Guerrero y campeón… hasta en muletas

Manrique Larduet luchó por su medalla hasta donde le permitían los límites de sus adversas circunstancias

Autor:

Raiko Martín

RÍO DE JANEIRO.— Como todos los que aquí compiten por la gloria, Manrique Larduet quería su medalla, y por ella luchó hasta donde le permitían los límites de sus adversas circunstancias. Pero el mejor gimnasta cubano del momento no necesita colgarse en el pecho ningún metal para saberse campeón en millones de corazones.

Su pesar, al culminar las ejecuciones, fue lógico y entendible, porque después de pasar por tanto no merecía que también la injusticia se cruzara en su camino. Este martes, en la Arena Olímpica de la Ciudad Maravillosa, el santiaguero derrochó talento y coraje, y demostró además que es un guerrero en toda la dimensión de la palabra, pero eso no fue suficiente para los responsables de repartir los premios.

El primero se le escapó en lo que dura un pestañazo. La postura de sus piernas en uno de los giros sobre las barras paralelas, tantas veces ensayado y ejecutado a la perfección, no fue la mejor, y los jueces le castigaron calificando su ejecución con 15.625 puntos.

Al final, fue poco para dar alcance a la crema y nata en este aparato a nivel mundial, encabezada ahora por el ucraniano Igor Verniaiev (16.041).

Sin embargo, en la barra fija Manrique mereció mejor suerte que las 15.033 unidades que le asignó el panel de ¿imparciales?, duda ineludible cundo se vieron otras notas más benévolas, apuntaladas por la subjetividad inherente a todos los deportes de arte competitivo.

«Yo no entiendo por qué la medalla no está en el cuello de Manrique», fue la certera respuesta del entrenador Carlos Gil, visiblemente contrariado por la evaluación de los oficiales. «No digo que la de oro, pero sí una medalla, porque lo que hizo en la barra fija fue para un 15.500. Esa era la nota que yo estaba esperando, pero en esto media la apreciación, y las cosas son como son», añadió con resignación.

Con una puntuación como esa no hubiese rebasado el 15.766 que logró el alemán Fabian Hambuechen, pero sí igualado el registro del cubano que compite por Estados Unidos Danell Leyva, quien fue el último en presentarse y terminó conquistando la presea plateada.

«Sin el fallo, lo que traíamos para las paralelas también era para pelear por el oro», expresó el preparador, quien consideró que el error de su pupilo le debe haber costado entre cinco y seis décimas, una penalización demasiado costosa en este nivel.

«De cualquier modo me voy muy contento con la seguridad de preparar al mejor gimnasta cubano de todos los tiempos, el único que tiene tres finales olímpicas —contando también la del all around—, y un quinto y un sexto lugar a este nivel. Hemos sufrido mucho aquí, pero a pesar de eso vamos a seguir hacia delante y vamos a seguir empujando a la gimnasia artística cubana», remarcó.

El joven preparador valoró de muy alto el nivel de la competencia, aunque era lo esperado ´por su alumno después de participar en varias citas de carácter universal. «Manrique llegó en perfectas condiciones físicas y mentales, pero en el deporte pasan estas cosas», agregó en referencia a la lesión sufrida por el muchacho justo antes de entrar en acción, y que condicionó todas sus posibilidades de éxito.

No obstante, Manrique logró recuperarse con mucho sacrificio durante las últimas jornadas, y por eso todos están agradecidos del trabajo realizado por el equipo médico «que no escatimó en horarios y dedicación para que pudiera salir a defender con honor a su país». También reconoció la gran cantidad de muestras de cariño que recibió el atleta, algo que constituyó un gran estímulo para ellos.

Y antes de concluir, Carlos quiso dejar algo bien claro. «Yo no tengo hijos. Manrique está conmigo hace nueve años y por eso lo quiero como si lo fuese. Bajo ninguna circunstancia hubiese permitido que compitiera, si eso ponía en peligro su salud y su carrera deportiva. Regresará más fuerte y mejor preparado porque todavía tiene muchas alegrías que regalar a quienes tanto nos han querido y apoyado» (Raiko Martín, enviado especial)

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