Yania Aguirre quiere victoria

A la taekwondista cubana Yania Aguirre le faltan centímetros para alcanzar la estatura de la mayoría de sus rivales, pero compensa su metro y 61 centímetros de talla con el deseo y la agresividad al pelear

Autor:

Julieta García Ríos

Se pudiera decir que a la taekwondista cubana Yania Aguirre le faltan centímetros para alcanzar la estatura de la mayoría de sus rivales, pero en el tapiz ella guapea. Compensa su metro y 61 centímetros de talla con el deseo y la agresividad al pelear.

Arlen González, quien fuera su entrenador, la describe como una atleta aguerrida, inteligente y fiel a la táctica.

En su carrera deportiva, hubo quienes no apostaron por ella. Por eso debió esforzarse más y, para su fortuna, contó con el apoyo incondicional del prestigioso entrenador Ramón Arias. Asesorada por él, conquistó la medalla de bronce en el Mundial de Puebla 2013 y el título en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.

Desde Chile, donde hoy presta servicios en la selección nacional, comenta Arias de su discípula: «Yania tuvo la suerte de estar en sus inicios al lado de grandes atletas como Cuquita (Daynellis Montejo), (Yanelis) Labrada o Taimí (Castellanos). Trabajar con ella fue fácil, creía en mí. Fue un soldado incondicional. La respeto y quiero».

Hoy domingo, la capitalina de 28 años de edad será la primera en competir por Cuba en el Mundial del deporte, que se realiza en Muju, Corea del Sur, entre los días 24 y 30 de junio. La indonesa Seema Kannaujiya es su primera oponente.

Horas antes de partir a Muju, JR conversó con esta atleta, quien por cuarta vez participará en un Mundial, al que llega después de haber sido madre. Y asegura estar muy optimista. «Espero un buen resultado, hace mucho me preparo para ello», agregó.

—¿Qué cambios notas en ti tras la maternidad?

—Tengo mayores deseos de ganar, me esfuerzo más, porque quiero que mi niña sienta orgullo de mí. En enero de este año me incorporé a la preparación con 15 kilogramos más de lo habitual. Primero me enfoqué en el plano físico. Y como ves, recuperé totalmente mi peso, algo que fue fácil.

—Los nuevos cambios en el reglamento, ¿te favorecen o te perjudican?

—Por lo que hemos estudiado han sido buenos. El taekwondo estaba muy aburrido, lo que se hacía era una esgrima con los pies. Ahora vamos más motivados a pelear. Las acciones serán más fluidas, y al evitar el choque de piernas, nos protegemos de lesiones.

—¿Cómo fueron tus experiencias anteriores en los mundiales?

—Al primero, en Copenhague, Dinamarca, en 2009, era juvenil y fue mi debut internacional. Estaba deslumbrada. Aquello me parecía inmenso. Todo era nuevo para mí. El profesor Arias logró calmarme, y empecé a ver las cosas con naturalidad. Fui quinto lugar, y quedamos contentos con mi actuación. Esa vez Taimí Castellanos ganó plata, única medalla para el país. En 2011, no asistimos. Y en 2013, en Puebla, México, Cuba fue segundo lugar por países. Glenhis Horta y Rafael Alba ganaron oro, y Yamisel Núñez, Robelis y yo cogimos bronce. Si no avancé más, fue por errores tácticos. En el combate se toman decisiones en fracciones de segundo, y no siempre aciertas. En ese triunfo fue determinante la base de entrenamiento que, antes del torneo, hicimos en Puebla.

—En Chelyabinski no te fue igual…

—No. Ese Mundial fue en mayo, y nuestra competencia fundamental, los Juegos Panamericanos, era en julio. Para esa fecha se esperaba que alcanzáramos la forma óptima. Yo perdí la primera pelea. Aunque tuve ventaja hasta el segundo asalto, me perdí en el último. Pese a la derrota, mi profesor me animó. «En Toronto lo haremos mejor», me dijo. Y así fue. Todavía disfruto esa victoria. Cuando me acuesto y cierro los ojos, entre mis mejores momentos vuelvo a revivir ese día, la discusión por el oro con la mexicana Itzel Manjarrez y la victoria de 10-9.

—Entonces 2017, ¿cómo vas a Corea del Sur?

—La preparación ha sido buena. A mí me chocó un poco reincorporarme al equipo y comenzar a trabajar con Amaranto, mis compañeras de equipo desde septiembre estaban con él. Cada maestro tiene su método, pero he logrado reinsertarme bien y adaptarme a las nuevas condiciones del entrenamiento y del reglamento.

—Arias y Amaranto, cómo describes a cada uno

—Los dos son peleones, y yo protestona, así que estamos encontrados. (Ríe). A Arias lo respeto porque siempre me demostró tener razón. Amaranto fue mi profesor, desde la categoría escolar. De entonces acá no ha cambiado mucho. Y también confío en él.

Hay un brillo especial en la mirada de Yania, quiere volver a subir a lo más alto del podio, escuchar el himno de Cuba, sentirse reina… Ahora la acompaña Amaranto Deslisle, él fue el joven que la enseñó a competir en la etapa escolar y con quien vuelve a un Mundial para disfrutar cada combate.

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