El mundo por delante

Antes de cumplir la mayoría de edad, Milaimys Marín se presenta como el futuro de la lucha femenina

 

Autor:

Enio Echezábal Acosta

El 16 de marzo de 2001 nació en el capitalino barrio de Jesús María una muchacha que hoy, a sus 17 años, promete, como mínimo, un futuro brillante. Aunque su recorrido por el mundo del deporte comenzó por el voleibol, la partida de su entrenador se combinó con la insistencia de un «profe» de la lucha, para que ella comenzara a tirar sus primeros tackles. Hoy Milaymis Marín es campeona olímpica juvenil, y es posiblemente uno de los rostros más prometedores del deporte joven en la Isla.

Aún marcada por los Buenos Aires que respiró en la capital argentina, la monarca de los 73 kilos (aunque ella compita en los 76, peso del programa olímpico) accedió a compartir con este diario sobre sus recientes experiencias, su formación y el porvenir de su carrera como luchadora.

—La influencia de tus entrenadores en los buenos resultados es de mención casi obligatoria…

—El colectivo es muy bueno. Ellos hicieron que la preparación para los Juegos Olímpicos de la Juventud fuera perfecta en todos los sentidos. Sabíamos que era una competencia fuerte, y por eso trabajamos cada aspecto del combate: resistencia, fuerza y técnica con intensidad, pensando en que yo alcanzara mi mejor nivel en cada uno de ellos. Fue un gran sacrificio, pero valió la pena.

«A mi más reciente competencia fui con mi entrenador Iván Fundora, bronce olímpico, quien ha sabido aportarme todo su conocimiento y experiencia de tantos años como deportista de élite.

«De nuestro profe Puli (Filiberto Delgado), qué te puedo decir. Todo lo que toca lo hace oro. Logró ser el mejor con el masculino, y ahora está logrando grandes cosas con nosotras. Él nos exige mucho, y creo que de ahí es que salen las victorias que hemos obtenido».

—Con respecto al factor que más debes mejorar, no tienes dudas…

—Definitivamente, la resistencia, algo que me cuesta un poco. No soy demasiado buena corriendo, y eso influye todavía en mi intensidad sobre el colchón, y también en ese sentido del ataque constante que caracteriza a los luchadores cubanos. De cualquier forma, tampoco considero que haya que trabajar solamente en una sola cosa, pues no se debe descuidar ni un solo aspecto de la preparación si se quiere estar al máximo.

Son muchos los sacrificios que una joven atleta tiene que hacer, y ella lo sabe.

«El profesor Filiberto siempre dice que hay que valorar lo que se quiere y lo que se puede hacer en determinados momentos de tu vida, si uno quiere tener éxito en su carrera deportiva. Tenemos que cuidarnos el peso y la dieta, entrenar durísimo todos los días y acostarnos muy temprano, límites que a veces nos privan de disfrutar de una fiesta o de alguna comida que nos guste. No obstante, cuando vemos los resultados sentimos que nada de eso fue en vano, y decidimos seguir haciéndolo en busca del éxito».

—Los días en Buenos Aires no se te olvidarán jamás…

—Nosotros la pasamos de maravilla, muy cómodos, en una ciudad hermosa que nos hizo sentir como en casa, y en donde a pesar de la presión por la competencia, logramos mantenernos muy enfocados en el objetivo principal.

«Recuerdo que la noche antes de competir hablé con mis padres, y me fui a dormir pensando en cómo afrontar el día siguiente. Por suerte los nervios me dejaron descansar, y levantarme con mente positiva.

«Durante la jornada me enfrenté a cuatro combates clasificatorios antes de llegar a la final. Sin dudas el más difícil de todos, incluida la pelea por el título, fue el primero ante la japonesa Yuka Kagami. Por cosas del sorteo me tocó enfrentarme a ella, tal vez la mejor de la división, en ese momento, y cuando logré vencerla supe de alguna forma que lo peor había pasado».

—A pesar de la juventud, confiesas sentirte a gusto dentro del equipo nacional…

—La relación entre nosotras funciona de lo mejor. Tenemos un ambiente buenísimo, compartimos los mismos pensamientos, y tratamos de aprender de todas para ayudarnos.

—Si te preguntan por un compañero que te sirva de inspiración, el nombre viene sin demasiada reflexión…

—Mi patrón es «Calabaza» (Alejandro Valdés). Siempre trato de ver sus combates, porque es un atleta muy técnico y experimentado. He tenido la oportunidad de practicar con él, y siempre tengo presente sus consejos, sobre todo aquella vez que me habló sobre la importancia de nunca subestimar a los rivales.

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