Apretaditos, como en un baile

En juegos como los de este jueves había que hacerlo todo bien. Y aunque los más felices, esta vez, fueron los Tigres, se puede decir que en el orden emocional, Matanzas y Camagüey hicieron lo suyo

Autor:

Norland Rosendo

Los cuatro juegos de ayer se decidieron por la mínima. Visto los marcadores, fueron duelos reñidos. Y en esos partidos hay que hacerlo todo bien (o lo mejor posible) para ganar, aunque a veces la suerte y otras ayudas contribuyen a definirlos.

El más feliz de la jornada fue el equipo de Ciego de Ávila. Los Tigres completaron la victoria en el duelo sellado del miércoles y a continuación volvieron a dejar a los Alazanes de Granma a medio trote. Sin embargo, en el orden emocional, los más beneficiados fueron Matanzas y Camagüey. Y me explico.

Los Cocodrilos habían perdido tres partidos al hilo y su director estaba (y estará durante tres subseries) ausente del banco.

La ofensiva yumurina no había sido abundante en los últimos días y para colmo, Yoanni Yera había perdido el invicto también.

Sin embargo, no se puede negar que los matanceros están entrenados para jugar pelota con altura. Saben aprovechar todas las oportunidades que les ofrecen los rivales. Ayer, por ejemplo, gracias al corrido de las bases, aseguraron el triunfo.

Ante la ausencia por lesión del receptor titular de los Naranjas, Yulexis La Rosa, los corredores yumurinos se aventuraron más. En el tercer inning, Víctor Víctor se embasó por error del torpedero Michael González, se robó la segunda, ancló en tercera por roletazo al cuadro y de ahí fue remolcado por cohete de William Saavedra.

Con el juego empatado a dos anotaciones (por pifia del torpedero Yurisbel Gracial con las bases llenas), el propio Gracial conectó tubey en el sexto, estafó la esquina caliente y después pisó la goma con un machucón por el box.

Los anfitriones, en cambio, no tuvieron la misma suerte en lances que debieron ejecutar con oficio. Después de un cañonazo de Andy Sarduy en el octavo capítulo, el bateador falló en toque de sacrificio. Si esa jugada hubiera prosperado, quizá con el hit siguiente se hubiera vuelto a empatar el marcador. Antes, en el quinto, Sarduy no estuvo en «la viva» y fue puesto out en segunda, después que el tiro a esa almohadilla no fue retenido y había más corredores en circulación.

También hubo buenos engarces y hasta ayuda arbitral. Porque a Michael González lo poncharon en el noveno —cuando Villa Clara tenía en base a los hombres que representaban empate y ventaja— con dos envíos que «cayeron más cerca de primera base que de la esquina de home», como me escribió, medio en broma, pero molesto, uno de los tantos aficionados que se comunicaron conmigo a través del correo electrónico para expresar su desacuerdo con el conteo.

En el Cándido González, los Toros iban perdiendo en el último inning, cuando el refuerzo Julio Pablo Martínez hizo añicos la teoría del zurdo frente al zurdo y le cazó un lanzamiento a Liván Moinelo que mandó al otro lado de las cercas por el jardín derecho, para dejar al campo a Holguín. Fue la segunda victoria seguida de Camagüey frente a los Cachorros.

Y por último, desde Pinar del Río nos llegó la noticia de que el «rascacielos» Pedro Luis Lazo asumirá las riendas del equipo de aquella provincia en la próxima Serie Nacional. Esperemos que pueda conjugar lo aprendido de excelsos directores de esa tierra (Jorge Fuentes y Alfonso Urquiola) con su temperamento y sus ansias de ganar siempre. Será tan grande como su tamaño si combina el juego agresivo con la disciplina, el respeto a sus atletas, al público y a los árbitros.

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