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Grupo B: Entre dos está el juego

Y es que luego de que quedaran conformadas las ocho llaves, la conclusión que pudo sacarse de inmediato fue que ninguna de ellas cuenta con presencia de al menos tres selecciones lo suficientemente fuertes como para lamentar que una quede fuera de la fase de octavos

 

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Cuando se realizó el sorteo para la próxima Copa del Mundo de Fútbol, de la que Rusia será sede a partir de la segunda quincena de junio, la opinión generalizada entre los especialistas fue que el reparto de los equipos había sido posiblemente el más equilibrado de las últimas ediciones, ausente como estuvo para la mayoría el habitual «grupo de la muerte».

Y es que luego de que quedaran conformadas las ocho llaves, la conclusión que pudo sacarse de inmediato fue que ninguna de ellas cuenta con presencia de al menos tres selecciones lo suficientemente fuertes como para lamentar que una quede fuera de la fase de octavos.

Uno de los ejemplos más ilustrativos de la anterior idea resulta el apartado B, donde claramente se observa una división entre dos pares de selecciones cuyas opciones de progreso en el espectáculo futbolero no podrían estar más encontradas.

De un lado aparecen nada menos que España y Portugal, los primeros avalados por dos Eurocopas y un título del orbe conseguidos entre 2008 y 2012, por una generación de las más estelares que jamás se plantaron sobre la cancha; los otros, vigentes campeones del Viejo Continente, tampoco son segundos de nadie.

En la otra orilla, a priori bastante lejana, se colocan Marruecos e Irán, cuyo pasado reciente no hace presagiar en propios o extraños una actuación especialmente memorable.

Así, por un lado los hombres de Julen Lopetegui deben viajar al gigante euroasiático con una convocatoria en que se mezclen la experiencia de la «era Del Bosque» con las ansias de gloria que trae la sangre joven. Los Iniesta, Silva, Ramos y Busquets deben conformar junto a Morata, Koke, Isco y Aspas un equipo más que sólido y con talento suficiente como para colocar a «La Roja» de nuevo en lo más alto.

Algo parecido pasará con los lusos, que liderados en la cancha por el fulgor cuasilegendario de Cristiano Ronaldo, planean reafirmar un proyecto que ya dio frutos en Francia durante el verano de 2016, en parte gracias al trabajo de Fernando Santos en el banquillo y su capacidad para sacar el máximo a varios jugadores de largo currículo como Pepe, Moutinho, Quaresma y Nani. Además, la tropa del imperturbable técnico ibérico de seguro    se verá redondeada por la presencia de dos Silva: Bernardo y André, además de Gonzalo Guedes, Joao Cancelo y Renato  Sánches, perlas que pudieran mejorar aun más el rendimiento de su 11. 

Por su parte, los Leones del Atlas, sobrenombre de los marroquíes, regresan al mayor escenario balompédico luego de su última participación en el lejano 1998, y depositarán sus esperanzas en varios elementos notables como los defensas Mehdi Benatia y Nabil Dirar, Abdelaziz Barrada y el extremo Faysal Fajr en el medio, y Nordin Amrabat en la punta, todos pilares en el esquema del estratega Hervé Renard.

El equipo persa, que parte con la etiqueta de «cenicienta», repite presencia luego de quedar último del grupo F hace cuatro años en Brasil. Aunque esta vez la clasificación vuelve a presentárseles bien difícil, la aspiración principal de los regentados por Carlos Queiroz será al menos ganar su segundo partido mundialista, cosa que no consiguen desde hace dos décadas, cuando vencieron 2-1 a Estados Unidos en Francia 1998.

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