Grupo C: Historia acumulada

Desde el corazón del antiguo imperio inca, y con la misma fuerza en las piernas que los mensajeros chasqui, llegarán los peruanos a Rusia, decididos a probar que aunque alejados mucho tiempo de la fiesta, ahora también habrá que contar con ellos

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Para muchos, tres partidos en una Copa del Mundo podrían resultar suficientes, sobre todo para aquellos que nunca han alcanzado la fase final del torneo, o que simplemente llevan tanto tiempo sin jugarla que parecen haber olvidado que existe.

Sin embargo, llegado el momento, resulta demasiado difícil ser racional e imaginarse la real magnitud del reto. Ya en la cita, no suele quedar espacio para el sobrepensamiento, y es precisamente en esos momentos de que la euforia colectiva consigue lo que pocas cosas en la vida. Es de ahí de donde surgen, muy contadas veces, los milagros.

Tal vez ese mismo sentimiento sea lo único que eche a andar los corazones a partir en junio próximo, particularmente el de los integrantes de la llave C, cada uno de ellos con una historia particular que cuenta su relación con la bendita Copa.

Primero, con la etiqueta de favorita, aparece Francia, actual subcampeona de Europa y toda una máquina de fútbol capaz de encandilar con su talento a cualquiera que sea el oponente de turno.

Atrás ha quedado 1998, año del título conseguido en casa contra Brasil, y más lejanas aún están las trágicas eliminaciones de España 82’ o México 86’. Labrada parte de su historia por Fontaine, Platini, Zidane, ahora es el turno de Lloris, Griezmann, Pogba, Mbappé y Giroud, quienes acompañados desde la banda por Didier Deschamps, deberán demostrar de qué están hechos.

Desde el corazón del antiguo imperio inca, y con la misma fuerza en las piernas que los mensajeros chasqui, llegarán los peruanos a Rusia, decididos a probar que aunque alejados mucho tiempo de la fiesta, ahora también habrá que contar con ellos.

Pocas veces tuvieron sobre la cancha un líder como Guerrero, de nombre Paolo, gran símbolo para un grupo que también prestigian Yoshimar Yotún, Christian Cueva, Renato Tapia y Luis Advíncula, jugadores que no necesitan ser mediáticos para defender como pocos los colores de su bandera. Curiosamente, en su banquillo estará el argentino Ricardo Gareca, el villano que en 1986 anotó el gol que dejó fuera del torneo a los altiplánicos, y que esta vez, en una jugada del destino, se convirtió en héroe.

Luego estará Australia, que sumará su cuarta participación consecutiva, y lo hará con el claro objetivo de alcanzar por vez primera los cuartos de final, fase que rozaron en 2006 ante Italia, un gigante que solo pudo vencerles sobre la hora, con un penal anotado por Francesco Totti.   

De nuevo, el eterno Tim Cahill dará el grito de guerra de los soceroos, y será seguido de cerca por una marea amarilla encabezada por sus escuderors Mile Jedinak, Massimo Luongo, Mathew Leckie, Tom Rogic y Aaron Mooy, mientras que Graham Arnold hará las veces de general.

Cierra este singular grupo un once explosivo que ha  regalado momentos memorables, como aquella Eurocopa de 1992, a la que asistieron como última opción y que terminaron ganando sorpresivamente.

Hoy ya no están los hermanos Laudrup, el espectacular  Schmeichel, y tampoco Vilfort o Larsen, pero la Diamita Roja tiene en su lugar una nueva generación dorada a cargo del noruego Age Hareide, en la que el talento de Christian Eriksen, Simon Kjaer, Yussuf Poulsen y Pione Sisto ilusiona a todos los fanáticos de la más meridional de las naciones nórdicas.

 

 

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