para mí— está en que en el cruce semifinal los vueltabajeros no perdieron, como ahora, los tres primeros desafíos. Me sigue pareciendo improbable que ganen cuatro veces seguidas, dos en la particular jungla de los Tigres avileños, un equipo compacto y acostumbrado a disputar partidos cruciales. Mas no son invencibles, y eso quedó demostrado.

De ahí que lo hecho, aun cuando el final no sea el más feliz para los occidentales, merece el aplauso y el reconocimiento de una afición a la altura de su equipo. Porque, incluso después del tercer tropiezo, siempre hubo lleno total en el Capitán San Luis, como debe ser mañana, y quizá el sábado, en el José Ramón Cepero.

En el siguiente cruce de armas median algunos detalles que, en su conjunto, pudieran influir en el desenlace. Uno de ellos es la designación de abridores, que si no cambian los planes en el camino, deben recaer en Yosvani Torres y Dachel Duquesne.

Tener la principal carta de triunfo en la mano aporta ciertas garantías, y Torres, en los tiempos que corren, es uno de los lanzadores más fiables del torneo. Precisamente, fue Duquesne su oponente en el montículo, y sin llegar al dominio que exhibió en su presentación previa frente a Industriales, caminó un poco más de seis entradas con solo una carrera permitida. En la solvencia que exhiban descansa gran parte de las opciones de uno y otro bando, aunque es una realidad que casi todos los partidos se han definido en los finales.

Otro aspecto a tener en cuenta es el traslado, pues ambas novenas cubrirán más de 600 kilómetros hasta la sede avileña. Después de ese recorrido, pero con mucho menos descanso —pasaron a festejar por casa el triunfo en Matanzas—, los vueltabajeros acusaron el agotamiento lógico de una semifinal extendida a siete combates, pero sobre todo el atropellado viaje hacia la tierra de la piña. La asimilación de este inconveniente, ahora parejo, puede pesar en la diferencia.

Pero lo que más debe influir en el resultado es la forma que exhiban los jugadores, algunos de ellos maltratados por la extensa temporada y por lesiones sufridas al calor del segundo tramo del torneo. A todas luces, la maquinaria avileña mermó sus prestaciones fuera de casa, sobre todo la de los hombres con mayor responsabilidad como José Adolis García (13-2), Ariel Borrero (11-1) y Yeniet Pérez (11-1). En contraste, los pativerdes han recuperado el poder de fuego. Promediaron para una docena de imparables por desafío, y buena parte salieron de la llamada tanda baja formada por Michael González (10-5), Andy Sarduy (8-6) y Reinier León (10-6). Incluso, entre ellos se han repartido tres dobles, un triple y un cuadrangular, batazos claves en las victorias conseguidas hasta ahora. Mantener ese paso colectivo pudiera llevar o no el pulso hasta el límite.

Por último, y no por eso menos importante, estará la concentración de unos y otros, la capacidad de carburar bajo presión, y eso incluye al puente de mando. El desacertado corrido de bases de Donal Duarte en el más reciente juego, y la nefasta mecánica defensiva de los avileños para ponerle out, fue —entre muchos otros que destapan las carencias de nuestro béisbol actual— un clarísimo ejemplo de que las fallas van de un lado a otro y pueden inclinar la balanza.

El béisbol es un deporte de equipo, pero más por los muchos engranajes que se mueven en su juego, los triunfos y fracasos están hechos de pedacitos. Encajarlos todos es la única forma de armar este complicado rompecabezas en forma de trofeo.

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