¿Un comienzo iluminado? - Deporte

¿Un comienzo iluminado?

Aunque aún no llega la primera presea con sabor cubano, la actuación de los deportistas de la Mayor de las Antillas en lo que va de fiesta parece hasta el momento esperanzadora

Autor:

Raiko Martín

RÍO DE JANEIRO.— Aunque las acciones comenzaron un par de días antes, de forma oficial los Juegos Olímpicos con asiento en esta ciudad entraron este martes en su tercera jornada sin rastros de la primera presea con sabor cubano. Pero lejos de preocupar, la actuación de los deportistas de la Mayor de las Antillas en lo que va de fiesta parece hasta el momento esperanzadora. No por gusto dice un refrán que lo que bien comienza…

Para la comitiva de la Isla el «despertar» competitivo tuvo valores noticiables, ya que el arquero Adrián Puentes se estrenó en la ronda de ordenamiento con una tirada de 656 unidades, lo mejor de su trayectoria. En la mañana de hoy el muchacho comenzará sus duelos frente al mexicano Ernesto Boardman, mejor ubicado en el ranking, por lo que el avance a instancias superiores sobrecumpliría cualquier expectativa.

Un día después de la sencilla, pero espectacular ceremonia de inauguración, llegó la acción a los tatamis y le tocó romper el hielo a Dayaris Mestre (48 kg). Si bien se le escapó la posibilidad de acceder al podio, debido a cierta ansiedad y desafortunada estrategia, la muchacha regresa a casa con alguna dosis de satisfacción, pues llegó a la instancia semifinal de forma impecable, después de someter nada más y nada menos que a la campeona defensora Sara Menezes, respaldada por todo el graderío, y una de las favoritas para ceñirse la corona. Y eso también cuenta.

Asimismo, el gimnasta Manrique Larduet puso a buen recaudo las aspiraciones que trajo a esta cita bajo los cinco aros, y aunque un ligero desliz lo sacó de la final en el caballo de saltos, que parecía a tiro, toda Cuba seguirá pendiente de sus excelentes ejecuciones… y de las medallas que teóricamente pudiera conquistar. Sobre todo en las barras paralelas, aparato en el que logró la cuarta mejor nota durante la ronda de clasificación.

En las carreteras que bordean la famosa playa de Copacabana, Arlenis Sierra se agigantó hasta firmar la mejor actuación histórica del ciclismo cubano en una prueba de ruta olímpica.

Pedaleó en solitario para batirse a grandes exponentes de esta disciplina que llegaron hasta aquí con «escuderas» a su disposición, y que incluso rodaron con mejor suerte que la cubana, afectada por el ponche de una de sus ruedas y los desajustes sufridos por el timón de su bicicleta, los que tuvo que solventar en el camino y como pudo. Por eso, entrar a la meta en el lugar 28 es un gran premio a su constancia y entrega, algo que tendremos que valorar en su justa medida.

Puesto a elegir, hasta el momento la actuación más sorprendente de la comitiva cubana la protagonizaron los voleibolistas de playa, Nivaldo Díaz y Sergio González, después de silenciar a una enardecida afición que apoyaba a los suyos sobre las arenas de Copacabana.

Fue esperanzador verlos tan tranquilos y seguros, como si jugaran en las canchas de la Escuela Nacional de voleibol y del otro lado de la net no estuviesen dos hombres como Evandro Junior y Pedro Solberg, medallistas de bronce en la más reciente cita universal de ese deporte y una de la parejas mejor «ranqueadas» del planeta.

Quizá ninguno de estos atletas logre abrazar la gloria olímpica, pero nadie puede negar que llegaron hasta aquí para regalarnos lo mejor de su talento, y lo están logrando. Todavía son pocas las muestras para percibir hacia donde enfilará la representación cubana, pero en nuestras filas nadie ha estado por debajo de las expectativas traídas.

Para muchachos tan jóvenes como los gimnastas Randy Lerú y Marcia Videaux, por ejemplo, competir al máximo nivel, y además hacerlo bien, ya es suficiente mérito teniendo en cuenta lo largo que es aún el camino a recorrer.

A la Olimpiada carioca le resta mucha carretera antes de apagar su pebetero, y en ese trayecto irán apareciendo los exponentes más notables del deporte cubano. Y a uno, a pesar de no ser muy dado a las superticiones, no le queda más remedio que pensar en los mejores días que pudieran estar llegando. Y para ello, cruzo los dedos.

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