Nubes sobre Río

Buenas esperanzas deportivas de Cuba, el gimnasta Manrique Larduet y el judoca Asley González, no pudieron cumplir con los pronósticos de la delegación

Autor:

Raiko Martín

RÍO DE JANEIRO.— Esta ciudad, que presume de tener en su clima una de las maravillas que la distinguen, nos había regalado desde nuestra llegada varios de sus semblantes, pero ninguno tan nublado y frío como el de este miércoles. El trayecto matutino hacia el Parque Olímpico, ubicado en la zona de Barra de Tijuca, fue aderezado por la incómoda llovizna. No había sitio en el cielo por donde se colara el más mínimo rayo de sol, pero aun así el optimismo nos acompañaba. El gimnasta Manrique Larduet y el judoca Asley González lo merecían.

Pero entrada la tarde, todavía con los nubarrones sobre nuestras cabezas, se confirmaba que para la delegación cubana que asiste a los presentes Juegos Olímpicos no sería una jornada redonda. Si bien a pocos minutos del corazón de esta fiesta los boxeadores se mantenían imbatibles y aseguraban las dos primeras medallas de bronce, las buenas noticias no llegaban para dos atletas con grandes posibilidades de aportar premios a la causa.

Para Manrique, la oportunidad de luchar por la distinción de gimnasta más completo de la cita se le escurrió después de un desafortunado salto sobre el caballo. Entre la crema y nata de la gimnasia artística mundial, el muchacho de apenas 20 abriles abrió con una buena nota de 15.133, conseguida en la anillas y válida para terminar segundo después de la primera rotación.

Luego, una buena carrera, ejecución impecable, pero una aparatosa caída, que además de resentir las molestias con las que compitió en la fase de clasificación, fue castigada con una puntuación de 14.000. Con ella bajó hasta el lugar 16 entre los 24 aspirantes, una posición harto difícil de revertir, más arrastrando dolencias en uno de sus tobillos. Todo esto fue el preámbulo de una difícil decisión.

«Antes de la competencia habíamos conversado sobre lo que podía suceder, pero por su cabeza nunca pasó la posibilidad de abandonar en un momento tan importante. Él compitió por una decisión personal de representar a su país. Los médicos habían trabajado fuerte para recuperarlo durante los dos días previos y decidimos presentarlo. Pero después de resentirse le planteamos que parar era la mejor opción. El doctor le explicó que de continuar, se corría el riesgo de que se agravara la molestia y que no era lógico correr ese riesgo. Quedaba por hacer la salida de las barras paralelas, luego otra desde la altura de la fija, y también los ejercicios a manos libres, todo muy exigente. De no quedar esas ejecuciones, tal vez hubiéramos valorado otras opciones. Es un atleta muy joven, todavía está en su primer ciclo olímpico, y puede seguir dando muchas alegrías a Cuba, así que es muy importante cuidarlo», detalló Carlos Gil a los medios, después de confirmarse la salida de su discípulo.

El preparador aclaró que el objetivo fundamental fue preservarlo para que pudiera optar por medallas en las finales de barras fija y paralela, pactadas para el próximo día 16. «Tenemos seis días para realizar un proceso de recuperación y seguir luchando. Esta Olimpiada todavía no se ha acabado para Manrique. Los sueños se hacen difíciles, pero no imposibles, y esta es una batalla más que debemos enfrentar», agregó el preparador, quien se siente muy orgulloso de su discípulo.

«Así debemos sentirnos todos, porque vuelve a dar muestras de coraje y a sus seguidores pedimos confianza, porque estamos optimistas. Manrique es un guerrero», sentenció.

Ahora todo depende de la evolución del gimnasta santiaguero, quien hará lo que esté a su alcance para estar nuevamente peleando frente a muchos de los que hoy definieron al máximo acumulador de la justa. La distinción correspondió en el último momento al japonés Kohei Uchimura (92.365), quien ascendió al primer lugar después que el ucraniano Oleg Verniaiev (92.266) cerrara con una nota de 14.800 en la barra fija.

Para el nipón fue su segunda corona olímpica consecutiva del all around, algo que no sucedía desde que su compatriota Sawao Kato lo hiciera en las citas de México 1968 y Múnich 1972.

Por debajo del colchón

Cuando el juez señaló el shido —su cuarto en el combate—, al judoca cubano Asley González (90 kilogramos) se le unió el cielo con la tierra. La inmensidad de la Arena Carioca 2, en el Parque Olímpico de esta ciudad, fue tan pequeña, que el muchacho salió por donde pudo y sin detenerse ante los medios de comunicación, con el rostro contrariado, como si no asumiera que la derrota que acababa de sufrir fuese posible.

 

Asley (de blanco) no pudo repetir la
actuación de Londres 2012.

 

Asley (de blanco) no pudo repetir la actuación de Londres 2012. Foto: Juan Moreno

Muchas esperanzas estaban depositadas en Asley, desde que en Londres consiguiera una meritoria medalla de plata a este nivel. A partir de ese instante se consolidó, junto a su compañera Idalis Ortiz, como las caras del judo cubano, con las opciones más claras de brillar bajo los cinco aros.

Sin embargo, todas las posibilidades quedaron inertes sobre el tatami cuando en su tercer combate capituló frente al mongol Otgonbaatar Lkhagvasuren, en un deslucido duelo que tomó un cauce inesperado. El árbitro, con absoluta justicia, castigó par de veces la pasividad de ambos contendientes, y la tercera amonestación del cubano llegó por abandonar la zona de combate.

Entonces a Asley, quien al parecer no estaba al tanto de que le separaba solo un shido de la descalificación, le cayó otra sanción, esta por falso ataque, que diluyó todos sus sueños de mejorar la actuación de hace cuatro años en la capital británica. Toda una pesadilla para quien hizo de todo —incluido el paso por el quirófano hace un año— para llegar hasta aquí en perfectas condiciones físicas y sicológicas.

La más cruda realidad fue que Asley no estuvo a la altura de las circunstancias. Había comenzado su actuación dándole espacio a la lógica, pues no necesitó mucho tiempo para recetarle un ippón al desconocido boliviano Martín Michel, antes de someter, también sin muchos contratiempos, al ucraniano Quedjau Nhabali, uno que llegaba con el aval de ser séptimo en la cita universal de hace dos años.

Al final, la división fue ganada por el japonés Mashu Baker, quien venció en la final por apenas un yuko al georgiano Varlam Liparteliani. El ídolo local Thiago Camilo fue otro de los favoritos que quedó en el camino, también en su tercera presentación, pero a manos del desconocido azerí Mammadali Mehdiyev.

La salida de Asley sin preseas significa un duro golpe para las aspiraciones del judo cubano, privado ya de los premios a los que aspiraban Dayaris Mestre (48 kilogramos) y Maricet Espinosa (63) en la rama femenina, y los varones Magdiel Estrada (73) e Iván Silva (81).

Aunque entre los que faltan por asumir sus responsabilidades están Yalennis Castillo (78), José Armenteros (100) y Alex García (+100), las grandes posibilidades de subir al podio las llevará Idalis Ortiz, quien defenderá mañana la corona conquistada hace cuatro años en Londres.

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