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El Festival Santiago Álvarez in Memóriam, punto de referencia latinoamericana

Prestigiosos intelectuales de la región opinan sobre el documental en la actualidad y la importancia del evento, que inicia este martes en Santiago de Cuba

Autor:

Frank Padrón

Desde hoy Santiago de Cuba acoge otro Santiago: este de apellido Álvarez, evocando al maestro de la documentalística cubana, quien preside honoríficamente con su obra fundacional un festival donde se compite en el género que aquel impulsara e innovara como nadie entre nosotros.

La nueva edición convoca, como siempre, a prestigiosos intelectuales que, en diversas funciones, comparten con el público que asiste regularmente a las salas donde se exhiben los filmes en competencia y las muestras especiales, o al evento teórico.

A varios de ellos nos acercamos para conocer sus puntos de vista en torno al documental en la actualidad y la importancia de este festival en más amplios contextos.

El destacado crítico e investigador brasileño Paulo Antonio Paranaguá (Arturo Ripstein, Mitologías latinoamericanas...) es uno de esos invitados que nos honran con su visita, doblemente, como quiera que es su país el invitado de honor este año.

Aunque algunos de los puntos sobre los cuales conversamos serán desarrollados mucho más ampliamente en su mesa (La subjetividad en el documental latinoamericano) quisimos, como suerte de aperitivo, abordarlos. Y él amablemente responde:

«Una serie de documentales de los últimos años están narrados en primera persona, sin que el cineasta pretenda hacer gala de neutralidad u objetividad, ni siquiera pasar desapercibido, como ocurría antes. Esas películas subjetivas no se limitan a enfocar el entorno íntimo del cineasta, sino que abordan problemáticas mucho más amplias. Algunos, como Um passaporte húngaro de la brasileña Sandra Kogut, rescatan la memoria del destierro de los refugiados judíos antes de la Segunda Guerra Mundial. Otros, como las películas argentinas Los rubios de Albertina Carri y M de Nicolás Prividera, hurgan en los años de plomo de la dictadura, con una mirada nueva, irreverente, que no coincide con la de los sobrevivientes, a pesar de que ambos cineastas son hijos de desaparecidos o muertos víctimas de los militares. En mi opinión, esa tendencia es la más estimulante del momento y la que aporta mayor invención dramatúrgica».

Respecto a la situación del género en Brasil y en América Latina opina: «El documental tiene que ser experimental, decía el brasileño Alberto Cavalcanti en 1948, en un texto magnífico, incluido en mi libro Cine documental en América Latina. Esa propuesta es aún más vigente hoy, cuando la televisión somete al público a un flujo de imágenes banales y propagandísticas».

El célebre investigador y catedrático Román Gubern (Historia del cine español, Los años rojos de Luis Buñuel...) repite en el Santiago Álvarez 2010. Fue tan provechosa (para él, y sobre todo para nosotros) su participación en la edición anterior, que no vaciló en hacer las maletas, a pesar de que ese equipaje es de los más móviles dentro de los estudiosos hispanohablantes del cine, por cuanto sus exposiciones son reclamadas en no pocos lugares del mundo.

Cuando se le pregunta su opinión sobre el evento, es terminante: «El Festival es un punto de referencia en la cultura cinematográfica de América Latina. La actual sobreoferta de cine documental, debido a la facilidad de producción con equipos digitales, obliga a una selectividad muy severa para elegir lo más representativo, incluyendo la producción marginal, periférica, experimental o transgresora».

Sobre la siempre polémica relación entre el documental y la ficción, agrega: «Desde sus orígenes ha existido un diálogo entre cine documental y cine de ficción. Ya algunos documentales de Lumière nacieron de una evidente puesta en escena por parte de sus operadores. Lo mismo hizo Flaherty. Y, desde el cine soviético clásico hasta el neorrealismo italiano, pasando por la Escuela de Nueva York, esta interacción se intensificó. Actualmente las cámaras digitales permiten registrar a un actor protagonista de un filme de ficción entre una multitud de figurantes que no saben que lo son. Nos admiró cuando lo hizo Godard con Belmondo en los Campos Elíseos de París en A bout de souffle. Hoy en día es lo más fácil del mundo. Pero se debiera superar este nivel anecdótico para hacer que los actores interactúen con la realidad cotidiana, más allá de lo prescrito en un guión elaborado en una oficina. Es decir, hibridizando ficción y realidad».

Por último, el mexicano Carlos Sánchez (director general de las empresas Cinematográfica Macondo, dedicadas a la distribución y comercialización de productos audiovisuales), quien funge como presidente del jurado de proyectos, responde cuando lo abordamos en torno a la distribución del documental latinoamericano en el mundo; él considera que «es casi imperceptible y su difusión internacional corresponde a momentos coyunturales, a veces trágicos, como son los casos del documental cubano durante la primera década de la Revolución o los referentes al golpe de Estado contra Allende en Chile. Así tenemos muchos ejemplos pasados.

«Actualmente la tecnología digital permite impulsar la producción y difusión de gran número de trabajos. Afortunadamente cada día se producen más y mejores documentales, sin embargo, no podemos decir que su divulgación sea óptima; aún es reducida su presencia a nivel mundial».

Sobre la ayuda de la TV en esta gestión reflexiona: «Ahora es fundamental para la difusión del documental; los canales estatales, culturales o educativos son su mejor medio de transmisión. Por suerte, en América Latina se están abriendo cada día más  estos canales que nos permitirán conocernos mejor.

«Lo deseable es que así como se ha creado Telesur, podamos tener nuestro canal de documental y de cine. No podemos esperar que los canales transmitidos desde Estados Unidos pongan nuestros documentales».

En relación con esa jugosa «zafra» que él emprende desde México, nos cuenta que «en Macondo como distribuidora y Zafra Video como sello de DVD, trabajamos para lograr la mayor difusión posible del documental, creemos que este es un buen momento para nuestros documentales, y el primer mercado que debemos desarrollar es el nuestro: Latinoamérica».

Y del festival, del cual ya va haciéndose adicto, dice convencido: «Ojalá cada país de nuestro continente tenga un evento como el Santiago Álvarez. Estos festivales son el punto de arranque para un documental, aquí empiezan a existir».

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