La lucha, infalible

2018 ha sido un año espectacular para los gladiadores cubanos

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Frescas todavía en la memoria están las medallas —un título y una plata— del Campeonato Mundial sub-23 de lucha. Los resultados obtenidos en Bucarest, capital de Rumanía, apuntan a un futuro particularmente prometedor en torno a esta disciplina.

Ya en 2018, las buenas noticias habían comenzado con el cuarto lugar del estilo libre en la Copa del Mundo de la modalidad, y más recientemente en la cita del orbe de Budapest, el equipo nacional tuvo otro buen momento al finalizar en el duodécimo lugar, consecuencia de un título del librista Yowlys Bonne y sendos bronces a la cuenta del clásico Oscar Pino y sus colegas Alejandro Valdés, Franklin Marén y Lianna Montero, todos de la libre.

Juventud, talento y sobre todo muchísimas ganas de mejorar y mantener el nivel son algunos de los puntos que señalan el actual momento de un deporte que a lo largo de los años se ha consolidado tal vez como uno de los más estables del alto rendimiento en la Isla.

Aunque la pelota y el boxeo no admitan cuestionamiento alguno en torno a su reinado a nivel pasional e histórico en la Mayor de las Antillas, pocos tienen en cuenta que ha sido la lucha el único deporte que a partir de su despunte definitivo hacia la élite mundial, no ha dejado de aportar al menos una medalla de oro en citas olímpicas.

Fue en la gloriosa edición de Barcelona 92, cuando ocurrió la declaración definitiva de que sobre los colchones había que contar con los atletas antillanos. Héctor Milián se convirtió entonces nuestro primer campeón bajo los cinco aros.

En lo adelante, seguirían cosechando títulos a ese nivel Filiberto Azcuy (Atlanta 1996 y Sídney 2000), Yandro Quintana (Atenas 2004), Mijaín López (Beijing 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016) e Ismael Borrero, también hace dos años en tierra carioca. Hasta la fecha, llevamos 22 podios, con nueve medallas de oro, seis de plata y siete de bronce.

Por otra parte, también en los campeonatos mundiales ha habido mucho protagonismo cubano durante este período. Desde aquel bronce de Bárbaro Morgan en México 78, hasta el oro de Pedro Roque en Francia 87, han llegado no pocos metales de ese color, junto a varias decenas de subtítulos y terceros puestos. Hoy, en el medallero general de estas citas Cuba ostenta el décimo escaño general, gracias a sus 29 doradas, 27 subtítulos y 48 bronces, para un total de 104.

Para no quedarse atrás, la lucha femenina —de la mano de Filiberto Delgado— ha entrado en el panorama por todo lo alto, y ya tiene en su palmarés las coronas de Yudaris Sánchez y Milaymis Martínez, en el mundial sub-23 y las olimpiadas juveniles, respectivamente, así como varias preseas en diferentes categorías, que hacen pensar en un porvenir igualmente exitoso.

Aunque queda lluvia por caer de aquí hasta Tokio 2020, y aún más de cara al siguiente ciclo, la materia prima de los muchachos y la sapiencia de los entrenadores están ahí, disponibles para convertir el sudor del entrenamiento en metales que puedan colgarse al cuello algún día. Mientras, esperemos que la lucha siga sin fallar.

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