Béisbol cubano: la hora de la verdad

Como una fuerza telúrica, el béisbol estremece por estos días, y de una punta a la otra, toda la geografía cubana

Autor:

Raiko Martín

Como una fuerza telúrica, el béisbol estremece por estos días, y de una punta a la otra, toda la geografía cubana. Porque no importa que la final de la Serie Nacional, en su versión número 56, involucre a los equipos de Ciego de Ávila y Granma, pues cada aficionado del país ya ha elegido bando y se apresta a disfrutar un excitante pulso al mejor en siete partidos.

Nunca antes los Alazanes granmenses habían trotado hasta un segmento definitorio y eso hace de esta una histórica campaña, en la que los Tigres avileños, si conquistan por tercera vez consecutiva la corona, ya pueden certificar una dinastía.

Inmensa es la fe que tienen en los suyos los seguidores de ambas novenas y prueba de ello ha sido el respaldo que han dado a lo largo de todo el curso. Además, la proximidad de la Serie del Caribe que llevará al campeón cubano hasta la ciudad mexicana de Culiacán, y del IV Clásico Mundial, disparan las expectativas, sobre todo porque el resultado pudiera influir en la designación del mánager de la selección nacional, que todavía es un misterio.

Desde que consiguieron clasificar a la postemporada en Granma no ha parado la fiesta. Sin embargo, el punto de ebullición de los festejos llegó después de protagonizar una impresionante remontada para superar a Matanzas en uno de los cruces semifinales.

Los yumurinos, dirigidos nuevamente por el polémico Víctor Mesa, dominaron de forma demoledora los dos tramos clasificatorios hasta lograr 70 triunfos, nueva plusmarca en el béisbol cubano para campeonatos de 90 juegos. De tal forma, salían como amplios favoritos para aspirar a un cetro que se les había escurrido entre los dedos en las últimas cinco versiones de la serie.

En esta ocasión llegaron al sexto partido con ventaja de 3-2 en el pulso, pero con dos derrotas sucesivas en sus predios —la última con una soberana paliza—, la afición matancera, lista para disfrutar de los fuegos artificiales, pasó del éxtasis a otra nueva desilusión, de la que será difícil recuperarse.

Con ese desenlace, la tropa dirigida por Carlos Martí firma su mejor actuación histórica en estas lides y el optimismo en sus parciales se nota por doquier. El experimentado timonel ha logrado redondear una nómina exitosa, que apuntalada luego con los reglamentarios refuerzos se ha convertido en una maquinaria ofensiva temible, encabezada por el  slugger Alfredo Despaigne, quien acaba de firmar su mejor temporada en la Liga Profesional japonesa.

No obstante, la misión de coronar por primera vez será compleja, pues en la otra trinchera tendrán a un equipo de Ciego de Ávila que ha demostrado un envidiable equilibrio en todas sus líneas, con jugadores maduros, capaces y acostumbrados a lidiar muy bien con la presión de estos desafíos.

A favor de los felinos está el mayor descanso y la historia. Sin dudas, parten como favoritos después de liquidar en seis juegos su tope semifinal con Villa Clara, uno de los cuatro grandes de la pelota cubana que, después de varios tropiezos, satisfizo a sus fanáticos haciendo regresar una postemporada a la Ciudad Naranja.

Mas el estratega Roger Machado no debe perder de vista el exceso de confianza y eso lo saben sus parciales, quienes hace un año vieron dilapidar una ventaja de tres triunfos que le obligaron a una consagración in extremis.

Así las cosas, el banquete está listo, las esquinas preparadas para las tertulias beisboleras, y dos ciudades repletas de ilusiones y con motivos suficientes para celebrar. Porque aunque ande viviendo sus momentos más bajos, el béisbol sigue siendo la mayor pasión en la Isla.

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