Boquetes por doquier

En teoría, tras la adquisición de los refuerzos para la segunda fase, cada equipo cubrió sus flancos más débiles, pero en la práctica siguen quedando a la intemperie las grandes carencias defensivas que lastran la calidad del béisbol cubano

Autor:

Raiko Martín

Acabamos de «probar» lo que pudiera ser un anticipo del banquete final en la actual temporada beisbolera. El mejor equipo de la campaña visitó al campeón defensor de la corona, y durante los tres choques celebrados en el José Ramón Cepero avileño se bateó muchísimo —media de 25 imparables por partido—, pero mucho más escandalosa resultó la cifra de pifias cometidas.

Llama poderosamente la atención que entre los dos equipos que encabezan la tabla de posiciones se hayan repartido 19 errores en toda la subserie, y la mayoría de ellos terminaron pesando mucho en el desenlace de los choques.

Este lunes, después de un cañonazo a la pradera izquierda de Yorbis Borroto con las bases llenas en el segundo episodio, Yasiel Santoya violó alevosamente el manual de los jardineros ante este tipo de conexión. La pelota pasó bajo su guante, rodó justo hasta el límite del terreno, suficiente para que los locales comenzaran a descarrilar las aspiraciones yumurinas de salir airosos de la guarida de los Tigres.

En la jornada dominical —aprovechada por el refuerzo vueltabajero William Saavedra para llegar al centenar de vuelacercas— estas novenas protagonizaron un choque con nueve pifias en la hoja de anotación. En total fueron 15 durante la doble cartelera, una prueba más de lo contraproducente que resultan estas agotadoras jornadas que, como se ha anunciado, seguirán en cartelera. Y si estas son las nóminas más encumbradas, ¿qué quedará para el resto de los candidatos?

En teoría, tras la adquisición de los refuerzos para la segunda fase, cada equipo cubrió sus flancos más débiles, pero en la práctica siguen quedando a la intemperie las grandes carencias defensivas que lastran la calidad del béisbol cubano.

No muy lejos de la tierra de la piña la historia fue parecida, pues en predios agramontinos los villaclareños y anfitriones compilaron entre ellos cinco marfiladas durante el choque que certificó la barrida de los Naranjas.

Los dirigidos por Vladimir Hernández castigaron bien temprano al refuerzo santiaguero Danny Betancourt, pero gran responsabilidad en el éxito tuvo Yandy Canto, primero con el doblete, que en el séptimo episodio rompió el abrazo, y luego con otro batazo similar en el noveno cerró el lazo a los Toros.

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