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Yo me sentí realmente muy abatido

René es uno de los personajes que más interés ha despertado en el público fiel de la telenovela El rostro de los días. Sobre cómo encaró el papel y cuáles son sus criterios acerca de la educación sexual de niños y jóvenes, conversó el actor Roberto Espinosa Sebazco con Juventud Rebelde

Autor:

Liudmila Peña Herrera

El 8 de agosto último, tras la repercusión de la escena donde el René acosador de la telenovela El rostro de los días abusó sexualmente de su hijastra Lía, el actor que lo encarna escribió en la red social Facebook un mensaje amplio que finalizaba de la siguiente manera:

«No queremos ni insultos ni ofensas de aquellos que no distinguen entre la profesionalidad y la comprensión, lo que buscamos es soluciones para detener este tema que, mientras exista, no se dejará de tratar en los medios de comunicación».

Hasta ese momento, los comentarios, los mensajes de los memes y las fabulaciones populares ya corrían de boca en boca; pero, luego de la publicación del texto, la afirmación de que el joven actor habanero había sido agredido ocupó incluso titulares en algunas páginas web, lo cual provocó encendidas defensas hacia el intérprete de René. Y, la verdad sea dicha: a Roberto Espinosa Sebazco nadie le ha puesto un dedo encima, como él mismo aseguró durante la entrevista que sostuvo con Juventud Rebelde a través de internet:

«Estoy en mi casa tranquilo, porque La Habana está en confinamiento y aún no salgo a la calle. No he recibido amenaza física alguna. Todo ha sido, más bien, a nivel cibernético. Y la gente es la que se ha manifestado en mi defensa, incluso cuando empezaron los chistes con el personaje. Lo que no me gusta es que se tomen los temas del acoso y la violación como objeto de bromas», aseguró Espinosa Sebazco y se refirió a la polémica sobre las fronteras entre la realidad y la ficción que no pocos confunden:

«El debate en las redes ha sido muy bueno porque, como muchos actores han explicado, algunos de ellos durante su carrera profesional sí han recibido agresiones físicas severas a causa de un personaje malvado. Y nosotros somos personas que, simplemente, ejercemos nuestra profesión. En ese sentido, creo que hay que educar más al público».

Aunque el joven de 28 años reconoce que no le tomó mucho tiempo encontrar el espíritu del personaje, su actuación denota no solo documentación sino también sensibilidad hacia el tema fundamental sobre el que giró la trama. El secreto radica en que, según confiesa, «tenía mucho de dónde agarrar, pues encontré numerosas referencias y modos de comportamiento sobre lo que significa ser un acosador, vago, chantajista y gente que vive del día a día. Eso no me costó trabajo».

—¿Te sentiste cómodo en ese papel? ¿Qué de ti decidiste incorporarle a René?

—Realmente trabajé mucho para acercarme a René como personaje, porque nuestra labor es hallar el punto central en el camino del personaje al actor y del actor hacia el personaje, y lograr ese encuentro. Como actor tenía que meterme dentro de él, encontrarlo y ponerle mis emociones, mis sentimientos porque, al fin y al cabo, soy yo el que lo representa.

«No lo asumí como un esquema de lo malo, sino como un ser humano con sus conflictos y luchas interiores. Eso fue lo que me atrapó y me hizo decidir encarnarlo».

—Dices que no te tomó mucho prepararte, ¿pero cuánto tiempo tuviste antes de comenzar el rodaje? ¿Cómo asumiste tu autopreparación?

—Tuvimos dos meses de ensayo, pero me ayudó que, aunque la novela se rodó durante un año, la historia de nosotros como familia se grabó en el último mes. Y cuando terminaba cada escena e iba a casa, me ponía en función de las próximas, para no regresar luego pensando en que podía haber quedado mejor.

—Si tuvieras la posibilidad de transformar algo de tu actuación, sobre todo en las escenas más duras, ¿qué le quitarías y qué le incorporarías?

—Realmente yo no vi escenas duras. Todo se dejó a la imaginación de las personas. Sinceramente, no quitaría nada. En cuanto al tema de la violación, siempre hay criterios diferentes en el público. Quienes asumieron la labor de edición y dirección lo hicieron perfecto, porque ha habido cambios y eso demuestra que no estábamos equivocados, y que la gente necesitaba conocer. Incluso, las personas afectadas con problemas similares se vieron reflejadas y tomaron cartas en el asunto respecto a su vida.

—¿Qué sucedió en tu entorno personal después de la escena de la violación?

—Después de la escena clímax, me sentí realmente muy abatido. Una cosa fue lo que yo grabé y otra muy diferente todo el montaje, la música, la secuencia de escenas. No lo niego: me abrumó. Es evidente que no se trata de un tema que abunde en los medios de comunicación y, claro, la reacción de muchos estuvo al instante, hacia el personaje, por supuesto.

«Automáticamente escribí el comunicado en mi perfil de Facebook, explicando y dando respuesta a los diferentes comentarios que había visto. Al momento muchas personas se sintieron identificadas y eso me puso muy contento porque entiendo que mi trabajo sirvió para que personas afectadas y otras que se desempeñan en instituciones donde estos asuntos les tocan de cerca, también compartieran sus experiencias».

—¿Por qué crees que a la familia cubana todavía le cueste brindar una educación sexual eficiente a las niñas y los niños?

—Lo que ocurre es que todavía no se pone el dedo sobre la llaga a causa de los tabúes y por aquello de «qué hace uno explicándole estas cosas a un hijo o una hija». Y es necesario hablarles con claridad, no solo porque les pueda pasar, sino porque el día de mañana a ellos les tocará estar en ese papel y deberán proteger a los suyos igual. Debería ser más común en nuestra sociedad dialogar acerca de estas cuestiones con toda la seriedad y toda la argumentación posible. Nos dimos cuenta de que algunos padres y madres no tienen mucha información sobre cómo se debe conversar y cómo se debe tocar este asunto o el de las enfermedades de transmisión sexual.

No es la primera vez que Espinosa Sebazco llama la atención del público en una telenovela cubana. Su papel de Pablo, en Vidas cruzadas, ya dejaba ver sus dotes histriónicas; aunque por la complejidad de la caracterización de René y lo verosímil de su actuación, este personaje le ha ganado el reconocimiento de los telespectadores.

No obstante, él sabe que su carrera aún necesita muchas pruebas como esta, por eso aguarda que, para el futuro, lo sorprendan todo tipo de personajes, «siempre que tengan riqueza sicológica y luchas internas. Nunca los encasillaré como buenos o malos, simplemente los tomaré como seres humanos con conflictos y que generen reflexiones, pensamientos».

Roberto no soñó ser actor desde su infancia. Todo parecía indicar que se convertiría en pintor debido a su gran fascinación por el dibujo y la pintura; pero la actuación lo enamoró casi al finalizar la secundaria básica, cuando comenzó a frecuentar la Casa de Cultura de Plaza, en Calzada y 8, y se unió al grupo de teatro Olga Alonso, dirigido por Humberto Rodríguez. Ese sería el punto de giro para su verdadera vocación, que seguiría enriqueciéndose en la Escuela Nacional de Arte, y luego en la Universidad de las Artes, de donde es graduado.

Su carrera artística apenas empieza a despuntar, mas es justo reconocer su quehacer en la compañía Teatro El Público, y en algunos telefilmes y películas cubanas como El viaje extraordinario de Celeste García, de Arturo Infante.

En la actualidad forma parte de Jazz Vilá Projects, la cual estrenará Vestuario o Maquillaje (VOM), una serie de ocho capítulos, a finales de septiembre en la página de Instagram de ese colectivo: @jazzvilaprojects.

«A causa de este confinamiento, muchos artistas no han podido hacer teatro. Por eso montamos esta obra para cada cubano con acceso a internet y que desee que nuestro arte llegue a su casa. Es una idea maravillosa que tuvo Jazz Vilá, quien convocó a varios invitados. Estoy seguro de que la gente lo agradecerá, porque está llena de humor», adelantó el actor, que espera poder retomar sus proyectos, luego de esta etapa tan dura, entre los que se encuentra un largometraje de ficción con coproducción japonesa.

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