Con el sol del Caribe

Ya el equipo Cuba conquistó una vez Tokio. Ahora va por la segunda. Menuda batalla la que se avecina contra samuráis, holandeses e israelíes

Autor:

Norland Rosendo

TOKIO, Japón.— Cuando terminó el juego contra Australia, la mayoría de mis compañeros del equipo de prensa se lanzaron, raudos, a hundir teclas maratónicamente para contar historias. Que las hubo. Después de la nota de portada de la edición de ayer, yo preferí darle una siesta a las ideas; incluso, por vez primera desde que estoy aquí dormí bien. ¿Sería por la victoria?

Y ahora, mientras ellos duermen, yo estoy frente a la PC, tratando de ajustar al blanco y negro los tantos colores con que los muchachos de Carlos Martí pintaron las ilusiones y las esperanzas de los amantes del béisbol cubano.

Era, se sabía, un juego de todo o nada. El propósito de sobrevivir en la competencia dependía de una buena cacería de canguros. Que no eran los de años anteriores, estos venían con más habilidades, más maduros, y nosotros, se sabe también, menos contundentes que en las tres ediciones precedentes.

Para los que gustan de las curiosidades: dos veces han jugado estos elencos en Clásicos y siempre ha ganado Cuba. Ambos éxitos por la mínima. Y en ambos, por un bambinazo.

Con el batacazo de Alfredo Despaigne aquí se sintieron los gritos de Cuba. Una Isla entera a coro. Acompañada por voces de medio mundo. Y con los últimos outs a la cuenta de Miguel Lahera, cuando el marcador estaba ajustadísimo, se soltó la conga tropical.

Ahhh, Lahera. Qué injustos contigo. El jonrón se robó el protagonismo, pero tus rectas que sonaban en la mascota de Frank Camilo como cohetazos, no fueron menos. Tu gesto, inmortalizado por el lente de Ricardo López Hevia con el out 27, me sugiere, atrevido yo, modificar el título de una canción, con permiso de Silvio Rodríguez: Lahera está poniendo un corazón…

Y Roel, que no sé a qué santos se encomendó, pero no ha creído en lanzadores diestros ni siniestros. Lleva seis hits en 11 veces al bate. Contra Australia fue el que prendió la mecha en el quinto capítulo. «Y voy a seguir así, para ayudar al equipo, porque queremos estar en Los Ángeles», me dijo.

No todos han estado como quisieran. Hay algunos más presionados. A otros se les ve en el banco los deseos que tienen de que les digan: «Arriba, te toca». Es un equipo, es el «Cuba».

Igual sucede con las jugadas, con las decisiones. Las tácticas y estrategias de las que ya escribimos hace unos días. Le tocan a Carlos Martí. Es el director, el hombre que guía con la batuta de su prestigio y de sus más de 40 años en el giro de la pelota, los destinos del juego. Que concordemos, puede ser; que no, también.

Ya, por lo menos, logró el propósito de clasificar a la segunda ronda. Y fue consecuente con la ruta diseñada. Otros, presionados por las circunstancias, hubieran improvisado cambios, pero Martí no.

JR le pidió un mensaje para los que dudaron y él solo dijo: «El béisbol es pasión para todos en Cuba, muchos tenían un criterio diferente al mío sobre el manejo del pitcheo, y yo los respeto. Nosotros planificamos desde La Habana que los juegos importantes eran contra China y Australia, porque Japón es dos veces campeón del Clásico y tiene un gran equipo; dicho en el argot popular, no íbamos a gastar balas que nos fueran a hacer falta durante los dos partidos decisivos».

—¿Y por qué Yoanni Yera antes que Vladimir García para relevar a Lázaro Blanco?

—Porque venían un bateador derecho y dos zurdos después, y todo eso se piensa. Sabíamos que Vladimir podría tirar dos o tres innings, pero esta gente (los australianos) es peligrosa con la bola rápida, por eso la precaución, pues ellos tienen más problemas para batear los rompimientos.

—¿Le dijo algo a Despaigne antes de ir al cajón de bateo en el quinto inning?

—No, fue él el que dijo: «Voy a buscar un palo», así, a lo cubano.

—Con ese Grand Slam usted se relajó un poco, se le vio respirar hondo, sonreír…

—Es que estos juegos son muy tensos, y yo llevo como dos meses así, desde los play off de la Serie Nacional.

—¿Podría esperarse algún cambio en la alineación para el juego frente a Israel?

—Quizá, depende de lo que evaluemos en el grupo de dirección.

Ya el equipo Cuba conquistó una vez Tokio. Ahora va por la segunda. Menuda batalla la que se avecina contra samuráis, holandeses e israelíes. Pero el sol del Caribe quema, quién quita que espante, una vez más, el invierno de estos días aquí.

Carlos Martí logró el primer objetivo: avanzar a la segunda ronda.

Lahera cerró el duelo a todo tren.

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