Pasión por el béisbol

Desde el punto de vista deportivo, Fidel ha trascendido más por su interés por el béisbol

Autor:

Osvaldo Rojas Garay

Fidel ama igualmente el ajedrez, la natación y la pesca, pero no hay dudas de que desde el punto de vista deportivo, en Cuba y el mundo ha trascendido más su interés por el béisbol.

Durante su estancia en Estados Unidos, en 1995, Fidel expresó a los periodistas: «Lo que más saben de mí los norteamericanos es que me gusta la pelota. Claro, me gustan otros muchos deportes, pero cada norteamericano que nos visita me trae o una pelota, o un guante, o un bate, o un libro con una biografía de una gran estrella con la biografía de muchos, con los índices, los campeonatos, todo, a mí me identifican —y eso es bueno— como un deportista y como un pelotero».

Creo que no hay cubano que no haya visto la imagen en la que aparecen Fidel y Camilo vestidos con el uniforme de Barbudos y la antológica frase del Señor de la Vanguardia: «No estoy contra Fidel ni en la pelota», en el histórico partido desarrollado el 24 de julio de 1959, para recaudar fondos para el financiamiento de la Reforma Agraria.

Durante muchos años, Fidel estuvo presente en las inauguraciones o en decisiones del campeonato nacional. Periódicos y revistas lo reflejan lo mismo lanzándole la primera bola a Félix Isasi, que bateándole a Jorge Santín, Modesto Verdura, Manuel Amorós Hernández, Roldán Guillén, Ángel Lumumba García y a Antonio Chucho Rubio.

Dos glorias del béisbol, Gaspar Curro Pérez y Silvio Montejo, me confesaron que nuestro máximo líder asistió a casi todas las sesiones del entrenamiento del equipo Cuba que ganó la inolvidable Serie Mundial de República Dominicana, 1969. «Jugó en varios partidos con nosotros y me decía: “Curro, prepárate que tú eres mi relevo”», comentó el otrora estelar monticulista yumurino, héroe del mencionado campeonato del orbe.

Cincuenta y cinco minutos que cambiaron una vida

Innumerables momentos relacionados con el deporte de las bolas y los strikes dejaron la impronta del sentimiento profundamente humano de Fidel, como sucedió con el sobresaliente intermedista Juan Padilla Alfonso, después de aquel Día de las Madres del año 2000, cuando al desprenderse un gancho de la parte superior de su automóvil el capitalino perdió la visión de un ojo.

«Sentí que el mundo me había caído encima. En un momento se terminaba para mí el sueño de grandes metas que me quedaban por cumplir en el béisbol. Estaba solo a 86 hits de los 2 000, a 39 carreras de las mil anotadas, a siete dobles de los 300, a 87 de las mil impulsadas y tenía que olvidarme de mi aspiración de asistir a la Olimpiada de Sidney.

«Pero encontrándome en estado de recuperación en la casa de Cubadeportes, ocurrió algo que cambió por completo mi vida. Recibí la visita del Comandante en Jefe. Eran los días en que todo nuestro pueblo luchaba por el regreso del niño Elián González y Fidel en medio de tantas ocupaciones destinó una parte de su tiempo para venir a verme. Eso no lo hace ningún presidente de un país.

«Mi autoestima estaba por el suelo. Él me dijo: “Yo he visto a personas hacer cosas increíbles con un solo ojo”, y puso varios ejemplos.

«La conversación con el Comandante duró unos 55 minutos y cuando él se marchó ya yo era otra persona. Esa misma noche me puse a tirar una pelotica contra la pared.

«Me habían dicho que mi recuperación duraría alrededor de tres meses y puedo decirte que a los 33 días ya yo estaba jugando con los veteranos: Rey Vicente Anglada, Javier Méndez, Germán Mesa, Lázaro Valle, Rodolfo «Jabao» Puente, Rolando Verde y el difunto Eulogio Osorio.

«El primer día, un sábado, me ponché y hasta lloré, pero el domingo conecté jonrón y recordé todo lo que me había dicho Fidel».

Singulares desafíos

Imposible olvidar aquella noche del 18 de noviembre de 1999, cuando Fidel, en calidad de manager y Hugo Rafael Chávez Frías como lanzador e inicialista, protagonizaron un desafío inusual en el estadio Latinoamericano.

Chávez había presidido la delegación de su país a la IX Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana y realizó una visita de Estado de dos días a Cuba, la cual aprovechó para desarrollar un partido fraternal de béisbol.

Los huéspedes traían en sus filas a veteranos como Tony Armas, Jesús Cartagena y Víctor Davalillo. Por la Mayor de Las Antillas participaron, entre otros, Antonio Muñoz, Pedro José Rodríguez, Víctor Mesa, Lázaro Pérez, Rolando Macías, Rey Vicente Anglada.

El conjunto anfitrión abrió con Alfredo Street, quien soportó temprano un par de anotaciones; sin embargo, Cuba se fue delante en el final de ese mismo inning cuando Chávez —trabajó durante cuatro entradas— transfirió a Anglada y Rodolfo Puente, mientras Agustín Marquetti y Lourdes Gourriel conectaron de hits.

A mitad del choque, Fidel le hizo una broma a su par venezolano, al enviar al terreno, luciendo improvisadas barbas y bigotes, a peloteros que intervinieron en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en ese propio año, pero cuando entró en circulación Orestes Kindelán, un jugador bien conocido por Hugo Chávez, el Presidente venezolano descubrió la broma.

Más allá de la victoria de los cubanos con marcador de 5 a 4, el acontecimiento entró en la historia como una página inédita: el enfrentamiento amistoso de dos líderes de pueblos hermanos, representantes de la tierra de Simón Bolívar y José Martí. Así, pues, ganaron los dos equipos.

Antes de abordar el avión que lo llevaría de regreso a su patria, Chávez advirtió: «Les estaremos dando la revancha el año que viene».

Esta se dio en Barquisimeto, el 28 de octubre de 2000, día en que se cumplieron 41 años de la desaparición física del Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán. El juego terminó con éxito para los nuestros, 18 carreras a 6.

Tras finalizar el tope realizado en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez, Chávez tomó la bola para lanzarles a los integrantes de la delegación cubana. Al Presidente de la mayor isla caribeña lo llevó al conteo de tres bolas y dos strikes.

Un lanzamiento dudoso que el árbitro principal cantó strike, motivó el desacuerdo de Fidel, quien reclamó que era la cuarta bola, con lo cual dio un tono picaresco al espectáculo.

Transcurridos casi siete años, en mayo de 2007, al terminar el desafío entre Cuba y Venezuela que cerró el programa beisbolero de los II Juegos del ALBA, Chávez en tono de broma rememoró: «¿Se acuerdan del ponche aquel que le di a Fidel en Barquisimeto? Pues en realidad el lanzamiento fue bola, porque Fidel no se poncha nunca».

Una coincidencia

Siento un gusto especial por las coincidencias, tanto que prácticamente no escapo de ellas y en esta oportunidad no podía ser la excepción.

Resulta curioso que el 13 de agosto de 1939, cuando el Comandante en Jefe celebraba sus 13 años de edad, el equipo Cuba con Conrado Marrero en el box, registraba su primera victoria contra Estados Unidos en campeonatos mundiales de béisbol en un desafío que culminó: ¡13 carreras a 3!

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