Ritmo

Autor:

Raiko Martín

Lima, Perú.— Que el 44 por ciento de los más de 320 000 internautas haya elegido las opciones de Vinicius y Tom para nombrar a las mascotas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos con asiento en esta ciudad, es una marcada muestra de que los cariocas están fuertemente ligados a la música.

Estos nombres rinden honores a dos figuras emblemáticas de la canción brasileña como Vinicius de Moraes y Tom Jobim, quienes pusieron letra y ritmo a la archifamosa Garota de Ipanema, una de las grandes referencias de la bossa-nova nacida por estas tierras.

Nada más aterrizar, uno se da cuenta de que está cerca de una de las sonoridades más sui géneris del planeta. Dicen los estudiosos que se trata de una mezcla entre la samba y el jazz, que surgió en la década de los años 50 del pasado siglo, y que constituye una «reformulación estética» dentro de la moderna samba urbana carioca.

De nada sirve a un nuevo visitante, llegado desde una nación tan musical como la cubana, los antecedentes previos. El ritmo de los cariocas, tanto para bailar como para asumir la vida, llega a sorprender.

Algo de esa energía melódica está presente en el tema oficial del inminente certamen multideportivo, el undécimo de su tipo desde que se hizo tradición en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. Mucho ha llovido desde aquel primer intento de canción olímpica Bienvenido a Montreal, interpretada por el cantante René Simard con apenas 15 años.

Cuatro años más tarde en Moscú fue el estonio Tõnis Mägi el defensor sin mucha trascendencia del tema Olimpiad, compuesto por David Tukhmanov y el poeta Robert Rozhdestvensky. Sin embargo —y siempre según los entendidos— no fue hasta la edición de Los Ángeles 1984 que una canción pensada para unos Juegos Olímpicos rozó la popularidad, aunque escuchada a la luz de los años Reach Out, de Paul Engemann, no me parece nada del otro jueves.

Claro, que no resulta tan liviana como algunas de sus sucesoras como Beijing Welcomes You facturada en 2008 y que sonó en la capital china; ni tampoco a la altura conceptual de lo hecho por el extraordinario John Williams para armar la banda sonora de Atlanta 1996.

Pero si ha existido alguna canción icónica para el movimiento olímpico, esa fue Barcelona, interpretada por la soprano Monserrat Caballé y el cantante Freddy Mercury en la edición de 1992, aunque le tocara competir codo a codo con la inefable interpretación de Amigos para siempre, armada por Andrew Lloyd Webber y Don Black para que Sarah Brightman y José Carrera la entonaran en la ceremonia de clausura en la Ciudad Condal.

Desde entonces —reitero que es mi criterio— el listón ha sido insuperable. Ahora llegan Thianguinho y Dj Projota con su Alma y corazón para cautivar al planeta a partir de un híbrido entre modernidad y folclor, entre rap y samba. El resultado es un ritmo alegre, contagioso, capaz de imprimirle el autentico sabor carioca a la fiesta. ¿Cuánto? Solo el tiempo dirá si alcanza la pasión que le han puesto al tema. Dice uno de sus versos que «sin sudor, el valor de lo adquirido es en vano».

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