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Pedraza, un hombre terrible (II)

Tras el fracaso de la asonada golpista de febrero de 1941, su cabecilla José Eleuterio Pedraza fue obligado a abandonar el territorio nacional, pero pocas semanas después el presidente Batista autorizaba su retorno. Volvería a salir de Cuba tras el ascenso al poder del doctor Ramón Grau San Martín, en octubre de 1944. El hombre que en 1935, en virtud de la ley marcial, había puesto a los habaneros a dormir a las nueve de la noche, era
ridiculizado en una guaracha de moda que decía en una de sus partes: «Pedraza con tres estrellas / no pudo ser general»…

Asesinar al presidente

En la mañana del 16 de marzo de 1945 ingresaban en la Cabaña, en calidad de detenidos, el excoronel José Eleuterio Pedraza, varios exoficiales del Ejército y de la Policía Nacional y algunos civiles acusados de conspirar para el derrocamiento del Gobierno del presidente Grau. Dos semanas antes de su detención, Pedraza había llegado de México, por el cabo de San Antonio, y enviado emisarios a La Habana a fin de entrevistarse con altos oficiales de las Fuerzas Armadas.

La noticia de su presencia en Cuba se supo a través del general Abelardo Gómez Gómez, a quien el excomandante José Manuel Fajardo comunicó que Fredesvindo Bosque, negociante de máquinas tragamonedas buscado en Estados Unidos, quería verlo porque tenía para él un recado del excoronel Pedraza. Gómez, uno de los cuatro generales del Ejército cubano y el único de ellos que fuera ascendido por Batista y que había sobrevivido al cambio de Gobierno, expresó su extrañeza por el interés de Pedraza en su persona, pero dijo que si Bosque quería verlo, estaba dispuesto a recibirlo. Fajardo dijo que no, que fuera a visitarlo porque tenía escondido al conspirador. Entonces Gómez llevó al excomandante a presencia del mayor general Genovevo Pérez Dámera, jefe del Estado Mayor General, y Fajardo, angustiado por su situación, terminó reconociendo que él no era más que un mensajero.

De inmediato Genovevo se puso en contacto con el subsecretario de Defensa, y acompañado por este, Gómez Gómez, Fajardo y 30 números, se dirigió a la casa de Bosque, que fue rodeada aparatosamente y registrada. Genovevo llevó a Bosque a terrenos colindantes y, pistola en mano, amenazó con matarlo si no confesaba el escondite del jefe conspirador. Bosque no habló.

Eso ocurrió el 12 de marzo. Grau, enterado ya de la situación, salió a un viaje previsto a Isla de Pinos, pero regresó el mismo día. Pedraza contactó con el coronel Ruperto Cabrera, su pariente, y lo invitó a sumarse al complot. Cabrera se lo comunicó a Genovevo y Genovevo a Grau. El Presidente tomó juramento de lealtad a Cabrera y lo autorizó a entrevistarse con Pedraza.

Lo hicieron y Pedraza, luego de explicarle en detalle sus propósitos a Cabrera, le dijo, en presencia del teniente Epifanio Hernández Gil, que acompañaba al coronel, que Genovevo sería asesinado y los complotados se apoderarían de los mandos en la Ciudad Militar de Columbia. Añadió que de allí saldría un emisario que, con el pretexto de informar a Grau, asesinaría al mandatario. Reveló que Belisario Hernández, uno de los artífices de los palmacristazos y exayudante de Batista, ocuparía la jefatura de la Aviación, y Pilar García la de la Policía. El mismo Cabrera sería tal vez el escogido para dar muerte al Presidente.

La prensa incitó a la violencia

Las autoridades ignoraban la fecha exacta del golpe y temían ser sorprendidas. Por eso, decidieron adelantarse y arrestar al principal protagonista y a sus más cercanos colaboradores. Esa actuación anticipada impidió conocer el plan en su verdadera magnitud y la identidad de todos los involucrados. Un aparatoso dispositivo al mando de Gómez Gómez se orquestó para la captura de Pedraza en la finca Santa Rosalía, en San Antonio de las Vegas, en tanto que el jefe de la Policía Nacional, al frente de 30 perseguidoras, detenía a numerosos exoficiales del Ejército, y otro tanto hacía la Policía Secreta.

Ya en la finca, un sargento advirtió cierto movimiento en un montón de pencas secas. Apuntó hacia el sitio con su ametralladora y vio salir a Pedraza con una pistola que dejó caer al suelo. Un soldado que contemplaba la escena, asombrado de la mansedumbre del exjefe del Ejército, alertó a sus compañeros con el grito de «¡señores, aquí está el guapo!».

En declaraciones a la prensa el presidente Grau expresó que el detonante de la conspiración fue la campaña desatada por varios periodistas para dar inicio a la revuelta y violentar a las instituciones. Aludía así en primer término, sin mencionarlo, al periodista y senador liberal Ramón Vasconcelos, que se había destacado por sus ataques mordaces al Gobierno. Preguntado por el papel de Batista en los hechos, respondió que no tenía noticia alguna de ello, pero que tampoco la tenía en contrario. Batista, por su parte, desde San Francisco, California, desmintió cualquier implicación.

En opinión de analistas, sin embargo, los tres puntales del movimiento fueron Batista, Pedraza y Vasconcelos, quienes urdieron el cuartelazo durante un encuentro que sostuvieron en México. Batista fue partidario de esperar a que se creara una atmósfera propicia para el golpe, pero el excoronel consideró llegado el momento y salió para Cuba en una goleta que lo llevó hasta el cabo de San Antonio. El juicio de Pedraza y sus cómplices en el Tribunal de Urgencia concluyó el 13 de abril de 1945. Cuando se anunció la sentencia, comentó: «Yo creí que me iban a absolver». Lo condenaron a un año de privación de libertad. En verdad, pasó algo más de 21 meses en las prisiones de la Cabaña, pues debió responder por las otras ocho causas que tenía pendientes con la justicia, y en la que fue sistemáticamente absuelto o separado del proceso, entre esas en la que se le acusaba de la desaparición de un joven que nunca volvió a ser visto vivo ni muerto, y sobre el que se comentaba que, por orden de Pedraza, fue arrojado al mar con un lingote en los pies. El influyente tío de la víctima —ministro de Defensa del presidente Grau—, que pasó años culpando a Pedraza, no pudo reunir, llegado el caso, las pruebas necesarias para su condena.

Fue la suya una prisión cómoda. En la galera 8 disfrutaba de refrigerador, receptor de radio, muebles cómodos, una dieta variada, visitas y salidas a la calle y de todas las garantías que en sus tiempos negó a sus adversarios políticos. Salió limpio, sin que se le consignaran antecedentes penales.

No todo terminó con su prisión. Estando preso, Pedraza planificó otro golpe de Estado. Tendría lugar, aseveró la revista Bohemia, el 18 de noviembre de 1945 y su acción principal se centraba en eliminar a Grau cuando acudiera a presenciar el desfile que en homenaje a Máximo Gómez tendría lugar en la Cabaña. Uno o dos tanques abrirían fuego contra el mandatario y al mismo tiempo serían atacados los cuarteles del Regimiento 7, con sede en la vieja fortaleza, donde oficiales comprometidos asumirían el mando. Se ocuparían el Palacio Presidencial y otros edificios públicos y el poder quedaría en manos de Pedraza, quien desde la prisión, según Bohemia, habría ultimado todos los detalles e incluso había mandado a confeccionar el uniforme que, con grados de general, vestiría en la ocasión. Dijo Bohemia que el Gobierno tuvo conocimiento del plan y suspendió el desfile con el pretexto de la visita a Cuba del presidente de Chile. El desfile se trasladó para el 25 y Grau estuvo en la Cabaña. Visitó a los presos y conversó con Pedraza. El 27 el mayor general Genovevo Pérez, jefe del Estado Mayor, desmintió ese supuesto golpe. Pero Bohemia insistió en su veracidad. Nada ha podido comprobarse en un sentido o en otro.

El de Pedraza fue el primer intento de derrocamiento que sufrió el Gobierno de Ramón Grau San Martín. Las contradicciones, la escasez de pruebas por parte del Gobierno y los puntos que quedaron sin esclarecer en las investigaciones provocaron la desconfianza y el recelo de la opinión pública e hicieron que algunas publicaciones lo tiraran a broma. A lo que contribuyeron los sarcasmos de Ramón Vasconcelos, la llamada Pluma de Oro del periodismo cubano, que bautizó a la de Pedraza como la conspiración del cepillo de dientes, porque un inocuo adminículo de ese tipo fue de las pocas cosas que, tras su captura, se le incautaron al excoronel.

La próxima semana, en la tercera y última parte de esta serie, se abordarán los vínculos de Pedraza con la dictadura batistiana, su papel en la Legión Anticomunista del Caribe, orquestada por el sátrapa dominicano Rafael Leónidas Trujillo para derrocar a la Revolución Cubana, y su participación en La Rosa Blanca, la primera de las organizaciones anticubanas creadas en EE. UU.

(Continuará)

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