Lo justo y lo esperado

El equipo masculino cubano de voleibol no pudo con su similar de Estados Unidos este sábado en el Coliseo de la Ciudad Deportiva capitalina

Autor:

Raiko Martín

Por juventud y proyección, el equipo masculino cubano de voleibol necesita aprovechar todas las oportunidades a la mano, como estos dos partidos frente a una selección con tanto pedigrí como la estadounidense. Ganarle a uno de los elencos llamados a asaltar la cima olímpica en Río de Janeiro el próximo agosto hubiese sido una noticia de portada, por lo que el revés en cuatro sets: 25-21, 21-25, 18-25 y 22-25, sufrido este sábado en el Coliseo de la Ciudad Deportiva capitalina no genera la más mínima alarma.

Hasta la mitad del segundo parcial, los discípulos de Rodolfo Sánchez demostraron el «estirón» de calidad que han experimentado de un año a otro, y cuyo mayor premio es, hasta el momento, el triunfo en tierras canadienses que les abrió las puertas de la Ciudad Maravillosa.

Durante la primera manga, la sexteta titular lució enorme. Se plantó sin complejos sobre la cancha e hizo lo necesario para robarse la arrancada: recibo de excelencia, servicio tan incómodo como agresivo y efectividad en toda la línea de ataque, fueron las cartas de triunfo, con un Rolando Cepeda como punta de lanza. Y como guinda del pastel, concentración para cerrar el lazo.

El impulso inicial duró hasta llegar delante, con mínima diferencia, al último tiempo técnico de la segunda manga. Para entonces, del otro lado, Murphy Troy había sustituido a Matt Anderson como opuesto, y el rival disfrutaba de la metamorfosis necesaria para cambiar el curso del partido.

Por momentos, se dispararon los errores no forzados —sobre todo con el saque— en las filas locales, el recibo perdió efectividad y a Ricardo Calvo le costó el triple encontrar los agujeros en la defensa enemiga. En medio de ese panorama, Javier Jiménez (10 puntos) perdió fuerza, Osmany Uriarte extravió a ratos la concentración, y los cada vez menos frecuentes martillazos de Cepeda (13) no alcanzaron para recuperar el rumbo. En la medida en que bajaron las prestaciones cubanas, la visita recuperó el control absoluto de la situación y, colgada de los ataques de Reid Priddy (18), Max Holt (12), Murphy Troy (11) y compañía, selló el más lógico de los desenlaces.

Sin embargo, no pocas señales alentadoras se vieron sobre la duela. Definitivamente, la continuidad latente en la formación cubana ha permitido observar una dinámica diferente en cuanto a la confianza y compenetración. El crecimiento de Calvo como un acomodador con criterio, la notable defensa de campo de Yonder García, los momentos de lucidez del jovencito Osniel Mergarejo —apenas 18 abriles— y los destellos del central Luis Sosa (11 rayitas) a pesar de su marcada inexperiencia, aportan optimismo de cara a un futuro tan cercano como la cita estival, en la que más allá de perseguir victorias, van estos muchachos a plantar cara, crecer y no desentonar.

¿El buche de Café?

Por lo visto hasta el momento, poco ha cambiado en el elenco cubano entre el presente Grand Prix y su edición precedente. La inestabilidad en el juego de nuestras jóvenes voleibolistas continúa siendo un dolor de cabeza para el estratega Roberto García, y un lastre demasiado pesado a la hora de cumplir el objetivo, que vuelve a ser el avance a la fase final correspondiente al tercer nivel del torneo.

En las primeras horas de hoy, las cubanitas asumían frente a Colombia un compromiso que años atrás era un mero ejercicio de superioridad. Pero las cosas han cambiado tanto, que las cafeteras nos podían servir un buche tan amargo como el probado hace un año en la ciudad peruana de Trujillo, cuando las colombianas se impusieron en cuatro parciales y les destrozaron a estas mismas muchachas las posibilidades de llegar hasta el segmento decisivo.

Los presagios son más alarmantes después de que en la jornada sabatina, Melissa Vargas y compañía sufrían más de lo imaginado para someter por 3-1 (25-22, 27-25, 18-25 y 27-25) a un discreto elenco australiano, por más que jugar como locales en la ciudad de Bendigo era una ventaja para las aussies.

Además de los eternos problemas con el recibo, el escaso daño hecho con el servicio y el poco peso de las centrales, frente a las dueñas de casa, la sexteta cubana sufrió la notable merma de Melissa, cuya faena ameritó la sustitución cuando apenas había logrado sumar cuatro puntos. Ante tales circunstancias, la capitana Sulian Matienzo tuvo que asumir también el mando ofensivo con 19 puntos, mientras que Jennifer Álvarez, la otra auxiliar, aportaba 15 cartones a la causa.

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