El árbol, el bosque y el futuro

Es tanta la sed de triunfo del béisbol cubano, que cuando ocurre el milagro la gente lo festeja como el hallazgo de un pedacito de oro en el patio de la casa

Autor:

Norland Rosendo

«El equipo Cuba quebró la racha negativa. Al fin, otra victoria. Águilas no vuelan sobre el Caribe». Por ahí andan los titulares de prensa, después de que este lunes la selección que dirige Roger Machado enderezara el rumbo victorioso en la liga Can-Am, frente al equipo de Trois-Rivieres (12-1), tras una larga cadena de ocho derrotas seguidas.

Es tanta la sed de triunfo del béisbol cubano, que cuando ocurre el milagro la gente lo festeja como el hallazgo de un pedacito de oro en el patio de la casa.

No creo que lo más importante de la participación cubana en el circuito Can-Am sea terminar con más triunfos que derrotas. Si sucede, mejor. Este es un circuito que supera en calidad a nuestra Serie Nacional. La clave está en aprovechar eso.

Hacía tiempo que Cuba no tenía prácticamente a dos equipos jugando a la vez en el extranjero, y dentro de poco, serán tres (cuando haya otro elenco en Holanda). Con todo lo menguado que pueda estar nuestro pasatiempo nacional y pese a los que se han ido a probar fortuna en otros lares, la Can-Am es una oportunidad que debe dejar, sin dudas, un saldo siempre favorable.

Entre los peloteros contratados en el béisbol profesional japonés, en la Intercountry League y los elencos locales de la Can-Am —estas dos últimas en Canadá— suman 15 atletas, y diez de ellos estuvieron en la selección que jugó en el pasado Clásico Mundial, y otros dos han sido también regulares en recientes conjuntos nacionales. O sea, casi que son un equipo.

La nómina insular que bajo las riendas de Roger Machado compite por segundo año consecutivo en la Can-Am incluye a muchachos que necesitan probarse en un béisbol superior, más exigente.

El alto mando ha mantenido juego tras juego a jóvenes como Yoelkis Céspedes, Guillermo Avilés, Víctor Víctor Mesa y Norel González, y en menor medida, pero consciente de su futuro, al receptor Ariel Martínez.

Todos tienen mucho que aprender y corregir. Aunque Céspedes (.383-.482), Avilés (.367-.406) y Norel (.347-.385) están entre los cinco con mayor average y promedio de embasamiento (OBP) en el equipo, solo superados por ese tunero que nunca anda con el bate dormido: Yosvani Alarcón (.417-.447).

Son esos prospectos, sin embargo, los que más se ponchan. Los dos granmenses van por una decena de «tazas de café amargo» y el villaclareño tiene ocho, una más que Víctor Víctor, quien compila solo .163 de promedio ofensivo y .250 de OBP. Cada turno al bate es para ellos un aprendizaje, la posibilidad, entre otras cosas, de conocer envíos que no se lanzan con frecuencia en Cuba.

Hasta ahora, la Liga Can-Am es —por los números— par de tallas más grande que la que «usan» los lanzadores cubanos. Solo Bladimir Baños el primer día y Yoanni Yera ayer han tenido aperturas de calidad. Pero este es un torneo estratégico para el desarrollo de Yosver Zulueta, Ulfrido García, Yariel González, Frank Luis Medina y compañía.

Hay datos que auguran un buen futuro en esta pléyade de jóvenes. Por ejemplo, en el pasado Clásico Mundial, el staff insular (incluidos Vladimir García, Lázaro Blanco, Miguel Lahera, Liván Moinelo y Raidel Martínez) regaló 30 boletos en seis juegos, a razón de cinco por partido. Sin los mencionados y en el doble de desafíos, ahora el rejuvenecido cuerpo de serpentineros criollo ha regalado 52 pasaportes gratis (menos de cinco por cada nueve innings).

Pero este no es momento para hablar de resultados, de estadísticas; ni para hacer valoraciones cuantitativas. Más que un triunfo o una derrota, veamos mejor el crecimiento, la progresión, el desarrollo de los atletas —y también cómo se juega en el mundo—, que es lo que podrá darnos la victoria en los torneos a los que sí se va a buscar medallas.

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