Los «sin límites» de Leidy

Una joven que pasó mucho tiempo en hospitales es campeona en el deporte y en la vida

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.— A los dos años su vida dio un giro imprevisto. Había nacido con los pies equinovaros y fue llevada al quirófano para tratar de corregirle la malformación. Sin embargo, después de la intervención quirúrgica apareció la gangrena y hubo que amputarle parte de las extremidades.

«Estuve muy grave; me salvaron milagrosamente. Después de eso tuvieron que operarme varias veces en el Frank País, de La Habana. Fíjate que mis cumpleaños 12, 13 y 14 los celebré en ese hospital. Una vez llegué a estar ingresada diez meses», cuenta hoy, a sus 32 abriles, Leidy Rodríguez Rodríguez, una muchacha con un anecdotario fantástico.

Ninguno de esos remolinos pudo frenarla, al punto de que es madre de un niño de 12 años y campeona parapanamericana en levantamiento de pesas, en los 41 kilogramos.

«Nunca me he puesto límites», me dice sonriendo para luego narrar que en los barrios humildes donde creció, Humilladero y El Congrí, alejados de la cabecera municipal de Bayamo, las niñas de su edad solían llevarla de la escuela a la casa «montada a caballito».

«No pude hacer la Secundaria Básica por los constantes ingresos, y eso es lo que más me ha dolido de todo lo que he pasado, pero, en resumen, soy una persona feliz», expresa.

«Mi mamá, Clarisbel Rodríguez Cuba, nunca pudo trabajar; se dedicó por completo a mí y a mis dos hermanas, Leyannia y Lennia, mayores que yo, aunque me llevan poco tiempo...».

Por eso su progenitor, José Rodríguez Guerra, a quien todos llamaban «Papito», fallecido hace cuatro años, resultó el modesto horcón económico de la familia y también el principal estimulador de las «travesuras» de Leidy.

«Él siempre me dio rienda suelta para todo. Yo hasta hacía Educación Física como podía, y en la casa no tuve barreras para las tareas domésticas, ni tampoco para los novios», confiesa con otra sonrisa.

Esto explica por qué cuando apareció la primera silla de ruedas sus padres no se espantaron con el retozo constante de sus compañeritas de aula, quienes convirtieron el aditamento en un carrito para dar vueltas, «que todo el mundo usaba».

«Siempre fui a las fiestas, a las descarguitas; hice una vida normal en ese aspecto. Tuve el primer novio a los 16 años, me casé a los 19 y parí a los 20; ahora mi niño, Osmai Mateo Rodríguez, va para la Secundaria Básica. Él ya se vale solo, pero antes, cuando pequeño, lo llevé muchas veces a la escuela primaria. Lamentablemente, nunca pude asistir a las reuniones de padres, porque las planificaban en segunda planta...».

Los padres también la apoyaron cuando sobrevino el divorcio o cuando, a los 20, decidió practicar baloncesto sobre silla de ruedas. «En realidad empecé por el embullo de un profesor. A él le faltaba una atleta para completar el equipo y me llamó, pero después me gustó y fui a competencias en varias provincias», relata y sonríe por tercera vez.

La expresión le sale del rostro porque este no fue el único deporte que ejercitó para rehabilitarse; incursionó en el voleibol durante un lustro y hace poco más de tres años, en el levantamiento de pesas.

Un muchacho llamado Yoander Arias, practicante de esa disciplina y a quien le falta una pierna, resultó el gran «embullador» para que diera el salto.

«No quería porque me parecía un deporte rudo; pensé que me deformaría el cuerpo, y mira… ahora me encanta; lo practico todos los días. Hoy les digo a todos los que llaman “limitados” que busquen en el deporte una vía para la rehabilitación y la incorporación a la sociedad».

En la halterofilia los resultados de Leidy han sido sorprendentes: después de varios títulos nacionales alcanzó el segundo lugar en un torneo clasificatorio desarrollado en México, y luego ganó la medalla de oro en los Juegos Parapanamericanos, celebrados en Toronto, Canadá. Gracias a este resultado fue seleccionada Novata del Año (2015) de Cuba en el deporte para discapacitados.

«Me emocioné mucho cuando me entregaron esa distinción en la gala nacional celebrada en La Habana; me acordé de tantas cosas...», rememora.

Ahora todos sus esfuerzos están centrados en los Juegos Paralímpicos, con sede en Brasil, en septiembre próximo. «He entrenado muy duro junto a mi profesor, Ramón Martínez, Guaso; al menos este año rompí el récord nacional cuando levanté 80 kilogramos, pero no me confío».

Leidy se autodefine como una mujer afortunada porque, pese a todos los percances, «he recibido la ayuda de muchos en la sociedad, especialmente de la gente de la Aclifim» (Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores), y pone como ejemplo el hogar donde vive desde 2002, en Micro V, en la ciudad de Bayamo, que recibió como integrante de esa organización.

Cuando le pregunto cuántas medallas más piensa ganar, su rostro se ilumina de nuevo y me contesta: «Yo apenas empiezo, tengo mucho que luchar todavía... ¡y mucho que ganar!».

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