El pecado contra Israel

El equipo de Cuba cayó en su primer juego de la segunda ronda, con pizarra de 4-1, y está obligado a vencer a Japón y Holanda para aspirar a las semifinales

Autor:

Norland Rosendo

TOKIO, Japón.— En la pelota moderna, en la grande, siete boletos (más uno intencional) son un pecado. De los que se pagan a precio de pasaje a la Luna. Lo sabe todo el que sigue este deporte, y no lo niega Carlos Martí, el timonel de la nave cubana que ha tenido un aterrizaje forzoso en su primer vuelo de la segunda ronda del 4to Clásico Mundial de Béisbol.

Antes del inicio del torneo, nadie hablaba de Israel. O de los jugadores que visten ese uniforme, porque solo uno nació en Tel Aviv, los demás, si acaso, van de turismo al país de sus ancestros. Hablan más fluido el inglés que el hebreo. Los une, eso sí, haber jugado en los diferentes circuitos de Estados Unidos, su país natal, y la religión judía.

Pero eso era antes. Ahora son la comidilla de la prensa. Ganaron invictos su grupo y ayer extendieron a cuatro su paso triunfante, a expensas de un equipo Cuba que se vio maniatado por lanzadores veloces, sobre las 94 y 95 millas por hora.

Algunos les dicen el USA B o USA C. Igual que a Italia, que tiene solo dos hombres que nacieron en la península europea. Pero este torneo, en aras de ganar en calidad, en competitividad y a tono con los tiempos de la globalización, no tiene restricciones en ese sentido.

Más allá de saber de dónde son los cantantes, lo que hay que decir es que cantan bien. Y no sería para nada una sorpresa que Israel, que asiste a su primer Clásico, se cuele entre los cuatro de Los Ángeles, la ciudad donde nació Jerry Weinstein, su director. Tienen equipo para lograrlo.

De sus lanzadores, solo uno, el que es nativo del medio oriente, no ha pertenecido a ninguna de las organizaciones de las Grandes Ligas. El abridor frente a Cuba, Jason Marquis, alcanzó 124 victorias en 16 temporadas en la Gran Carpa. Suficiente ese dato. El resto de la nómina también ha tenido o tiene vínculos con los circuitos de la MLB.

En el primer partido que sostiene Cuba contra Israel en competencias internacionales de primer nivel, los nuestros se quedaron cortos. Pero vale la aclaración anterior, porque obviarla sería minimizar demasiado a Cuba o exaltar a un país que no tiene tradición en este deporte.

Contra ese equipo, Cuba perdió. El «Cuba» que como dice Carlos Martí solo tiene dos hombres con experiencia en ligas profesionales de jerarquía: Frederich Cepeda y Alfredo Despaigne.

Dicho en otras palabras, ese conjunto que representa a Israel, sin ser nada del otro mundo, es superior al caribeño. Tiene team work, se nota que entrenaron juntos, que se prepararon para este Clásico.

Marquis toleró la única carrera en el segundo, cuando Despaigne despachó su tercer jonrón del torneo. Luego se le embasaron dos hombres más: William Saavedra por boleto y Yurisbel Gracial con hit de piernas por el campo corto. Pero Carlos Benítez, que a mi juicio merecía haber visto el juego desde el banco, no pudo siquiera sacrificarse en toque y terminó ponchándose para atizar el fuego con el que muchos cocinan a Martí por su tozudez de dejarlo en el line up.

A seguidas, ni Frank Camilo ni Yoelkis Céspedes pudieron sacar la bola del cuadro.

Foto: Ricardo López Hevia

Los israelíes empataron en el cuarto, aprovechando uno de los pasajes gratis de los lanzadores cubanos, y con dos outs por ponche, un lineazo pegado a la almohadilla de tercera del cátcher Ryan Lavarnway permitió que el corredor hiciera score desde la inicial.

En el sexto se rompió el abrazo. Tras un sencillo, otra base por bolas, un cañonazo impulsor y un doblete que remolcó una más. El puntillazo fue en el octavo. Empezó —cómo si no— con boleto, y ese hombre entró con la cuarta carrera para su equipo.

Pero las bases por bolas no son tan malas si de dan cuando hacen falta, en la azotea del octavo, con dos outs y un corredor en circulación, a Cepeda y a Despaigne no les tiraron ni un strike. Saavedra después bateó un manso roletazo por la antesala que sirvió para forzar y sepultar la que parecía la última esperanza de los antillanos.

Ahora, algunos puntos de vista:

Martí movió su banca, puso a Jefferson Delgado a batear y el muchacho logró llegar quieto aparatosamente a primera con un machucón por tercera. Yordan Manduley reemplazó a Benítez como camarero. Yosvany Alarcón sustituyó a Frank Camilo, que en el juego anterior se dio un golpe y era aconsejable evitar una lesión.

Pero el pitcheo sigue siendo la nota más baja del examen. Salvo Entenza que esta vez sí caminó bien, ni Yoanni Yera, ni José Ángel García, ni Liván Moinelo se comportaron con elegancia.

Foto: Ricardo López Hevia

Por segunda vez el Barbero de Guanajay, acostumbrado a dar los últimos tres «cortes» en los partidos, fue llamado a mitad de juego, en un cambio de roles que a pocos gusta, y lo peor, que sale mal.

Ahora, Los Ángeles quedan más lejos para los cubanos. Tras el descanso de hoy, les queda batirse con Japón y Holanda, par de huesos durísimos de roer en los últimos años. Ojalá Martí se embulle y le dé agua al dominó con la alineación.

Si no hay inconvenientes de última hora, Vladimir Baños tirará las serpentinas contra los samuráis y Lázaro Blanco frente a los Tulipanes.

 

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