Clásico loco

Como van las cosas, lo mejor es no hacer ni un pronóstico más en esta cita de béisbol

Autor:

Norland Rosendo

TOKIO, Japón.— Señores, como van las cosas, lo mejor es no hacer ni un pronóstico más. Israel, de «mendigo» del grupo A, pasó a rey imbatible. Es verdad que su nómina está conformada por jugadores que se han pasado la vida en los estadios estadounidenses, pero esta es su primera incursión en los clásicos, y ya están en la segunda fase. Y pidiendo vía.

Del otro lado del Pacífico la historia también está deparando sorpresas. Italia, primero dejó al campo a México en la casa de los Charros de Jalisco y dejó con los deseos de cantar rancheras a los miles de aficionados que acudieron a la instalación.

Y después, en su último duelo, estuvieron cerca de su segundo triunfo, nada menos que ante la selección de Venezuela, una de las favoritas para animar la final en Los Ángeles.

Al concluir los nueve innings el partido iba empatado a diez carreras, pero en la entrada siguiente Martín Prado remolcó con doblete a José Altuve, que se había embasado por sencillo, y así se consumó un triunfo que les sirvió como salvavidas a los dirigidos por Omar Vizquel.

Digo salvavidas, porque en su salida anterior los venezolanos habían caído por un marcador que nadie imaginó: 11-0, fuera de combate en siete capítulos, ante la escuadra de Puerto Rico.

Pero ahí no queda todo. La novena de Estados Unidos también necesitó un inning más para poder derrotar a la de Colombia en el estadio de los Marlins de Miami. Incluso, los anfitriones estuvieron durante medio juego debajo en el marcador, por 0-2.

Parece que los cafeteros se embullaron con esa resistencia ofrecida a los locales, y ayer lograron un importante éxito a expensas de Canadá, con pizarra de 4-1, con lo cual ya dejaron sin opciones a los norteños.

En choque de gigantes, el elenco de República Dominicana estuvo mejor anoche que el de Estados Unidos, al vencerlos 7-5.

Lástima que con el cambio de hora hoy sea imposible esperar por el resultado del partido entre Cuba e Israel. Tendremos tiempo después para valorar lo sucedido aquí en el majestuoso Tokyo Dome, donde los muchachos de Carlos Martí ya se sienten como en casa y han entrenado fuerte para esta segunda fase del torneo.

A este redactor le ha agradado ver a los atletas salir al terreno durante las prácticas sin ninguna presión, relajados, pero concentrados. Ayudándose unos a otros. Animando a los que no han podido demostrar todas sus potencialidades.

Ya cumplieron el primer objetivo, y ahora se sienten más optimistas. Una colega de la TV japonesa, que ha estado más de 30 veces en Cuba, me dijo antes de empezar el juego: «Van a hacer historia, clasificarán a la semifinal».

Solo sonreí. Y miré hacia las gradas del jardín izquierdo, donde mismo cayó el batazo del triunfo frente a Australia, acababa de picar otro bambinazo de Alfredo Despaigne en sus prácticas de bateo. Muevo la cabeza y la colega me dice: «¿Viste? Dará otros así en los juegos de verdad».

Si van a seguir las «locuras» que sean para bien de Cuba. Contra Israel es la primera vez que jugamos, pero ante Japón tenemos deudas de los clásicos, solo un triunfo en cinco partidos, y frente a Holanda la espinita atragantada parece una aleta de tiburón. En los últimos seis años hemos caído también en cuatro de los cinco duelos sostenidos con los Tulipanes, según datos aportados por el colega Osvaldo Rojas Garay.

Y en el Clásico pasado nos dejaron con los deseos de avanzar a la semifinal, al ganar por 7-6, en un duelo que «mandó» a varios aficionados para las salas de cardiología. Esperemos por la revancha.

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