El fútbol en tiempos de la cólera

El balompie cubano sigue sin sumar los talentos que juegan en el exterior

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Mucho ha llovido desde que la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) diera a conocer, en diferentes medios y plataformas de comunicación, su disposición de convocar a la selección nacional a aquellos atletas que jugaban en el extranjero fuera del amparo del Inder. No obstante, pasado todo este tiempo, luego de tales declaraciones, al día de hoy todavía no se han visto los primeros resultados.

En fechas recientes, la marea se agitó —y mucho— cuando un colega publicó una información acerca de un posible llamado para que Marcel Hernández, delantero del Cartaginés costarricense, se sumara a la tropa antillana de cara a la próxima fecha de la Liga de Naciones de Concacaf.

El capitalino, formado en el sistema deportivo de la Isla y contratado fuera de la política del Inder, es actualmente figura en su club, y sin lugar a dudas se perfila como uno de los mejores futbolistas que podrían defender el uniforme de los Leones del Caribe.

Tras la salida del referido trabajo periodístico, que contaba con las fuentes necesarias (incluido el agente de Marcel) para explicar la situación del goleador cubano, la AFC se tomó tres días para dar una escueta réplica.

En el texto de respuesta, que vio la luz en Jit, medio oficial del Inder, se expone que «sigue estando en manos del colectivo técnico del equipo, siempre y cuando la reincorporación de los futbolistas con ese estatus siga lo establecido en la estrategia de contratación de atletas en el exterior, aprobada desde hace varios años en el país».

Lo de la esperanzadora convocatoria de un futbolista se convirtió, con solo un par de párrafos, en una declaración que contradecía lo afirmado por la prensa nacional, interesada como es debido en la actualidad de un deporte que más allá del 11-0 a las Islas Turcas y Caicos, ahora mismo no se encuentra muy bien que digamos.

Resulta difícil de entender el hecho de que se siga una directiva, que si bien por un lado busca tener control de nuestros atletas contratados, falla en su intento de sumar talentos dispuestos a defender el uniforme de las cuatro letras.

Si queremos un ejemplo de los más felices, está el caso del balonmano, cuyos resultados se vieron en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla. Claro, que en el fondo la solución no debe ser tampoco la que en ese caso se tomó, y que implicaba que los deportistas jugaran el torneo nacional de la disciplina en orden de ser elegibles para el «Cuba».

Me resulta particularmente incomprensible que se le pida a Marcel, o a cualquiera de los otros que se desempeñan fuera —y que han salido del país de forma legal—, que jueguen la Liga cubana, cuando es rotundamente ilógica la necesidad de probarlos, para ver si rinden o no, en un evento de muy poca calidad, en el cual podrían sufrir lesiones que afecten sus futuros contratos como profesionales.

Imaginemos por un momento que en Argentina o Brasil, las respectivas federaciones se «plantaran» y exigieran a Messi o Neymar la participación en sus ligas para ser internacionales absolutos. Decir que es ridículo sería quedarse corto, más aún si se le suma la norma de que cualquier contrato «legal» fuera solo posible a través de la institución que rige al deporte en esas naciones.

Entonces, pueden sacarse un par de conclusiones. Primero, que más allá de la disposición, la AFC y el Inder no acaban de concretar un camino en sintonía con las realidades deportivas que se viven en el mundo entero; segundo, que como consecuencia de lo anterior, el fútbol cubano seguiría dependiendo solamente del talento local y desaprovechando la oportunidad de elevar el nivel cualitativo de una escuadra que la afición desea ver dando espectáculo.

Supongo que nos tocará entonces esperar y ver qué sucede, pero de antemano les digo, que para mí, cualquier esperanza es mucha.

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